•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El día después de su discurso en el Templo Mason de la ciudad de Memphis, Martin Luther King Jr., el filósofo, teólogo y revolucionario, fue asesinado de un tiro en la cabeza por un francotirador el 4 de abril de 1968. El líder de los derechos civiles vino a Tennessee para respaldar la petición de apoyo a la huelga de los empleados negros del servicio público de limpieza de la ciudad. 

Consciente de las causas de la guerra y sus consecuencias, en particular con respecto a la guerra en Vietnam, y las guerras mundiales, Luther King, subrayó en su discurso en Oberlin College en 1965, que “la humanidad debe poner fin a la guerra o la guerra pondrá fin a la humanidad”. Luther King había afirmado en varias ocasiones acerca del eminente peligro de la violencia estructural, desarrollo de armamentos convencionales y nucleares, el odio racial, y las exclusiones socioeconómicas de las mayorías. Con justa razón había expresado en un discurso en Ohio en 1957, que “las tensiones no son entre las razas sino entre las fuerzas de la justicia y la injusticia”. En su obra: “La fuerza de Amar”, publicada en 1963, había dicho: “La obscuridad no puede expulsar a la obscuridad: solo la luz puede hacer eso. El odio no pude expulsar al odio: solo el amor puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso”.

Ese pensamiento que surge de su lucha ética, expresado en un sermón en 1957, responde al sufrimiento de las víctimas, que causa el odio, y que deviene de la segregación racial en los Estados Unidos de la época, contra cuyo fenómeno MLK luchó hasta su muerte. Y fue precisamente en su proclama: “Yo tengo un sueño” en la marcha a Washington del miércoles 28 de agosto de 1963, ante una multitud de 250,000 personas, frente al Capitolio, y al pie del monumento a Lincoln, que hace un llamado urgente a poner fin al racismo, a la exclusión y la miseria, reclamando derechos civiles, dignidad, igualdad y economía sustentable para los afroamericanos.

El líder revolucionario de los derechos civiles lega al mundo una vida de compromiso y solidaridad radical con las víctimas de la segregación racial, excluidos de los derechos sociales, económicos, políticos, culturales. MLK lega a la humanidad lecciones de justicia al promover la igualdad de derechos y la participación democrática de las y los ciudadanos en todos los órdenes de la vida social. MLK lega a la historia contemporánea una filosofía pacifista que da base para abordar los conflictos mediante el diálogo o la lucha y la protesta no-violenta, así como el desafío de formular propuestas que busquen respuestas dignas a las y los oprimidos. MLK lega a las sociedades una ética de la lucha social hacia la igualdad, y la demanda urgente de una educación para la paz y la libertad. 

MLK urge a las iglesias y al movimiento ecuménico en Estados Unidos, América Latina, Europa y resto del mundo a rescatar el ministerio profético en todas las esferas de la vida. Así lo expresa de forma contundente en la carta abierta que escribió al clero blanco de Alabama, desde la cárcel, el 16 de abril de 1963, en donde enfatiza que: “La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes. Estamos atrapados en una red ineludible de mutualidad, atados a una única prenda del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente”.  Esta carta abierta es hoy una de las guías para fortalecer la misión profética de las iglesias y los movimientos de los derechos civiles.  A 50 años de la muerte de Martin Luther King, Jr, Estados Unidos y el mundo ha cambiado mucho, no obstante, las desigualdades y las exclusiones persisten. Luther King, a pesar de su agotadora lucha, murió creyendo que otro mundo es posible, fundamentándose en la justicia socio-económica, política y cultural.

* Rector de la Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King.