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El 1 de marzo de 1983, hace treinta y cinco años se publicó un documento, cuyo título es: “Fines, objetivos y principios de la nueva educación”. Su portada de color rojo y del tamaño que cabe en el bolsillo de una camisa, contiene dos fines, doce objetivos y doce principios sobre la educación que querían para Nicaragua, cerca de cincuenta mil personas consultadas, en un proceso de participación nacional inédito, que duraría dos años, desde 1981. El pueblo fue protagonista, mediante treinta organizaciones representativas de distintos  sectores, en responder a un vasto formulario de 55 preguntas propuestas por el Ministerio de Educación, que definiría las políticas educativas, para “formar plena e integralmente la personalidad del hombre nuevo”. La voluntad política del gobierno sandinista no solo avaló su promulgación, sino también, se incluyó en la nueva Constitución Política de 1987. 

En Nicaragua tenemos muy buenas prácticas sobre procesos de consulta a los ciudadanos, que debemos retomar para fortalecer nuestra paz, democracia e identidad nacional. Según los resultados de la Consulta Nacional, se estableció que los fines serían orientados a cualidades y valores que conformarían el hombre nuevo nicaragüense como las siguientes: 

a) En lo político: Patriota, revolucionario, solidario y comprometido con los intereses de los obreros y campesinos, en particular, y con las amplias masas de trabajadores que conforman nuestro pueblo, en general; antiimperialista, internacionalista, contrario a toda forma de explotación proveniente de factores internos y externos, contrario al racismo, la discriminación y la opresión; promotor de la unidad de la nación alrededor de nuestras clases trabajadoras, de los obreros y campesinos por la soberanía nacional, el progreso social, la justicia, la libertad, la distensión y la paz en la región y el mundo. 

b) En lo social y moral: Responsable, disciplinado, creativo, cooperador, trabajador y eficiente, de elevados principios morales, cívicos y espirituales; dotado de la capacidad de autocrítica; de una visión científica del mundo y la sociedad; de la disposición para la apreciación estética y la expresión artística; que reconozca y valore la dignidad del trabajo manual del intelectual; compenetrado de la importancia de la conservación, defensa y mejoramiento del ambiente y la calidad de la vida; respetuoso, humanitario, libre, honesto, veraz, sincero, fraterno, modesto, abnegado, objetivo, que comprenda que el interés individual debe coincidir con el interés social y nacional, que desarrolle un alto espíritu de sacrificio, abnegación para defender la patria y la Revolución”.

En este momento en que se hace una consulta en la Asamblea Nacional sobre los valores que practicamos los nicaragüenses y su debida legislación, es importante reconocer y atender que en las decisiones que se tomen, la educación no puede estar ausente, particularmente, los docentes que somos quienes intervenimos y transmitimos valores en nuestro desempeño profesional con los estudiantes y sus familias. La complejidad de la tarea educativa conlleva la ausencia de competencia pedagógica  del docente para educar en valores y además hay que conocer qué cualidades y valores conforman el hombre y mujer nuevo/a nicaragüense, para concretar los fines, objetivos y principios de la nueva educación en las tendencias de los desafíos actuales respecto a las tecnologías de información y las comunicaciones, las migraciones, la interculturalidad, el desempleo o empleo informal, el cambio climático,  la intolerancia de género, racial, política y religiosa, entre otros. 

De la Consulta Nacional sobre los fines, objetivos y principios de la nueva educación, es relevante tener como lecciones aprendidas: I) favorecer la participación con el establecimiento de diálogos, negociación y consensos; en respeto de la diferencias de pensamiento e intereses; en responsabilidad del bien común; en educación en y para la libertad, y, II) favorecer el trabajo cooperativo, que permita aprender en y para la comunidad; en intercambio de saberes; en desarrollo de empatías; en conversaciones para coordinar acciones; y en persuasión con la argumentación adecuada. 

* El autor es consultor en educación.

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