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Los sombríos analistas y políticos de la derecha en Nicaragua han querido ver en la intervención del Presidente Daniel Ortega en la cumbre de las Américas, nada más su visión de las cosas. En este sentido sus comentarios han estado dirigidos, no sólo a descalificar, sino a ironizar el discurso. No obstante, partiendo de esto queremos hacer una acotación y dejar claro que, los ejes abordados por el presidente en la cumbre son más que de actualidad, son de primer orden e interés, no sólo para Nicaragua, sino para América Latina en su conjunto.

Veamos: abordó el tema del cambio en las relaciones Norte-Sur o EU- América Latina como un imperativo en las correspondientes formas de actuar de cada uno de los polos políticos. Es decir, la interrogante es ¿quién debe cambiar? El presidente Ortega dejó claro este asunto, pues como bien lo ha dicho Michel Foucault: es el poder el que señala la pauta para las interrelaciones entre los actores, quien ostente el poder define las coordenadas del mismo y, en este caso el imperio norteamericano, es quien debe abandonar la idea de ser juez mundial, pues para nadie es un secreto que invade, o en todo caso coloniza los territorios que son de conveniencia a su geopolítica, aun por encima de resoluciones que se interponen a este asunto. Dicho de otra manera quien debe variar su actitud y políticas de estado hacia sus vecinos es el gobierno de los EU, debe cambiar su sistema imperial definido sobre relaciones asimétricas y ventajosas en referencia a los países más pobres. Es lo que desde la época del marxismo clásico se le ha llamado el anatema del tiburón y la sardina. No obstante, los gobiernos norteamericanos dan la impresión que no se han enterado que las sardinas ahora se han unido y como un bloque resisten su normativización e imposiciones.

Podemos decir que éste es el eje básico sobre el cual reposan los otros aludidos por el presidente Ortega, debido a que las políticas imperiales norteamericanas definen el rumbo no sólo de la economía, sino de la agenda social, política, ambiental del mundo, en compañía, claro, de los 19 países restantes. Ahora bien, que el presidente Obama haya expresado que eso era parte del pasado, es un prurito fuera de lugar, pues quiénes tienen convertido a Irak en un abismo, quiénes patrocinan el famoso plan Colombia como una estrategia de supeditación no sólo a este país, sino de control a los vecinos, quiénes han atentado contra el presidente Hugo Chávez y Evo Morales, quiénes construyen y mantienen muros de la ignominia como el de la frontera con México, obviamente hoy que este país ya no tiene más territorios que cercenarle, quiénes condicionan la ayuda con elementos infundados, y además se salta las normas internacionales sobre la base de sus propios criterios de fuerza, es decir quiénes se creen omnipresentes más allá de sus fronteras? Esto no es parte del pasado es parte de las políticas imperiales que bien sabemos el presidente Obama, como buen sistémico debe brindarle una continuidad. Debemos entender que el sistema político-económico norteamericano actúa sobre la base de un estructural-funcionalismo que, desde la Doctrina Monroe hasta la guerra preventiva- que el presidente Obama aún la salvaguarda- se arroga el derecho de remodelar otras naciones, cuando sus propias instituciones atraviesan no sólo crisis financieras, como la que estamos viviendo debido a la denominada democracia norteamericana, sino de representación, de movimiento y responsabilidad con sus ciudadanos.

De igual modo el tema de la emigración y la crisis económica fueron ejes básicos de la disertación del presidente Ortega. La emigración como bien sabemos es un fenómeno que se acrecienta debido a las políticas malsanas de los organismos rectores de la economía que dicen combatir la pobreza y mejor la agudizan. ¿Acaso académicos como Joseph Stiglitz y Amartya Sen, ambos Nobel de economía, no han dejado claro el nivel de incidencia en la profundización de la pobreza por parte de las medidas fondomonetaristas y, obviamente, de las políticas propuestas de una forma arbitraria por el hoy llamado G-20? Es decir, es como recetar al enfermo sin consultarle siquiera los síntomas. Son decisiones, medidas unidimensionales en las cuales nuestros países no participan desde ninguna óptica, es imponer recetas, sin estar claro de las enfermedades, pues, aunque la enfermedad la provoquen los mismos tomadores de decisión.

Entonces, decir que esto es parte del pasado es una posición fácil y cómoda cuando uno es el sujeto que ha podido modelar ese pasado, al igual que el presente y por lo tanto cree disponer del futuro de los otros. No obstante, es clave que el presidente Daniel Ortega haya puesto en vigencia estos ejes. De esto nos queda claro que la posición de nuestro presidente Daniel Ortega es actual y vigente y que contamos con la solidaridad de los hermanos pueblos del ALBA, además que debemos como pueblos definir nuestros derroteros. Esto en nuestro país está más que demostrado con el proyecto que desarrolla el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, el cual, al igual que el ALBA, se funda en la solidaridad y el reconocimiento a los otros.