Fredy Franco*
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La Autonomía Universitaria cumple 60 años de haberse conquistado Nicaragua, como producto de la lucha de los universitarios y el pueblo nicaragüense, por lo que la sociedad y la nación se dieron una Universidad con la libertad y capacidad de autogestionar y desarrollar  sus funciones académicas, culturales, científicas y educativas al servicio del pueblo y del desarrollo nacional.

Fue el 25 de marzo del año 1958  que se dio el primer paso,  con el Decreto Ejecutivo No. 38, por el cual se concedió autonomía docente, administrativa y económica a la Universidad Nacional, después de muchos años de lucha de la Comunidad Universitaria y con el liderazgo del Profesor Doctor Mariano Fiallos Gil.

La conquista de la Autonomía le dio a la Universidad Nacional una revitalización en su vida interna y un impulso fundamental en la vida nacional, convirtiéndola en conciencia crítica del acontecer nacional y forjadora de un liderazgo universitario transformador, que contribuyó de manera fundamental a la derrota de la Dictadura Somocista y al triunfo de la Revolución Popular Sandinista (RPS).

En los años 80 la Universidad se masificó, se abrió al pueblo, se construyó una nueva institucionalidad universitaria, creándose a partir de la UNAN-León nuevas universidades públicas y apoyando las otras instituciones de educación superior existentes en el país. La Universidad además de ampliar la formación profesional, le dio impulso fundamental a la investigación y a la extensión, al compromiso con las transformaciones sociales forjadas entre 1979 a 1990.  

Con la Constitución de 1987 la Autonomía Universitaria alcanzará rango constitucional, establecido en su artículo 125. Ello se fortaleció y operacionalizó con la Ley 89, Ley de Autonomía de las Instituciones de Educación Superior, aprobada  por la Asamblea Nacional y publicada el 5 de abril de 1990, en el gobierno de Daniel Ortega, en la que se establece el 6% del Presupuesto General de la República a las universidades que la ley establece, la participación de docentes, estudiantes y trabajadores administrativos en la vida universitaria, quedando “exentas de toda clase de impuestos y contribuciones fiscales, regionales, municipales”, entre otros, conceptos, que fueron reafirmados y fortalecidos en las Reformas a la Constitución de 1995, lo cual fue posible producto de la lucha de los universitarios y del pueblo en defensa de la universidad pública y su autonomía, frente a los intentos de los gobiernos neoliberales de vulnerarla y desaparecerla.

En ese mismo contexto -y hasta la fecha- proliferará la educación superior privada en el país, que ya llega a más de 50 universidades y representa un tercio de la matrícula universitaria, los otros dos tercios corresponden a la educación superior pública. 

La educación superior pública se ha visto fortalecida en los últimos 11 años por el aseguramiento pleno del 6% y la estabilidad que ello le ha generado, permitiéndole dedicarse plenamente al cumplimiento de sus funciones y a trabajar de la mano con el Gobierno y demás instituciones y organizaciones del país, teniendo el liderazgo académico, educativo y científico del país.

Las universidades privadas –que igualmente gozan de los derechos de la autonomía y otros beneficios- tienen el reto de cumplir con el precepto de ser instituciones sin fines de lucro, que legalmente así se definen, y no instituciones mercantilistas; tienen el reto de cumplir plenamente las tres funciones básicas de la universidad: docencia, investigación y extensión.

En estos 60 años de la Autonomía Universitaria, el compromiso es defender una educación superior como un bien público y social, con calidad y pertinencia y donde el derecho a la Autonomía nos exige el deber de cumplir con plena responsabilidad nuestras funciones y el compromiso con el pueblo y la nación nicaragüense.

* Profesor Titular UNAN-Managua. Secretario General Federación de Profesionales Docentes de la Educación Superior de Nicaragua.