Augusto Zamora R.*
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Una isla de plástico que flota entre California y Hawái tiene un tamaño superior al de España, Francia y Alemania juntas, es decir, 1,600,000 kilómetros cuadrados.

El mar Caribe tiene una extensión de 2,700,000 km2, similar a la del mar Mediterráneo, de 2.7 millones de km2. Imaginemos esos mares laminados de plástico.

La ‘isla’ tiene una profundidad de diez metros, como un edificio de tres pisos. Si nadie lo remedia, una vida de centenares o miles de años, en crecimiento permanente.

No es la única. Hay otras cinco ‘islas’ distribuidas a lo largo y ancho de los océanos, pues no hay un solo país, uno, que no contribuya a su creación y expansión.

Entre Guatemala y Honduras hay formada una ‘isla’ de plásticos, que es ya el mayor problema medioambiental de esos países, sin que ninguno haga nada, salvo protestar.

Juntadas en un punto inmenso por las corrientes marinas, es como si el planeta señalara, con esas ‘islas’, la magnitud de la destrucción medioambiental que estamos provocando.

Ciertamente, las responsabilidades no son iguales. EE. UU. y Europa consumen el 70% del plástico mundial, pero China, Indonesia y Filipinas son campeones en vertidos.

Si nada cambia, para 2050 habrá en los océanos más basura que peces, es decir, más muerte que vida. Ya hay más partículas de plásticos que fitoplancton en los mares.

El humanocentrismo nos presenta como culmen de la evolución. Error de apreciación. Somos el ébola del planeta. Ébola puro.

az.sinveniracuento@gmail.com