Bayardo Altamirano
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El gobernante norcoreano Kim Jong-un ha desplegado una gran ofensiva diplomática. Primero envió una delegación de su país, encabezada por su hermana, a participar en forma conjunta con el anfitrión en los Juegos Olímpicos de invierno, Surcorea. El vicepresidente estadounidense Mike Pence, y el nipón Shinzo Abe, no se mostraron a la altura de las circunstancias.

Es insoslayable el gran papel jugado por  el presidente de Surcorea, Moon Jae-in, quien contra viento y marea lubricó en forma ingeniosa la visita que hará en mayo Donald Trump a Pyongyang. La reunión bilateral entre los mandatarios de Norcorea y Estados Unidos parecía haber dejado de lado a China, actor ineludible del contencioso nuclear.

La posterior visita de Kim Jong-un a Pekín, agasajado con todos los honores, colocó de nuevo a China en el primer plano de las tratativas en los momentos en que Trump inicia su guerra comercial contra esta, que acaba de propinar un triple golpe financiero a Estados Unidos con su lanzamiento del petroyuan (con cobertura de oro y armas nucleares), que pretende destronar la supremacía del dólar.

Kim Jong-un anda buscando apoyo para una mínima postura peninsular unificada frente a Trump del mandatario de Surcorea, con quien se reunirá el 27 de abril. Un frente común de Pyongyang y Seúl –que están cansados de la presencia de 23,468 militares de Estados Unidos–, con la protección nuclear de China y Rusia, diluye el unilateralismo de Trump, quien ahora le ha apretado las tuercas a Surcorea debido al déficit que padece Estados Unidos con los mayores actores comerciales del planeta. Trump busca arrancar con chantajes militares lo que no puede obtener por la vía comercial.

Norcorea tiene 120,538 kilómetros cuadrados y 25 millones de habitantes y un PIB (medido por el poder adquisitivo) de 40 mil millones de dólares (datos de 2015) Son raquíticos frente al fenómeno económico de Surcorea –de 99 mil 720 kilómetros cuadrados y el doble de habitantes del Norte–, que brilla con su PIB (por poder adquisitivo) de 2 billones de dólares (lugar 15 global). Se desprende que a Norcorea le conviene contar con el apoyo de Surcorea en esta coyuntura tan crucial de varios niveles.

A todos los gobernantes estadounidenses, Bush, Clinton, Obama y Trump, les ha fascinado la negociación bilateral, donde tiene mayor margen para imponer su agenda hegemónica, a diferencia de las multilaterales, que ahora  tendrán que afrontar. El mundo cambia.