Francisco Javier Bautista Lara
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Hay nuevos fenómenos o comportamientos que se expanden con celeridad como tendencias globales e irreversibles. Algunos tienen su origen varias décadas atrás, pero ahora, en las postrimerías del siglo pasado e inicio del actual, evidencian una presencia contundente o generalizada como parte de dinámicos y diversificados cambios que nos envuelven. 

¿Qué se impone? Quienes no se percaten y adapten, terminarán al margen. Personas, grupos, emprendimientos, negocios, creencias e iniciativas, quedarán fuera. Todo se transforma, ¿nos montamos al tren o nos deja? Referiré algunas tendencias:

Primero: frente al desarrollo electrónico, las personas/empresas adquieren artículos, contratan servicios, reservan vuelos, hospedaje, taxi, transfieren dinero y otros, a través de comercio electrónico, compra/venta en Internet o negocio en línea. Fue incipiente en la década del setenta, comenzó a expandirse a fines del noventa y logra imponerse en la presente década.  El incremento mundial anual de las ventas electrónicas (últimos cinco años), es 20%; hay mayor uso de dispositivos móviles.

Segundo: atendemos la “recomendación directa”. Las personas y empresas creen menos en la publicidad masiva, general e impersonal para contratar un bien o servicio. Recurrimos a la sugerencia del pariente, amigo o conocido, al testimonio que recomienda un producto o servicio a partir de beneficios que comprobó. Funciona de voz a voz,  a través de redes sociales y grupos, en los que, por múltiples afinidades, las personas se juntan; son espacios virtuales donde comparten: información, soluciones, ofertas, testimonios, necesidades, preocupaciones, iniciativas, contactos, etc. Recomendamos la película vista, el libro leído, el restaurante visitado, los lugares conocidos, el abogado, médico o profesional consultado, alimentos, medicamentos, hábitos y estilos de vida que nos dan salud, al taxista, mecánico, fontanero, etc. 

Tercero: hay más personas que no necesitan trabajar en horario regular y espacio físico. La jornada laboral, incluso para estudiar, se flexibiliza gracias a aplicaciones electrónicas. Desde cualquier lugar, en diversas horas, se cumple la labor, participamos en conferencias, reuniones y cursos, aprovechando los versátiles mecanismos virtuales. Muchas empresas, -por facilidad, bajar costos y conveniencias mutuas-, optan por menos personas en oficinas: desempeñan tareas en línea. 

Cuarto: todo funciona en red, es difícil que algo/alguien subsista y se desarrolle fuera de la interconexión, no hay “islas”. Aumenta la complejidad y el “enredo” (unifica/simplifica). No hay subsistencia fuera de la red: social, educativa, política, mercadeo, económica, científica, logística, informática, profesional, telefónica, vial, etc., directa o indirecta, real o virtual. William y John Mcneill, en “Las redes humanas” (2003), argumentan que la historia de las sociedades humanas se ha conformado a partir de redes de comunicación e intercambio, para cooperar y competir, que ahora son cosmopolitas e imposibles de evadir.

Quinto: interesa menos el currículo, los títulos son secundarios; empleador y emprendedor, se enfocan en, -a partir de experiencias y recomendaciones confiables-, capacidad de identificar problemas, ejecutar soluciones y establecer relaciones positivas. Conviene organizar el aprendizaje según cada propósito. 

Sexto: leemos más libros, textos, diarios y revistas electrónicas, consultamos todo por Internet. Este escrito tendrá más lectores en versión digital que impresa, lo que trae consecuencia en negocios y ocupaciones; deben acomodarse a nuevas circunstancias en su disposición organizativa, noticiosa, educativa, recreativa, comercial y publicitaria. 

Séptimo: la “comida rápida”, calificada “chatarra”, comienza a modificarse. Se difunde una cultura para un estilo de vida saludable, y alternativas para alimentarse, manejar el estrés y cuidar la salud. Se dispone también de comida rápida sana que podemos combinar de acuerdo a la oferta y preferencia; el “combo” tradicional se modifica. Crece interés por salud física, espiritual y emocional, por cuidar comidas, bebidas y prácticas, percibimos las consecuencias negativas del estrés, la vida sedentaria, la comida sintética, grasosa, enlatada y condimentada. 

Octavo: todos los ámbitos, para respuestas integrales y duraderas, requieren soluciones multidisciplinarias. Trabajar en equipo es imprescindible. En cada fenómeno –visto desde varios enfoques-, interactúan muchos factores. Ninguna disciplina sola puede resolver los problemas: desarrollo urbanístico, seguridad ciudadana, prevención de violencia, institucionalidad política, esperanza de vida, salud pública, desempleo…

Además hay otras megatendencias: mayor población urbana que rural, crisis del modelo de partidos políticos, decadencia de la universidad frente a demandas de desarrollo, fragmentación nacional y geopolítica (de la integración a la fragmentación)... Lo entendamos u obviemos, todas estas tendencias modifican radicalmente los escenarios políticos, económicos, sociales y culturales, locales y globales del siglo XXI.

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