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A casi tres siglos de haber nacido, en 1732, George Washington sigue rodeado por un aura de perfección. No en vano su figura suele ser acompañada de apelativos como los de “genio militar” o “liberador de esclavos”.

No obstante, y como en otros tantos casos en la historia, este personaje ha sido enaltecido por una Norteamérica ávida de forjar mitos a base de tinta y papel. Sin duda, una costumbre heredada de la que fuera su metrópoli, Gran Bretaña, donde los piratas o corsarios, durante décadas fueron considerados héroes nacionales.

Así pues, la realidad, en el caso de George Washington, está escrita en los libros de historia. Y a pesar de que fue el único padre fundador que liberó a sus siervos en su testamento, también debería ser recordado -tal y como afirma William J. Bennett- en su obra “América: la última esperanza”, como uno de los propietarios de esclavos más conocidos del país.

Otro tanto sucede con su inmerecida fama de gran estratega, ya que, como devela la historiadora Susan-Mary Grant en “Historia de los Estados Unidos de América”, fue un líder que “perdió más batallas de las que ganó” y con el que los británicos lograron capturar a todas y cada una de las principales ciudades norteamericanas en el transcurso de la Guerra de la Independencia.

El primer presidente de los Estados Unidos padeció viruela, malaria, gripe y otras enfermedades, que lo obligaron a ingerir grandes dosis de cloruro de mercurio, un remedio que estaba en boga en esa época, el cual destruye los dientes. Cuando en 1789 se convirtió en presidente, tenía solo un diente natural. 

Tal era el problema que sufría que, en 1792, apenas dedicó dos minutos a proferir su discurso inaugural. Consistió en 133 palabras, probablemente porque su boca le incomodaba. Era un hombre que conversaba poco y con el menor número de palabras posible, aún en el seno de la amistad.

Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad de Virginia ha develado que al menos una de sus prótesis se fabricó con dientes de esclavos comprados a precios irrisorios.

Kathryn Gehred, una de las investigadoras a cargo de este estudio. “George Washington pronunció probablemente su discurso inaugural con dientes que pertenecían a personas que fueron esclavizadas o, en el mejor de los casos, a gente muy pobre”.

Otro de los falsos mitos sobre Washington es el que lo muestra como un liberador de los oprimidos. De hecho, durante su presidencia, el político no tuvo una firme posición en relación a los esclavos. Aunque firmó leyes para poner límites a la esclavitud en Estados Unidos, también promulgó en 1850 la “Ley de Esclavos Fugitivos”, según la cual era posible acceder a diferentes estados para capturar a los siervos fugados.

Kathryn Gehred expresa: “compró y vendió esclavos, los persiguió cuando escaparon y evitó que los siervos a su cargo tuvieran los derechos que les daba Filadelfia”. El presidente llegó a tener a su cargo un total de 317 personas vivas. 

La última de las leyendas más extendidas es la que afirma que el presidente fue un genio militar. Un mito totalmente falso, pues según recuerda la historiadora Montserrat Huguet en su popular obra “Breve historia de la de la Independencia de los Estados Unidos”: “En el historial militar de Washington, surcado de más derrotas que victorias, la pérdida de la ciudad de Nueva York en el verano de 1776 fue quizás la más humillante”. Empero, en su favor, hay que decir que obtuvo la victoria en las dos contiendas más determinantes.

Una de ellas, la de Yorktown, donde el inglés Cornwallis se rindió aceptando tácitamente  la expulsión británica de la zona. Y todo ello, pese a que contaba con un ejército novato.

El modus operandi norteamericano durante la revolución fue mantener un ejército poco competente. El Congreso nunca concedía a Washington las tropas que necesitaba, ni tampoco conseguía mantener adecuadamente las que tenía.

Y en esta aura de glorificación, en el año del Bicentenario de Estados Unidos, George Washington fue nombrado a título póstumo al grado de General de los Ejércitos de los Estados Unidos por Resolución Conjunta del Congreso de Ley Pública 94-479, aprobada el 19 de enero de 1976. Dicha ley además establece que nadie más podrá recibir tal rango en un futuro, lo que hace que el primer presidente de Estados Unidos jamás será superado en títulos militares en la historia del país.

* Diplomático, jurista y politólogo