Jorge Eduardo Arellano
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Nos mueve a escribir este artículo el hecho que, en general, los medios de comunicación no dieron, en nuestra opinión, toda la importancia que merecía el “Mensaje de Navidad de la Conferencia Episcopal de Nicaragua”, hecho público el día seis del presente mes.

Estimamos que el texto del mensaje, con palabras sencillas, es un análisis muy lúcido de la problemática actual que vive el pueblo de Nicaragua. Podemos no estar totalmente de acuerdo con algunas de sus consideraciones, pero no dudamos que los Ilustrísimos señores Obispos han sabido poner el dedo en la llaga de las principales limitaciones que afectan actualmente a nuestro pueblo, así como también señalan, con toda claridad, los nubarrones que están enturbiando el panorama político del país y que, de no superarse por la vía pacífica y civilizada del diálogo, podrían transformarse, si es que no lo son ya, en fuentes de profundos conflictos, susceptibles otra vez de dividir a la familia nicaragüense.

Los principales aspectos de la realidad nacional, abordados por el Mensaje, se inician, como era de esperarse, con un agradecimiento a los países amigos por la solidaridad manifestada, una vez más con nuestro pueblo, en ocasión de la tragedia que vivieron nuestros hermanos de la Región Norte de nuestra Costa Atlántica por los efectos del huracán “Félix”. Señalan la necesidad de fortalecer nuestra capacidad para prever y enfrentar estos fenómenos, así como las inquietudes surgidas en torno a la distribución de las ayudas recibidas y la utilización, “como criterios para su distribución, de la filiación a una determinada línea política”. Efectivamente, grupos de damnificados viajaron a Managua, en su oportunidad, para denunciar esa deplorable actitud, que no cabe en circunstancias de desgracia colectiva. Aboga el mensaje por la prioridad que el pueblo y gobierno deben dar “a los hermanos afectados por el huracán Félix, en su largo proceso de reconstrucción”. Ojalá nuestro Presidente de la República siguiera este consejo de los señores Obispos, al momento de sus intervenciones en los foros internacionales.

Comparte el mensaje la preocupación generalizada por el reciente y acelerado “incremento de los precios de la canasta básica, la crisis energética, el alza del combustible, la poca oportunidad de empleo estable y los endeudamientos”. El medioambiente mereció también la atención de los Señores Obispos, quienes celebran “la escucha que se ha dado al sector social preocupado por el medioambiente”, pero les angustia que “gran parte de nuestra población carezca de agua potable durante buena parte del año y en algunos lugares de Nicaragua estén ingiriendo agua contaminada con arsénico”. Esto último merecería una investigación a fondo de parte de las autoridades del Ministerio de Salud, así como las medidas necesarias para evitar el progresivo envenenamiento de sectores de nuestra población.

Afirma el Mensaje que no sólo hay que ver el efecto positivo de las remesas que envían nuestros compatriotas que se han visto obligados a emigrar a otros países, sino que es más importante ver las causas del fenómeno de la emigración, entre las cuales se señalan “el alto índice de pobreza, incertidumbre del futuro en el país, insatisfacción de las necesidades básicas, asimetría en los salarios, el descenso en la inversión privada y la falta de oportunidad laboral”. El Mensaje también describe todas las penalidades y abusos a que están expuestos los emigrantes, incluyendo la desintegración familiar y el desarraigo, así como lo que significa para Nicaragua la pérdida de su capital humano.

Celebra el Mensaje el interés por hacer realidad la gratuidad de la educación ofrecida por el Estado, tal como lo prescribe nuestra Constitución Política, pero expresan su preocupación por “una posible parcialización en el pensum académico”, los abusos de menores dados en algunos centros educativos, el bajo nivel en la enseñanza media y superior y las pocas perspectivas laborales para quienes egresan de la educación formal. Abogan, con razón, por un trato equitativo en cuanto a las subvenciones que el Estado viene otorgando al sector educativo privado, complemento indispensable del sector público y, en especial, señalan “el largo estancamiento en la subvención para los centros educativos parroquiales”, con consecuencias perjudiciales para los maestros que laboran en dichas escuelas y los niños que asisten a ellas. Asimismo, con gran objetividad, el Mensaje saluda los logros en el sector de la salud y la mejor atención a los problemas epidemiológicos, lo que no ha impedido que siga creciendo el número de infectados por el VIH-SIDA. Sin duda, en este aspecto, la introducción en el sistema educativo de la educación de la sexualidad responsable, impregnada de valores éticos, contribuiría a combatir ese crecimiento.

Los últimos aspectos del Mensaje que por razones de espacio nos permitiremos comentar, se refieren a la problemática política y a la desconfianza que hay en la sociedad en torno al poder judicial, donde, en algunos casos, según el Mensaje, “se ha dado espacio a la duda por los giros bruscos y posible manipulación partidaria”. Las últimas actuaciones de la Corte de Apelaciones de Managua y de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, avalan esta apreciación del Mensaje.

Tras calificar como positivo el mayor control al tráfico de estupefacientes, en el aspecto político, el Mensaje da gracias al Señor “por la madurez política que nuestro pueblo va alcanzando, dejando atrás la violencia como expresión fanática de su inconformidades”. Sin embargo, los Señores Obispos no omitieron advertir su preocupación por “la crisis institucional que ha surgido en torno a la instalación de los “consejos de participación ciudadana”, lo que causa inquietud en la población; las consecuencias económicas que nos podrían venir por la línea política internacional que se está llevando, la inestabilidad en el cambio frecuente del personal estatal, la poca tolerancia en algunas instancias gubernamentales y en los partidos políticos para aceptar críticas y posturas distintas, el lenguaje duro utilizado contra quienes desisten de un partido llamándoseles “traidores”, la intranquilidad de nuestro pueblo por la demora en el cumplimiento de las promesas”.

Con la convicción que el próximo inicio de un nuevo año debería ser ocasión propicia para que quienes nos gobiernan y la clase política reflexionen con madurez y patriotismo sobre el futuro que queremos para nuestro país, recomendamos a los principales actores de nuestra sociedad la lectura detenida del Mensaje de los Señores Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.