Miguel De Castilla Urbina
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

En artículo reciente sobre la Internacionalización de la Universidad Nicaragüense (END-08-02-18), al observar la creciente complejidad de esta, en el contexto actual de múltiples y variadas exigencias, determinaciones e influencias, reflexionábamos sobre la necesidad de crear en Nicaragua un instituto o centro de estudios sobre la universidad, el que a través de la realización de diferentes programas de investigación, fueran poco a poco   desentrañando y trayendo claridad a la intrincada madeja de relaciones de todo tipo, que conforman, hoy por hoy, la educación superior y la institución universitaria en nuestro país.

Un centro de estudios, decíamos, que diera cuenta sobre la universidad nicaragüense en la actualidad, “sus antecedentes, sus referentes conceptuales, sus modelos académicos, su organización, sus relaciones y sus productos, que permitan identificar y caracterizar a la universidad de hoy en nuestro país, a fin de saber qué productos encargarles, tanto en términos particulares de las empresas e instituciones públicas y privadas, como a nivel de la sociedad en general, y para prever el futuro y hacer que la educación superior en general y la universidad en particular puedan convertirse de manera ordenada, en verdaderas palancas científicas y académicas para el desarrollo del país”.

Con el paso de los días, a través de diferentes vías y por las circunstancias de nuestro trabajo, hemos conversado con colegas universitarios sobre este aspecto y, han aflorado un amplio conjunto de temas, interrogantes e hipótesis  de lo que podría ser el contenido de trabajo de un instituto de esta naturaleza, todos empapados de una misma y única preocupación: la juventud nicaragüense y su destino. 

Preocupa a los profesores universitarios, el contenido de lo que se enseña y se aprende. Se discute por ejemplo, que la universidad no solo enseñe a los estudiantes los saberes necesarios para su desempeño futuro en sus puestos de trabajo, sino que, también, la universidad les enseñe a aprender  y a desaprender y a seguir aprendiendo siempre, de cara a su educación permanente y para toda la vida, y que les enseñe valores de ciudadanía, en especial  solidaridad, respeto y fomento a todas las formas de una cultura de paz y convivencia sana entre los seres humanos.

Pero, también les preocupa los niveles de correspondencia entre las  carreras que los estudiantes estudian en la universidad en la actualidad y su futuro laboral. Este es un tema central de toda centralidad de todo programa de estudios sobre la universidad. Urge hacer claridad sobre muchas carreras que se multiplican una y otra vez en sedes universitarias centrales y filiales departamentales y municipales, y su relación con el mundo del trabajo. Urge hacer claridad entre el tipo de estudios que realizaron los graduados universitarios en el reciente pasado y las exigencias de los puestos de trabajo, donde se desempeñan en la actualidad.

Institucionalmente, fuera de las universidades, en Nicaragua existen dos instituciones, como son el CNU  y  el CNEA,  que entre sus funciones tienen como tarea velar por la calidad de la educación universitaria, no obstante la función de investigación y estudio de la universidad, al menos explícitamente, no aparece entre las tareas asignadas a estas instituciones. 

En Nicaragua, la ausencia de tradición investigativa en este campo y la falta de recursos financieros, hacen de esta empresa casi un imposible. No obstante esa explicación no responde ni soluciona la necesidad de respuestas a todas las interrogantes que cruzan hoy a la calidad de la universidad nicaragüense. El problema, o los problemas y las interrogantes, siguen ahí intactos. Multiplicándose, reproduciéndose, tornándose legítimos y cobrando autonomía, como que si lo que sucede en la realidad fuese lo normal, fuese lo lógico y lo correcto.

Recientemente, el 18 de enero pasado, publiqué un artículo en El Nuevo Diario con el título de “La universidad neoliberal en Nicaragua”. Identificar los años de origen y el contexto en que se inició este modelo de universidad fue (y es ) relativamente fácil, quien no recuerda acaso en qué años comenzó la política gubernamental, que para estudiar en las escuelas públicas había que pagar en Nicaragua; pero descubrir y determinar las etapas del proceso cómo fue construido este modelo en el ámbito universitario, a través de casi treinta años, es tarea difícil y compleja, igual que es difícil organizar por niveles, según tipo de universidades, la estructura de relaciones del modelo en la actualidad. Por ello y para ello es que se necesita investigar y estudiar a fondo, el mar de informaciones que se generan a diario en todo el país en el interior del modelo mencionado, antes que se desborde y se torne ingobernable. La juventud nicaragüense lo reclama.