Marco A. Valle Martínez
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El cambio es un factor que está directamente relacionado con la calidad de vida y bienestar de las personas mayores. Hay que tener disposición al cambio.

Durante el transcurso del ciclo vital, desde la niñez, se vive un proceso de ganancias y pérdidas, pero la particularidad en el caso de las personas mayores es que la balanza se inclina hacia las pérdidas, aunque se mantienen muchas ganancias y hasta se pueden obtener nuevas.

La edad por la edad no garantiza mantener e incrementar las ganancias. El cambio es clave para lograrlo.

El arte para avanzar y tener una longevidad satisfactoria y feliz es gerenciar la vida, ajustándola con optimismo a la realidad personal que los años van dictando. Muchos estudios realizados a nivel mundial dicen que las personas mayores no expresan menos satisfacción que las jóvenes, y en muchas ocasiones son más felices.

Cada persona tiene su historia de vida individual, familiar y social. En otras palabras, aunque existan personas que tienen la misma edad cronológica, no necesariamente tienen la misma edad biológica, ni la misma edad subjetiva. El cambio es uno de los factores que explican las diferencias.

Cuando se dice que “los años pesan” se quiere decir que, en general, las cosas para hombres y mujeres mayores no son iguales a como cuando se transitaba la niñez, juventud, o adultez. Las pérdidas “pesan”.

Algunos ejemplos de pérdidas son: se siente que el cuerpo y los sentidos no funcionan igual, apreciación de fragilidad física, los hijos/as no están en la casa, jubilación, descenso en los ingresos, quienes le llamaban o visitaban cuando trabajaba ahora no lo hacen, se sienten momentos de soledad, episodios de insomnio frecuente, no saber qué hacer con el tiempo disponible, etc.

Ahora bien, las pérdidas tienen un peso diferente según la actitud con que cada persona las maneja. Si se enfrenta la situación y se aplican medidas de cambio el peso será mucho menor, e igualmente muchas ganancias se mantienen y, en algunos casos, las pérdidas se transforman en ganancias.

Un camino no recomendable es ser pesimista y empezar a lamentarse y decirse “ya no soy como antes”, “me veo en el espejo y no soy el/la misma”, “miro las fotos y nada que ver con lo que soy hoy”, “ahora tengo problemas de memoria, se me olvidan las cosas”, “cuando hago ejercicio ya no aguanto igual”, “mis amistades ya no me toman en cuenta”, etc.

Esa visión pesimista de la vida se produce porque la persona mayor compara su situación actual con su situación de ayer (juventud, adultez), lo que normalmente muestra una considerable distancia entre lo que se es y lo que se fue, originando en la persona infelicidad, reducción de la autoestima, así como insatisfacciones y episodios frecuentes de ansiedad, estrés, soledad.

Hay que ser realista, ese camino ya se recorrió y sí conviene recoger lo mejor de lo vivido para aplicarlo en el presente y el futuro, para mantener las ganancias y aumentar las que se puedan.

Hay que cambiar. Hay que invertir la visión negativa por la visión positiva. Es beneficioso empezar a comparar lo que se es hoy, con lo que se quiere ser (lo que se desea). En ese sentido, se compara realísticamente lo que se es hoy, con el proyecto y metas de vida que se quiere de futuro.

Ciertos ejemplos: ante problemas de memoria se busca y valora en cuál de las estructuras de la memoria se está provocando olvidos y luego se pasa a cumplir las recomendaciones debidas; si aprecio que ya no me toman en cuenta las “amistades”, vale la pena preguntarse si eran o no amistades o eran solo compañeros/as de trabajo, que no es lo mismo; si se tiene insomnio se auscultan las posibles causas y se valoran, y se cumplen las medidas para superarlo, etc.

En estos casos, sin dudas, el panorama cambiará con el tiempo, la distancia entre ambos polos se minimizará o reducirá a cero, ya sea la situación de los olvidos o las “amistades”, o el insomnio.

Y este ejercicio se puede efectuar con cualquier aspecto y casos de la vida. Unos más complejos que otros, pero al final se puede cambiar las cosas para bien. Se puede mantener las ganancias o incrementarlas, lo mismo que reducir las pérdidas.

Lo decisivo es que la persona ponga todo su esfuerzo, constancia, entusiasmo y ganas de cambiar y seguro tendrá muchas satisfacciones, la autoestima se incrementará, lo mismo que su nivel de bienestar y calidad de vida. La familia tiene un papel destacado que jugar y también será beneficiada.

*Especialista en gerontología social
mavm@cablenet.com.ni