Miguel Carranza Mena
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En vísperas de la 87 sesión del Consejo Ejecutivo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), el Ministerio de Defensa de Rusia denunció que EE. UU y sus aliados estaban llevando a cabo preparativos de provocaciones con uso de armas químicas, encaminadas a desacreditar al gobierno de Bashar al-Assad y promover una solución contraria a los intereses de Siria.

No obstante, sucedió algo inesperado en la 87 sesión. Se desvió el tema de las armas químicas en Siria, a las infundadas acusaciones del ataque de Salisbury. La primera ministra del Reino Unido, Theresa May, hizo una serie de declaraciones drásticas, señalando que el gas nervioso y paralizante Novichok usado supuestamente para el envenenamiento de Serguéi Skripal y de su hija, Yulia Skripal, pudo haberse producido únicamente en Rusia. La parte británica no presentó ninguna prueba, pasando por alto la solicitud de Moscú de consultas, explicaciones y presentación de muestras obtenidas en el lugar de la tragedia. Las declaraciones infundadas contra Rusia se basan exclusivamente en las entrevistas y las declaraciones de Vil Mirzayánov, quien como recordarán en 1996 migró a EE. UU. y actualmente trabaja para el gobierno estadounidense en Princeton, Nueva Jersey. Mirzayánov en más de una ocasión apoyó a la oposición rusa, firmando la iniciativa “Putin ha de marcharse”. En 2008 publicó el libro “Secretos de Estado: 
crónicas de un insider sobre el programa de armas químicas rusas”. Dicho libro contiene fórmulas de la sustancia, llamada en el Reino Unido, Novichok, así como las técnicas detalladas de su síntesis.

Según el propio Mirzayánov, los efectos mortales del agente químico nervioso y paralizante Novichok son diez veces más potentes que los efectos de todas las sustancias anteriormente desarrolladas. Bastaría con tener delante dichas fórmulas, haber estudiado química en la universidad, contar con el equipo y componentes necesarios, para obtener sin demasiado esfuerzo dicha sustancia de uso militar altamente tóxica. La Federación de Rusia considera, por tanto, las declaraciones de Mirzayánov una muestra de su complicidad con los terroristas. Así que todas las preguntas sobre la supuesta existencia de Novichok y sobre sus capacidades habría que hacérselas a Mirzayánov.     

Es sabido que a partir de los años 70, en Europa Occidental se desarrollaron sustancias tóxicas de nueva generación. El Reino Unido ha sido y sigue siendo uno de los Estados participantes en dicho programa, contando con unas experiencias y conocimientos colosales. Merece la pena señalar que fue precisamente el Reino Unido el país que elaboró y patentó el 21 de junio de 1962 bajo el número GB1346409A el agente tóxico del tipo VX. La patente fue vendida más tarde a EE. UU.

Una de las instalaciones británicas más relevantes dedicadas al desarrollo y el estudio de las sustancias tóxicas es el laboratorio de Porton Down, situado “por mera casualidad” a tan solo unos kilómetros de Salisbury. En 2006, el gobierno británico reconoció en público haber puesto en el piloto Ronald Madisson y en otros 360 personas experimentos con el gas sarín, para estudiar los efectos que tenía en los humanos.

Hasta estos momentos, el laboratorio de Porton Down sigue siendo una instalación ultrasecreta, cuyas actividades oficialmente incluyen, además del reciclaje de las antiguas muestras de armas químicas, experimentos de protección contra las armas químicas y biológicas. De este modo, en las recientes noticias sobre la asignación al laboratorio de Porton Down, de unos 50 millones de libras, surge la pregunta de que si los científicos de dichas instalaciones pretenden destruir el presunto Novichok del que tanto hablan. 

Últimamente los medios han difundido la información sobre una fuerte presión que es ejercida al personal del laboratorio de Porton Down, para que confirmen la procedencia rusa de la sustancia tóxica usada en Salisbury. Todo esto significa que las denuncias de las autoridades de Reino Unido de que ellos tienen pruebas concluyentes del envenenamiento de Sergey y Julia Skripál son infundadas.

Mientras que todos los países del mundo buscan destruir sus arsenales de armas químicas, el Reino Unido, al contrario, está desarrollando de manera activa los laboratorios de Porton Down y, bajo el pretexto de la elaboración de medidas de protección eficaces contra las armas químicas y biológicas, sigue llevando a cabo experimentos, poniendo en grave peligro a su propio pueblo.

Por su parte, la Federación de Rusia, es un Estado que cumple concienzudamente los postulados de la Convención sobre las armas químicas, hecho que fue confirmado por el director general de la Secretaría Técnica de la OPAQ, Ahmet Uzumcu, el 27 de septiembre de 2017. El documento confirma la completa destrucción por Rusia de los arsenales de armas químicas. A pesar de ello, el Reino Unido y EE. UU. siguen acusando sin fundamento alguno a Rusia de estar violando dicha Convención. Comparando el desarrollo de la situación en Salisbury con las provocaciones en Guta Oriental y en Khay Shaykhun, llegamos a la conclusión inequívoca de que los países occidentales, para desacreditar a la Federación de Rusia y a su gobierno legítimo y alcanzar sus objetivos, no desdeñan ningún método, por muy dudoso e ilegal que sea.