Juan Manuel Sánchez Ramírez
  •   Managua, Nicaragua  |
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Recientemente leí cómo se celebraba el hecho de que Nicaragua ocupa el sexto puesto de 144 países en el mundo dentro del Informe Global de la Brecha de Género 2017, y que elabora anualmente el Foro Económico Mundial (FEM). En el año 2006 Nicaragua obtuvo un puntaje de 0.6566, y doce años después el puntaje es de 0.814. La metodología establece que el 0 es disparidad, y que el 1 es paridad. 

Este informe examina la brecha entre hombres y mujeres en cuatro categorías fundamentales: participación y oportunidad económica, logro educativo, salud y supervivencia y empoderamiento político. En 2006 Nicaragua alcanzó un puntaje de 0.994 en logros educativos, y en 2017 ese puntaje es de 1.000; en salud y supervivencia, el puntaje en 2006 era de 0.978, y en 2017 el puntaje es de 0.980; en empoderamiento político, el puntaje en 2006 era de 0.192, y en 2017 el puntaje es de 0.576; y finalmente en participación y oportunidades económicas, el puntaje en 2006 era de 0.463, y en 2017 el puntaje es de 0.702. 

El gran salto lo hemos dado principalmente en la brecha del pilar de empoderamiento político, cuando en el año 2012 se aprobaron las llamadas leyes 50-50 presentadas por el Poder Ejecutivo que buscaban la igualdad de género a todos los niveles del Estado. El avance en la participación económica ha sido más tímido. 

Que más mujeres accedan al mercado laboral, y que se garantice una verdadera igualdad salarial es el reto del diálogo público-privado. Ese 6to puesto, se retrocede hasta el puesto 115 cuando se evalúan la participación de la mujer en la fuerza laboral, y de hasta el puesto 111 cuando evalúan si en realidad en Nicaragua existe “igual salario por igual trabajo”. 

Es urgente que en Nicaragua se comience a implementar políticas de empleo, cuya prioridad sea aumentar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y avanzar en la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Para ello, se debe de mejorar la empleabilidad y la permanencia en el empleo de las mujeres, potenciando su nivel formativo y su adaptabilidad a los requerimientos del mercado de trabajo. 

A nivel mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que la disparidad de remuneración entre mujeres y hombres es del 22.9%, al ser en algunos países en un porcentaje reducido y en otros de hasta más del 40%. En Nicaragua, el último dato se puede leer en el informe sobre el mercado laboral con enfoque de género realizado por el PNUD en 2014, que establece que el ingreso real mensual de los hombres fue mayor en más del 30% que de las mujeres según datos del 2012. 

¿Cuándo se va a dar el siguiente gran salto? El sector público y el sector privado deben de saber que la igualdad es, además de correcta, un factor de competitividad. La igualdad de remuneración constituye esa herramienta importante, para que las empresas promuevan a las mujeres a las esferas de máxima responsabilidad. Un sistema de remuneración justo permitirá retener a los mejores profesionales, impulsar la participación femenina en la fuerza de trabajo, y forjar una imagen positiva de la empresa. 

Para ser más competitivos se debe apoyar decididamente un cambio en la cultura empresarial promoviendo la transparencia en las remuneraciones. El Ministerio de la Mujer y el Ministerio del Trabajo deben garantizar con mayor firmeza la existencia de esta igualdad, por ejemplo, deben proveer asistencia técnica a las empresas para la elaboración de planes de igualdad. 

Debería de crearse un premio o un sello de igualdad que les agregue valor a los negocios. Si no se ve no se corrige, y por ello sería válido contar con una encuesta nacional de salarios que facilite datos para evaluar periódicamente la igualdad en la remuneración. 

También es crucial ampliar el diálogo tripartito para que además del “salario mínimo” nos movamos hacia un método analítico de evaluación de los puestos de trabajo para determinar el valor numérico del puesto en función de una serie de criterios neutros, y cerciorarnos de que los puestos donde predominan mujeres no están infravalorados ni insuficientemente remunerados Ya es hora de que, en este país, hombres y mujeres, seamos verdaderamente iguales en el empleo.

* Abogado, especialista en Políticas Públicas para el Desarrollo.

www.juanmanuelsanchez.net