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No debemos exigir a Gioconda Belli precisiones históricas, pues no es proclive a ellas, sino a múltiples imprecisiones. Desde el primer párrafo de su autobiografía “El país bajo mi piel” (Barcelona, Plaza &Janés, 2001) cuenta que pocas horas antes de su nacimiento en 1948, su madre (¡una culta dama con vocación teatral y distinguida presencia!) se hallaba disfrutando una partida de beisbol en el Estadio General Somoza. Delante de este monumento de concreto —afirma— “se alzaba entonces una estatua ecuestre del dictador”. Pero no es cierto. Tal estatua se erigió seis años después. Inaugurada el 27 de mayo de 1954 —Día del Ejército—, la elaboró el artista italiano Carlo Corvi (1887-1967), “quien logró un fiel retrato del macizo dictador y un magnífico corcel neoclásico en bronce” —la valora Julio Valle-Castillo (Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, núm. 55, noviembre, 1987-enero,1988, p. 121). 

 Datos erráticos sobre Sandino

Tampoco se le puede pedir mucho a periodistas noveles —mujeres y varones— a quienes sus jefes encargan reportajes históricos basados únicamente en erráticos testimonios orales. Destacan entre ellos los del órgano semanal Magazine y Domingo del diario vecino, tradicionalmente “al servicio de la verdad y la justicia”. Todo en un nutrido volumen cabrían las pifias perpetradas en esas páginas si tuviera tiempo para elaborarlo. Una, aparecida recientemente, se la atribuyeron de un gran erudito amigo que remontó la existencia del partido bufo “Los Comesalteados” —que inventara Ramiro Tipitapa Cuadra, el hermano “ebrio y pendenciero” de Manolo— a la campaña electoral de 1957. Fue en 1962, antes de las elecciones del 63, cuyo ganador fue el candidato oficialista René Schick Gutiérrez. Así se documenta en la obra de Orlando Cuadra Downing: “Apodos y Pseudónimos Nicaragüenses” (Managua, Editorial Alemana, 1967, pp. 325-326).

De lo anterior se desprende que el historiador serio no puede confiar ciegamente en las fuentes orales. Yo me acuso de haber utilizado una de esas fuentes erráticas: “Las corazonadas de Paco Soriano”, anécdota inserta en el folleto “Guía de la XX Serie” (Managua, César Vivas y Salomón Barahona, 1972, p. 22). La escribió El Káiser, pseudónimo del cronista beisbolero Guillermo Segundo Uriarte. Figura dicha anécdota en mi investigación “El beisbol en Nicaragua / Rescate histórico y cultural: 1889-1948” (Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2008, p. 102). Es la siguiente.

Durante el gobierno de Emiliano Chamorro (1917-1920), con motivo de la celebración de la independencia de los Estados Unidos, el club de los “USMC” (United States Marine Corps) dispuso jugar un partido con el Águila, que gozaba de la protección gubernamental. Desarrollado durante las primeras horas de la mañana en el Campo de Marte, el club nativo perdía cinco a cero en las postrimerías del encuentro. Entonces Salvador El Zurdo Argüello, pícher del Águila, se acercó a Paco Soriano, pelotero del Bóer que se confundía entre la barra y le dijo: —Paco, entrá a jugar para que nos salvés del capote.

De inmediato, Soriano —vestido de nítida levita blanca y sombrero de paja— se despojó de sus prendas, se amarró los ruedos del pantalón y se enfundó la camisa del Águila, porfiado rival de su querido Bóer. El momento no era para pensar en rivalidades minúsculas, sino en el honor del deporte nacional. Al primer lanzamiento, Paco disparó una línea entre center y left, logrando que el embasado en segunda anotara con facilidad, pero él fue puesto out al llegar a tercera. El Zurdo, aproximándose a Soriano, le increpó fuertemente. Paco le respondió: —Me llamaste para salvarnos del capote. No para ganar el juego. Era el 4 de julio de 1919.

El Káiser recordó mal ese juego porque les ganamos a los interventores como jugadores de beisbol. En efecto, consultando una fuente escrita —me refiero al veterano diario capitalino El Comercio del 6 de julio de 1919—, los resultados fueron los siguientes, según la crónica titulada “Las festividades del 4”: “La partida fue muy interesante. Triunfó el Águila por 7 carreras a 0. Es decir, fue capote para los marinos. Asistieron el señor presidente [Emiliano Chamorro], su señoría ilustrísima monseñor [José Antonio] Lezcano y numerosa concurrencia de damas y caballeros. Se adjudicaron los premios ofrecidos. Cincuenta córdobas correspondieron al Águila y treinta a los marinos. En la partida se distinguieron el pícher Cardoza del Águila. No permitió a ningún contrario embasarse en tercera. También jugó bien el short-stop Pedro Sosa. Los americanos cambiaron pícher. El segundo jugó mejor.”