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La separación de la nación miskita, para que el Estado de Nicaragua no siga abusando de sus derechos y facilitando saqueo y destrucción de las riquezas naturales, es una proclama del Consejo de Ancianos acorde con la realidad indígena.

La propuesta independentista no es reciente, ni coyuntural, se ha mantenido en mente y en algunas demandas públicas, desde que, en 1894, el presidente José Santos Zelaya invadió militarmente el territorio y desconoció a las autoridades autónomas locales.

Llegó la representación de mestizos del Pacífico a desplazar a creoles e indígenas, y someterlos mediante visiones discriminatorias, de clase y por supuesto raciales. Se impuso la concepción de “civilizados”, estableciendo diferencias insuperables entre costeños (indígenas y afrodescendientes) y mestizos (sucesores de españoles).

Desde entonces los civilizados y progresistas que gobiernan Nicaragua firman concesiones para la explotación de recursos naturales y humanos, sin que los habitantes autóctonos reciban beneficios de las riquezas de sus propiedades. Nada más se favorecieron con empleo en las compañías extranjeras. Las tierras indígenas, en su mayoría, fueron declaradas nacionales.

Mientras, en la costa del Pacífico y zona norte de Nicaragua, los gobernantes, sus clientes políticos y amistades, se convirtieron en terratenientes arrebatando las propiedades a indígenas. Los desplazados de esta zona se fueron a invadir o comprar las tierras caribeñas.

Enfrentados a la revolución sandinista

Con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista (1979) alcanzaron un máximo las contradicciones entre el Gobierno Central y los indígenas del Caribe, a tal punto que se involucran en la guerra financiada por Estados Unidos, asesorados por la Central de Inteligencia Americana (CIA).

Sublevaciones en poblados y enfrentamientos armados serios, iniciaron en el Caribe a mediados de 1980. Llegaron al extremo de que el gobierno sandinista decide desalojar todas las comunidades miskitas y mayangnas de la rivera del Río Wanky, frontera con Honduras. (Diciembre 1981).

La guerra fue cruel, como otras. Asesinatos y abusos de uno y otro bando. La vitrina de la imagen humana del gobierno sandinista fue el proyecto Tasba Pri (Tierra Libre), donde atendieron a más de nueve mil miskitos y mayangnas desplazados, ubicados en seis asentamientos, entre los ríos Truhlaia y Bambana. La Ley de Autonomía de la Costa Caribe (Ley 28 – 2 septiembre 1987) fue producto de las negociaciones entre indígenas miskitos en armas y gobierno sandinista que, después de cuatro años en guerra, cedió a las presiones y comprendió las exigencias.

Saqueo de recursos con la democracia

En seguida de la derrota electoral del FSLN (1990) con la asunción de la democracia, el territorio indígena sufre arremetida de quienes ansiosos desean acumular capital inmediato arrasando con todo.

Vemos helicópteros del Ejército Nacional derribando bosque en la Reserva de Biosfera Bosawas; políticos autóctonos y del Pacífico invirtiendo en aserríos, ganado vacuno y pesca industrial; miles de personas dedicadas al tráfico y consumo de cocaína; miles de ex soldados y contrarrevolucionarios mestizos, y comerciantes de tierra invadiendo la selva.

Del sufrimiento de la guerra, la población miskita pasó al desconsuelo por hambre, pérdida de valores comunitarios, violencia delincuencial, aumento del deterioro de sus riquezas naturales y el ambiente, corrupción de líderes autóctonos y vinculados a partidos políticos provenientes de Managua.

En la zona del Río Wanky, en varias ocasiones se ha clamado por ayuda debido a invasión de ratas que destruyen los cultivos, hambre y desnutrición, afectaciones emocionales colectivas, violencia del narcotráfico, corrupción de las autoridades, invasión de propiedades comunitarias.

Políticos foráneos, algunas veces en contubernio con autóctonos, maniobraron para que partidos políticos costeños no lograran representación efectiva en las elecciones regionales y municipales. Y los electos, muchos de ellos han sido señalados de prácticas deshonestas.

Son bien complicados esos negritos

El desconocimiento de la vivencia indígena está representado en la declaración que el candidato a presidente de la república y luego electo, al responderme sobre su programa de gobierno para la Costa Caribe, Arnoldo Alemán, dijo: Son bien complicados esos negritos, mejor preguntale a Steadman (Fagoth). (1996).

Fue hasta el 9 de julio 2003 que la Asamblea Nacional aprobó el reglamento de la Ley 28. Es decir, dieciséis años después de promulgada la Ley de Autonomía, período que aprovecharon muy bien los depredadores, y aún con el reglamento, en la práctica, se pisotean los derechos indígenas.

Los miskitos independentistas no creen el cuento de Nicaragua como patria, pues desde Nicaragua los han invadido y maltratado. No creen en las promesas de los políticos del Pacífico, ni de quienes siendo indígenas se han enriquecido por traición y manipulación.

En Nicaragua los políticos argumentan que es inconstitucional, contra las leyes, desmembrar el territorio nacional. ¿Pero cuántas barbaridades cometen ellos para sostenerse en el poder en beneficio propio?
Hablan de patria, colocan la mano en el pecho frente a la bandera y cantan el himno, sin embargo manifiestan una concepción y conducta que tiene al país en la miseria y ellos con grandes cuentas bancarias.

Es natural que los miskitos estén cansados. Es justo rebelarse ante tanta maldad, destrucción de la vida, y atropello a la dignidad. Es concebible rechazar el abuso de las autoridades de Nicaragua, que ni hablan el mismo idioma. ¡Tienen razón en proclamar su independencia!
*Director Centro de Comunicación y Estudios Sociales (Cesos)