Galo Muñoz Arce
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El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, confirmó este viernes 13 de abril el asesinato del periodista Javier Ortega, del fotógrafo Paúl Rivas y del conductor Efraín Segarra, del equipo periodístico de El Comercio, secuestrados el 26 de marzo en Mataje, cuando realizaban su trabajo. 

Moreno dijo este viernes que se han retomado las operaciones de seguridad en la zona del secuestro (suspendidas para la búsqueda de la liberación) y dispuso siete medidas más, entre ellas que se levante la reserva sobre la información del manejo del secuestro. Asimismo,  anunció que se ha fijado una recompensa de US$100,000 por información que permita dar con el paradero de Walter Arizala Vernaza, alias Guacho, responsable del secuestro con el llamado frente Óliver Sinisterra, integrado por disidentes de las FARC. 

El presidente informó además que se ha coordinado con actores de paz como el Comité Internacional de la Cruz Roja para el rescate de los cadáveres en la zona fronteriza entre Ecuador y Colombia. Tras la confirmación de la noticia del asesinato de los tres periodistas, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, declaró tres días de luto. 

Previamente, la noche del jueves 11 de abril en las  salas del ECU 911 fue algo así como una obra de teatro del absurdo, cuyo guión giraba alrededor de ese conflicto: cómo aceptar tres muertes que dejan ver su siniestra figura sin la confirmación de una autoridad. O cómo esperar la confirmación oficial de tres muertes para poder darla por cierta, a pesar de que todos los actores en el escenario tenían, en silencio y como si fuera un secreto, pistas que señalaban que la tragedia ya se había producido. 

Fue por eso que cuando los ministros y funcionarios empezaron a evadir la noticia, estalló la reacción de dolor e indignación de los periodistas y compañeros de trabajo de los tres secuestrados: Javier, Paúl y Efraín. Los gritos y reclamos salieron con la fuerza brutal y desgarradora que tienen los dolores que han estado ahogados y reprimidos durante mucho tiempo.

La noticia que dio Moreno aterrizó como cae un aguacero en tierra mojada. Efraín, Javier y Paúl ya habían sido llorados durante las horas posteriores a la absurda obra que se había escenificado en el frío del Itchimbía, ahí donde aparece imponente el adefesio arquitectónico del ECU 911.

Horas después de conocerse oficialmente la noticia sobre el criminal, hecho que enluta al periodismo, familia y la sociedad ecuatoriana, el analista político Dr. Francisco Huerta Montalvo, declaró que si antes no se desató la violencia en la  frontera norte con Colombia, fue porque en el anterior gobierno de Correa había complicidades con el narcotráfico.

La situación en la frontera norte parece que se escapa de las manos. Atentados con bombas, asesinato de periodistas, violencia… y el Gobierno no da señales de tener luces claras para manejar la crisis. “Dijimos en su tiempo hace nueve años que estábamos en riesgo de convertirnos en  una narco democracia. Y ese riesgo no se tomó en serio”, sostuvo el analista político ecuatoriano.

Reiteró que ahora ya somos una narcodemocracia, que durante un período fue una narcodictadura. “No porque los dictadores hayan sido narcotraficantes, pero si porque permitían que los narcotraficantes hicieran en el Ecuador lo que ellos querían”.

“Nosotros descubrimos en la investigación de Angostura la enorme penetración del narcotráfico que en ese momento ya se daba. No puede haber magnitud del narcotráfico como la que hemos enfrentado sin complicidades de alto nivel. Complicidades en Fuerzas Armadas, en la Policía, y en los altos mandos del Gobierno. Eso es lo que ha estado ocurriendo”, señaló el Dr. Huerta Montalvo.

La crisis es grave y la manera de encontrar la salida es con unidad nacional y contando con las autoridades competentes para cargos sensibles. A menos de cumplir un año que asumió el poder  Lenín Moreno, las estructuras del correísmo en el aparato estatal se mantiene intactas. El ideal de que otro Ecuador sí es posible, volvió a enturbiarse con las viejas formas partidocráticas de ejercicio del poder político, que han regresado de la mano de este Gobierno.