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Jesucristo dijo: “El que crea y sea bautizado, obtendrá la salvación; pero el que no crea, se condenará.” (Marcos 16:16). La Constitución Dogmática de la Iglesia Católica, “Lumen Gentium”, en el No. 14, dice: “Cristo, presente para nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, es el único mediador y la única forma de salvación. En términos explícitos, él mismo afirmó la necesidad de la fe y el bautismo y, por lo tanto, afirmó la necesidad de la Iglesia, porque a través del bautismo, a través de esa puerta, los hombres entran a la Iglesia. Por lo tanto, quien sabiendo que la Iglesia Católica fue hecha necesaria por Cristo, se niegue a entrar o permanecer en ella, no podría ser salvado.” 

Lo anterior pudiera llevarnos a la conclusión equivocada de que solo los bautizados, y que permanecen en la Iglesia, pueden salvarse. Pero, claramente lo anterior se refiere a los que “sabiendo” se “niegan”. Jesús se refiere a creer en Él y no rechazarlo, pero ¡una vez conocido!, porque no se puede rechazar a quien no se ha conocido. Dios, que es bondad infinita, no niega la salvación a quien no hace algo “porque no sabe”. Saber no significa solo haber oído o conocer superficialmente, sino conocer bien y entender correctamente. Muchos no conocen de verdad a Cristo, a veces por culpa nuestra y no de ellos, porque no siempre evangelizamos bien.

Ser debidamente evangelizado no es haber recibido solo el catecismo de niños y conocer superficialmente unas pocas cosas de Jesús y la Iglesia. Muchos bautizados hoy no creen o se alejan, porque no les enseñamos bien nuestra doctrina, o les hemos enseñado algunos errores que no son la verdadera doctrina. Hay quienes no creen en Dios porque lo presentamos mal, como terrible, castigador, implacable, vengativo, etc.; y no como el verdadero Dios, padre de amor y misericordia. Se alejan de la Iglesia porque la presentamos como una institución represiva que impone leyes y obligaciones, y no como una comunidad de amor. El bautismo en la Iglesia es necesario para poder salvarse quienes han sido adecuadamente evangelizados y comprenden su necesidad; no paro aquellos que no han sido evangelizados, o que han sido evangelizados mal, que no conocen realmente al verdadero Dios, a Cristo y a su Iglesia, sin culpa. Si estas personas hacen lo bueno según su conciencia, pueden salvarse. 

La salvación que viene de Cristo efectivamente nos llega por la Iglesia. ¡Dichosos los miembros de la Iglesia por tener la plenitud de los medios de salvación! Pero Cristo reconoce en otras personas, distintas formas de vincularse con la Iglesia y el bautismo y no quedar excluidos de la salvación. La “Lumen Gentium” en el No. 16 dice: “Los que sin culpa no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios sinceramente e intentan, con ayuda de la gracia, hacer su voluntad, según les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.” Además, agrega: “La Divina Providencia no les niega la ayuda necesaria para la salvación a aquellos que, sin culpa de su parte, aún no han llegado a un conocimiento explícito de Dios, pero, con su gracia, se esfuerzan por vivir una vida de bien.” Esas personas están vinculadas a la Iglesia por medio del Espíritu Santo, porque si hubiesen sido “bien evangelizadas”, hubieran creído y se hubieran bautizado. (Catecismo 846-848 y 1257-1261).

En la Sagrada Biblia leemos: “(Los que sin conocer la ley) hacen por naturaleza lo que la ley manda, ellos mismos son su propia ley, pues muestran por su conducta que llevan la ley escrita en el corazón. Su propia conciencia lo comprueba, y sus propios pensamientos los acusarán o los defenderán el día en que Dios juzgará los secretos de todos por medio de Cristo Jesús, conforme al Evangelio que yo anuncio.” (Romanos 2:14-16). Pero hay que evangelizar siempre, porque si no, por nuestra culpa, muchos están perdiéndose de los preciosos tesoros de la Iglesia; por ejemplo: la lluvia de gracias, bendiciones y felicidad que les darían los sacramentos; el poder de la Palabra de Dios; la dicha de tener “donde sostenerse” en los momentos difíciles de su vida, etcétera. 

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