Augusto Zamora R.*
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Fue el mayor divulgador científico de las últimas décadas e investigador esencial del origen del Universo, es decir, de todo lo existente, incluyendo a los seres vivos.

Dedicó el grueso de sus investigaciones a los agujeros negros, esos restos fríos de estrellas gigantescas, tan densos y compactos que ni la luz puede escapar de ellos.

Si ni la luz escapaba, nada podía escapar de la fuerza gravitatoria de un agujero negro. Nada, hasta que Hawking, en 1974, demostró que los agujeros negros no eran “tan negros”. En agujeros negros supermasivos podía escapar la radiación.

En otras palabras, esos agujeros podían perder materia. Incluso podían desaparecer. Esta tesis revolucionó la física, situando a Hawking en el Olimpo de los grandes científicos. 

En 1988 publicó su “Breve Historia del Tiempo”, libro que fue Best Seller mundial, al explicar, en términos asequibles, el origen del Universo, del Big Bang al presente. 

Hawking sostenía que la ciencia hacía innecesaria la existencia de Dios. “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada”.

Preguntado sobre qué existía antes del Big Bang, Hawking respondía que nada. El espacio-tiempo había surgido con el Big Bang. Antes del estallido, nada.

Pese a su ateísmo, Hawking fue asiduo de el Vaticano, que lamentó su muerte. Como la paradoja cuántica del gato de Schrödinger. Encerrado en una caja completamente opaca, el gato está vivo y muerto. Al mismo tiempo.

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