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Ideuca
El país se encuentra entre dos dinámicas estrechamente relacionadas. Por una parte, el proceso de Alfabetización, que tímidamente vino expresándose en la década de los 90 y en los primeros años de este siglo, con experiencias de gran interés para el país, acumuló esfuerzos que posibilitaron al Gobierno actual trazar una política contundente dirigida a disminuir radicalmente el analfabetismo. Por otra, se celebra la Semana Mundial de la Educación centrada en sensibilizar y movilizar a los países en torno a la Alfabetización. Con buen suceso, organismos de la sociedad civil, Ministerio de Educación y otras instituciones reflexionan, discuten y formulan propuestas dirigidas a hacer de la Alfabetización más que una conmemoración, la oportunidad de ampliar la mirada y el compromiso.

Este proceso de la Alfabetización, conducido por el Ministerio de Educación, pretende que para el mes de julio de este año se haya disminuido el índice de analfabetismo promedio por debajo del 5%. En esta noble tarea el país entero se muestra interesado y con alto nivel de consenso, pues ve en la alfabetización una puerta al desarrollo del país. Paralelamente a esta dinámica, la Comisión Nacional de Verificación de la Alfabetización, integrada por representantes de seis instituciones independientes de reconocido prestigio nacional, examina en profundidad el carácter, proceso y resultados obtenidos en la Alfabetización, estableciendo de manera profesional y científica la veracidad y calidad de los procesos desarrollados y de los resultados obtenidos.

Es un momento oportuno para que el país reflexione, desde una visión amplia no tradicional, las implicaciones de este proceso de alfabetización. Dos procesos perniciosos debieran ser controlados por el aparato educativo para impedir que el analfabetismo regrese. Por una parte, se presentan nuevas demandas y presiones de los alfabetizados en búsqueda de oportunidades educativas pertinentes a sus necesidades, que les faciliten continuidad educativa. No lograrlo significaría condenarnos a repetir la historia ya conocida. Por otra parte, se requiere que más de medio millón de niños y niñas sin educación ingresen a la escuela, y que en los primeros grados de primaria se logren superar los elevados índices de abandono y rezago educativos, focos de futuros analfabetas.

En esencia, no se trata sólo de “erradicar el analfabetismo”, sino de lograr acceso universal a la cultura escrita, tanto desde el nivel familiar como comunitario y de toda la sociedad. Es así que la alfabetización guarda plena relación con el aprendizaje a lo largo de toda la vida, y no se agota al finalizar la campaña. Si queremos avanzar desde una Sociedad de la Información y el Conocimiento a una Sociedad Educativa, es necesario prestar atención a varios ámbitos, desde una perspectiva de amplia participación de las instituciones y la sociedad civil, no sólo del Ministerio de Educación, para que esta Alfabetización desarrolle una mirada amplia y sostenible:
T Educación básica de equidad y calidad para todos los niños y niñas, poniendo la alfabetización (adquisición, desarrollo y uso de la lengua escrita) en el centro de los esfuerzos y la reforma escolar. La pertinencia del currículum y de los métodos de enseñanza aprendizaje deben facilitar la retención y promoción de los educandos.

T Alfabetización Universal para jóvenes y adultos excluidos del sistema escolar, no solo a través de programas específicos para adultos, sino también como parte de los esfuerzos educativos dirigidos a la familia y la comunidad, y a través de todos los medios posibles.

T Continuidad educativa para los alfabetizados, desarrollando espacios y oportunidades educativas, capaces de canalizar y dar continuidad a las nuevas avenidas repletas de alfabetizados, enfatizando modalidades de formación adaptadas a sus circunstancias y características, con particular énfasis en orientación y habilitación laboral.

T Un entorno nacional que estimule la lectura y la escritura a todos los niveles, incorporando y articulando todas las instituciones, medios y tecnologías disponibles (familia, escuela, biblioteca, iglesia, espacio deportivo y cultural, medios de comunicación, etc.).

T Luchar contra la pobreza con sentido profundo y estructural, no solo con intervenciones focalizadas, sino con cambios profundos en el modelo político, económico y social. No se puede luchar contra el analfabetismo sin luchar contra la pobreza y sin asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

Lo anterior requiere de la sociedad una respuesta articulada y sólida. Como resultado de esta Semana Mundial es de esperar que surja un frente común de actores sociales, sin distingos ni colores, conformado por el Ministerio de Educación, organismos de la sociedad civil, instituciones gubernamentales, instituciones especializadas, universidades, sector privado, organizaciones religiosas, etc., capaz de articular una propuesta que dé forma al subsistema de educación extraescolar reconocido por la Ley General de Educación. Desde él, es necesario alzar una sola voz en demanda sostenida al Ministerio de Hacienda y Crédito Público y a la Asamblea Nacional de un Presupuesto para la Educación Básica y Media de un 7%.

Desde esta acción de unidad se hará posible avanzar en la definición de una Agenda Estratégica de la Educación Total del país, con ejes de acción concertados, dirigidos a ubicar “al país en estado de educación”. Dejando atrás lo que nos separa, se trata de que todos hagamos de la educación el principal punto de encuentro y concertación nacional. Si amamos el presente y futuro de nuestros hijos e hijas no debemos quedar en silencio. Unamos “tantos vigores dispersos” en esta gran batalla por la educación.