Juan Manuel Sánchez Ramírez
  •   Managua, Nicaragua  |
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Las empresas en Nicaragua, al igual que en el resto del mundo demandan que los jóvenes que ingresan al mercado laboral posean cada vez más habilidades laborales genéricas y competencias socioemocionales tales como una adecuada redacción que cuide del buen uso de la gramática y ortografía, que tengan análisis de prioridad, que posean criterio lógico y sentido común y sean capaces de adaptarse a las nuevas tecnologías y manejo básico de programas de computación.

Lo anterior fue resultado de un estudio del año 2013 realizado por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social y la Asociación de Ejecutivos de Recursos Humanos de Nicaragua. A cinco años de ese estudio cabe la pregunta de que si ¿son empleables nuestros jóvenes al salir de las universidades?

Para ayudarnos a responder esta pregunta se realizó una investigación con el apoyo de estudiantes de segundo año de la carrera de Economía Aplicada de la Universidad Centroamericana, a finales del 2017, con 255 estudiantes de un universo de 968 de dicha universidad, en su mayoría de cuarto año, donde el 49.02% fueron mujeres, y con una edad promedio de 21.3 años.

Los resultados nos dan una idea, desde la perspectiva de los jóvenes, sobre cuál es el nivel de empleabilidad que alcanzan actualmente, entendiendo la empleabilidad como la capacidad o posibilidades personales para insertarse al mercado laboral, mantenerse a largo plazo y adaptarse a un ambiente de cambios continuos.

Un 85.09% dijo que la institución educativa les ayudó a identificar un problema y evaluar las posibles maneras para resolverlo. Un 83.52% respondió que sí aprendieron a tomar decisiones con otras personas, respetando sus pensamientos, opiniones y retroalimentándose. 

Al menos siete de cada diez encuestados, es decir un 72.15% dijo haber aprendido en la universidad a leer y escribir de forma eficaz y esa misma cantidad de jóvenes también respondió que sí lograron desarrollar su capacidad de pensar en forma abstracta para encontrar soluciones, utilizando la creatividad e innovación. 

Un 68.62% de los universitarios dijo que aprendió a confiar en sí mismo, y seis de cada diez dijeron que sí desarrollaron la capacidad de manejar sus emociones y controlar impulsos. En un porcentaje casi igual respondieron que también alcanzaron habilidades de acceso, evaluación y organización de la información en entornos digitales, manejo de tecnología y computación., 

Es interesante ver cómo al alejarnos de las tradicionales competencias de liderazgo y trabajo en equipo, y acercarnos a habilidades relacionadas con el uso de tecnología, con la inteligencia emocional y con la capacidad de análisis, se aumenta el número de jóvenes que indica que no lograron desarrollarlas satisfactoriamente.

Es un rango de 27.84% hasta un 32.54% de jóvenes que podríamos pensar que tendrían una menor autocapacidad para conseguir un empleo, cuando son esos tres grupos de competencias los que mayormente hoy solicitan las empresas y que está requiriendo la cuarta revolución industrial, de la que no se escapa nuestro país.

Otro factor clave para la empleabilidad de los jóvenes que más solicitan las empresas es la experiencia. ¿Cómo tener algo de experiencia si apenas terminan de estudiar? La respuesta está integrada por varios ingredientes siendo uno de ellos: la pasantía o una primera experiencia laboral.

Según la encuesta, un total de 160 jóvenes de los 255 entrevistados dijeron haber realizado una pasantía o bien ya tuvieron su primer empleo. Los otros 95 dijeron que no. De los que respondieron que sí, el 90.67% valoró la pasantía positivamente, y de los que expresaron haber tenido un primer empleo, el 63.13% expresó que su primer contrato laboral fue formal, mientras que el 36.87 por ciento reveló que este fue informal.

En el caso de los 94 que nunca trabajaron ni realizaron pasantía, un 58.51% confía en que, tras salir de la universidad, a lo inmediato conseguirán un trabajo, mientras un 39.36% cree que esto les podría tomar de uno a tres años tras graduarse, y solo un 2.12% piensa que le podría tomar más de tres años, tras egresar.

Todo lo anterior nos confirma que los jóvenes depositan en los centros técnicos o en las universidades su anhelo de prepararse para poder enfrentar exitosamente el incierto desembarco de la escuela en la empresa. No los defraudemos. El sector educativo, el sector público, los sindicatos y el sector privado deben escuchar a los jóvenes y en conjunto brindarles las herramientas necesarias para que tengan mayores posibilidades de acceder a un empleo o emprender su propio negocio.

* Especialista en Políticas Públicas 

para el Desarrollo.

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