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Amigos, solo amigos, el resto es selva”

Jorge Guillén

Palabras van, palabras vienen. Un puente en las miradas, sonrisas compartidas. Conoces cómo son, quizá lo qué dirán, lo que no dirán, te divierten, te asombran, te entristecen. A lo mejor un mote, colocado con la precisión de un sombrero, los describe o define. Junto a él o a ella, te sientes libre, ligero, cotidiano. Apartas tus armas, tus escudos, como el guerrero que reclama descanso, y le muestras desnudo el pecho lastimado.

Junto a él o a ella, no hay máscaras o imposturas, la confianza es el agua infinita que alimenta la fuente, y la risa o las lágrimas, el cuchicheo, la última nueva, el chisme voraz condimenta cada puñado de palabras, junto al dulce sentimiento compartido de poder ponerle, aunque sea por momentos, un freno a la muerte, a la soledad, al infortunio.

Junto a él o a ella, no hay secretos, no hay ataduras, elegidos libremente toman tribuna en tu corazón y se convierten, con lazos invisibles, en hermanos entrañables dispuestos a consagrar, sobre el altar de un café o de un bar, la liturgia de la conversación, del día a día, del “¿cómo estás?” y “hace años que no te veo, mi hermano”.

Junto a él o a ella, la soledad parece una ficción, los fardos de la tristeza se aligeran, y descubres que un problema, tu problema, tiene infinitas aristas no exploradas  que no es tan serio como creías. Los amigos son múltiples bendiciones de Dios, los encuentras en todas partes, en los sitios menos pensados, se van entrelazando en el cordón de tu vida como si fueran perlas de un largo collar. A veces, egoístas como somos, olvidamos regarlos, bañarlos con sol, y pasa el tiempo y creemos que sus raíces están marchitas; sin embargo, milagrosamente, resucitan, cuando la lluvia de tu afecto los requiere; entonces, tal como ayer, aquellos viejos momentos reverdecen.

Los amigos son aquellos a los que escuchas con entusiasmo, sin compromiso, sin mirar el reloj. Son aquellos con los que puedes hablar tanto de los graves problemas nacionales como de la última visita al cardiólogo; reír de las diabluras de los otros o mostrar, sin pudor, el nudo en la garganta que te produce la explosión del secreto que te ha causado gastritis.

Son aquellos con los que, a veces, te agarras, como si fuera a puños, en una discusión interminable, te revuelcas en duelo violento, pero en lugar de matar al rival, terminas riendo o compartiendo puntos de vista como se comparte el pan en la mesa después de una agotadora jornada.

Los amigos son los compinches, los compadres, los panas del alma con los que conspiramos aquellas travesuras, los jueces amables “cuando metemos las cuatro”.

Los amigos son aquellos a los que disculpas sus errores, aplaudes sus victorias y, en lo más hondo de tu corazón, amas porque son la extensión de tu alma, tu cuerpo prolongado y la sal de tu vida. Los amigos son la conjugación infinita del amor y su expresión más duradera.

*(La autora es escritora ecuatoriana)