Gloria Teresa Cortés Téllez
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Al habérsele restringido a la mujer su ámbito de acción, históricamente circunscrito al hogar se limitó su participación hacia afuera del mismo, la creatividad femenina no podía ser ejercitada en lo científico, en producción económica, en potenciar sus capacidades, de pertenecer a la sociedad y no solo a la familia, a tener seguridad económica, al ejercicio de libertad, debido a falta de acceso a la educación profesional, con debilidad, dependencia, rutina, negación de sí misma, los cautiverios en que se forma y se le compele a actuar y vivir como seres para otros; sin embargo esto ha venido cambiando, en unos países más rápido que en otros. 

En Nicaragua es común ver a la mujer incursionando en las diferentes actividades económicas, políticas y sociales y aun con  dificultades se practican políticas de género en las instituciones  públicas y también en la empresa privada se observa ese interés, a pesar de que en estas se viene impulsando de forma “voluntaria” y se cumplen en la medida que la empresa socialmente responsable desarrolla estrategias de cumplimiento, haciendo posible que los derechos humanos cobren vida en el funcionamiento de la empresa, mediante creación de políticas de género. 

En el siglo XXI, la llamada Responsabilidad Social Empresarial (RSE) está vinculada con la discusión sobre el derecho al desarrollo, considerado como un derecho humano de la tercera generación, interconectado con elementos de carácter social, económico y ambiental. 

Las concepciones surgidas de la abundante información reinante y de diferentes foros, como la “Declaración del derecho al Desarrollo” de la Asamblea General de las Naciones Unidas (resolución Nº 41/128, 04/12/1986, pasando por la cumbre de Río 1992 que establecen acciones para impulsar “el desarrollo sostenible” de gran impacto para la rentabilidad de las empresas, la conferencia Internacional sobre “población y desarrollo”(El Cairo 1994), con énfasis en los derechos de sectores desprotegidos, incluyéndose a la mujer, así como la cumbre mundial sobre “Desarrollo Social” (Copenhague1995) que establece estrategias de producción, de generación de empleos e ingresos dirigidos a la población rural pobre y a personas que viven en ecosistemas frágiles, por cuanto el tema del desarrollo es inseparable del entorno, ergo para atacar la pobreza urbana y rural proponen ampliar y mejorar el acceso a  una serie de bienes y servicios garantizando tanto hombres como a mujeres, acceso al crédito, agua, energía, comunicaciones, etc., redimensionando el concepto de RSE hacia buenas prácticas para obtener el desarrollo sostenible, lucha contra la pobreza, actuar transparente, comprometido socioeconómicamente, con inversión social responsable, mejorar las condiciones de vida rural para desalentar la migración hacia la ciudad; mejorar el acceso a los mercados; proteger los derechos tradicionales a la tierra y a los recursos naturales, es decir, todo lo social-económico  impulsado desde el Estado, ahora asumidos por los empresarios, convencidos de que tal contribución, activa y voluntaria, mejorará el entorno social y con ello optimizarán la situación competitiva de la empresa y mejorará sus posibilidades para ser certificada brindando mayores posibilidades de comercialización de sus productos especialmente de exportación. 

También han impactado en el contenido y visión de la RSE. “La Cumbre Mundial sobre alimentación FAO, Roma 1996, sobre seguridad alimentaria; asímismo el Protocolo de Kyoto de la Convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático 1998 en el que se establece la necesidad de que los países desarrollados disminuyan las emanaciones de gases que perjudican la capa de ozono. Los científicos consideran que dicha capa comenzará a recuperarse si se siguen las recomendaciones, caso contrario habrá falta de alimentos para hombres y mujeres, quienes saldrán perjudicados como consecuencia del calentamiento global, siendo un hecho perjudicial para la actividad empresarial. 

Pero no ha causado el mismo impacto en el rediseño de la RSE la Cuarta conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing del 4 al 15 de septiembre de 1995, podría decirse que no ha impactado aún la existencia de la mujer como sujeto que amerite ser estudiado de forma especial y particular, sino solo implícitamente en cada una de las variables de esa nueva visión, pero manteniendo criterios androcéntricos, a pesar de algunas menciones tangenciales que reconocen la importancia del tema pero sin entrar a analizarlo con acuciosidad y si bien la ideología patriarcal cede terreno, se requiere dar pasos hacia un nuevo ideal de desarrollo que permita a las mujeres empresarias o trabajadoras, no ser discriminadas de sus derechos como tales, en igualdad de condiciones que los hombres.