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Desde la Reforma de Córdoba de 1918, la función social de la Universidad se incorporó como uno de los cometidos principales de la Universidad Latinoamericana, más allá de sus funciones clásicas de docencia e investigación.

El concepto de “extensión universitaria”, que en un principio se refirió más que todo a la proyección del quehacer de la Universidad hacia su sociedad, fue luego evolucionando hasta convertirse en un proceso de comunicación de doble vía, entre la Universidad y su contexto social.

Hoy día, el tema de la responsabilidad social de las Universidades ocupa un lugar prominente en el debate internacional. En el caso de nuestra región, pensamos que la Universidad en América Latina tiene el deber histórico e ineludible de repensarse, de redefinir su misión en el momento actual, y asumir plenamente su responsabilidad social para lo cual necesita integrarse a su sociedad nacional y regional, y promover un diálogo constructivo con todos sus sectores, en que los interlocutores se respeten y enriquezcan mutuamente.

La Universidad debe orientar su quehacer inspirada en el paradigma, compendio del desarrollo humano sostenible, es decir, en un concepto de desarrollo concebido para nuestros propios países y realidades, nacionales y regionales, basado en nuestras propias fuerzas productivas y potencialidades humanas, por lo que debe ser endógeno, animado del propósito de ampliar las oportunidades de bienestar y de calidad de vida de nuestra gente, acorde con su dignidad humana y respetuoso de la naturaleza. Esto implica asumir un concepto de pertinencia social, es decir, estar consciente en que la relevancia de su trabajo será evaluado en función de su auténtico compromiso social y que este genere beneficios concretos a su sociedad nacional o regional, priorizando el empoderamiento de los sectores excluidos o marginales.

La Universidad deberá comprender que, en países como los nuestros, ella no puede sustraerse de la lucha contra la pobreza, la exclusión social, el desempleo, el analfabetismo y la superación de los grandes déficits que padecen nuestros pueblos en sus derechos humanos fundamentales como lo son el acceso a la salud y la educación. Esto debería conducirla a adoptar el modelo de “Investigación-Acción-Participación”, tal como lo propuso el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, de grata memoria.

Últimamente, ha surgido el concepto de “Responsabilidad Social Universitaria”, paralelo al de “Responsabilidad Social Empresarial”, que recientemente ha logrado carta de ciudadanía entre nuestros empresarios.

La Responsabilidad Social Universitaria trata de dar una resignificación a la función social y a las tradicionales tareas de Servicio Social Universitario, que por cierto representan una de las formas concretas de llevar a la realidad esa responsabilidad.

No existe ninguna tensión entre los programas de extensión universitaria y difusión cultural y la Responsabilidad Social Universitaria. De lo que se trata es de dar relevancia al componente ético del compromiso social. La Responsabilidad Social Universitaria contribuye a clarificar y fortalecer la relación Universidad-Sociedad.

Todas las funciones universitarias: gestión, docencia, investigación y extensión, cuando son ejercidas con una perspectiva ética y al servicio de todos los sectores de la sociedad, contribuyen a poner de manifiesto la Responsabilidad Social Universitaria, de la cual deben ser protagonistas todos los estamentos universitarios: directivos, administradores, docentes, investigadores, extensionistas y, principalmente, los estudiantes.