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Muchos han sido los imperios poderosos que han aspirado a la dominación mundial desde la antigüedad hasta hoy. Ningún imperio e imperialismo son buenos: someten, saquean, explotan. Algunos, como el Imperio Romano, a pesar de su iniquidad, han dejado aportes culturales y tecnológicos a la civilización. El Imperio Romano fue el más esplendoroso e influyente de todos, dejando una profunda huella en la humanidad.

Hoy, por ejemplo, se estudia el Derecho Romano como clase obligatoria en todas las escuelas de derecho del mundo y es la base de la legislación de los países latinos de Europa y América. Heredero de la filosofía y cultura griegas, estableció el fundamento de la Civilización Occidental. El Imperio Romano duró 417 años (241 a.C.-476 d.C.) a los que hay que agregar los más de mil años del Imperio Romano de Oriente establecido en Constantinopla, antigua Bizancio, donde hoy es Estambul (Turquía), para sumar más de 1,800 años de influencia romana. 

Han existido y existen otros imperios poderosos, como el Antiguo Egipto, el Imperio Persa, el Asirio, el Macedónico de Alejandro Magno, el Mongol de Genghis Khan, el de la Antigua China, el Sacro Imperio Romano Germánico que, aunque duró más de 800 años (962-1806), nunca fue un Estado propiamente dicho, sino una confederación de principados germanos aglutinados bajo un emperador político electivo que no tenía poder militar sobre sus territorios.

Más recientes han sido el Imperio Otomano (turco) (1453–1914), el Imperio Español (1492–1898) bajo cuya égida se formó nuestra mestiza Nicaragua, el Imperio Ruso de los zares (1721-1917), el Imperio Alemán (1871-1918), el Imperio Japonés (1895-1945), el Imperio Francés (1605–1962) incluyendo al de Napoleón Bonaparte (1799-1804), el Imperio Británico (1620–1968), el Imperio Soviético (1922-1991), el de la actual China, iniciado por Mao Tse Tung (1949-Actualmente). China, un país comunista de partido único, pero con economía de mercado, va tras la conquista del primer lugar como potencia económica mundial; posee el tercer territorio más grande de la Tierra (solo detrás de Rusia y Canadá); es -con mucho- el país más poblado del planeta con sus mil cuatrocientos millones de habitantes y una potencia nuclear con un ejército de 620 millones de soldados. 

El imperio más poderoso actualmente es los Estados Unidos de América. Fue imperialista desde su independencia en 1776 expandiéndose hacia el Oeste conquistando los territorios de los pueblos nativos (indígenas), exterminándolos y sometiendo a los pocos sobrevivientes, y conquistando otros territorios mediante guerras contra España y México. Desde muy temprano, con la tesis del “Destino Manifiesto”, se implantó en la conciencia colectiva del pueblo estadounidense y sus gobernantes la convicción de que Estados Unidos estaba destinado por Dios para dominar a todo el Continente Americano, y hoy consideran a las naciones de Latinoamérica y el Caribe como su “zona de influencia”, aunque sus bases militares y tropas están por todo el planeta; ha librado 48 guerras y desde su independencia hasta hoy no ha pasado un solo día sin estar en alguna guerra.

Su poderío militar y económico se consolidó cuando las dos guerras mundiales devastaron Europa y favorecieron el desarrollo industrial, comercial y militar de los Estados Unidos. Nacieron de 13 colonias de inmigrantes europeos blancos, anglosajones, raza que hasta hace poco caracterizaba al típico habitante de ese país; pero hoy los Estados Unidos son el país más diverso, multiétnico y multicultural del mundo, con mezcla de todas las razas y habitantes provenientes de todos los países del planeta. Es una nación integrada por inmigrantes de todas partes, más los descendientes de los antiguos esclavos negros. El Imperio de los Estados Unidos ha durado 242 años. Sus aportes a la ciencia y tecnología son indiscutibles. Su hegemonía no es disputada más que por el Imperio Chino que va tras el dominio de la economía mundial. En lo militar China y Rusia (como heredera del armamento soviético) no dejan de hacerle cierto contrapeso, pero la rivalidad está hoy más en el campo económico. 

No sabemos cuánto durará la hegemonía de los imperios estadounidense y chino, pero, igual que los anteriores, un día dejarán de serlo, aunque subsistan como naciones prósperas. Aunque no hemos citado -evidentemente- todos los imperios, como, por ejemplo, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Azteca o el Imperio Inca, hemos hecho un breve recorrido por la Historia, maestra de la vida.

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