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En mi rutina diaria (o casi diaria) de trotar por la mañana, repaso mentalmente los temas que ocupan mis días. Leí la noticia de que un nuevo pelotero nicaragüense fue llamado a las grandes ligas, qué orgullo, para representar al equipo de la ciudad de Cincinnati. Esta ciudad con un poco más de 2 millones de habitantes, pertenece al estado norteño de Ohio y fue fundada en 1788 cuando un grupo de colonos, liderados por el coronel Robert Patterson, decidieron ubicarse a orillas de los ríos Licking y Ohio.

Inicialmente, el “settlement” fue llamado “Losantiville”, pero dos años después el gobernador de los territorios del noreste Arthur T. Clair le cambió el nombre a Cincinnati, en honor a la “Sociedad de El Cincinnati”, una sociedad hereditaria fundada en 1783 por excombatientes de la guerra de independencia de los Estados Unidos, cuyo nombre fue tomado del general romano Lucius Quinctius Cincinnatus, quien vivió entre el año 519 y el 430 antes de Cristo.

Según la leyenda, en el año 458 a.C. el general Cincinnatus fue nombrado “Dictador” por el senado romano, con la intención de dar poderes ilimitados a una persona capaz de defender a la República de los ataques de los Ecuos, tribu itálica del noreste del Lacio.

En esa época, el “Dictador” no se autonombraba por la fuerza, sino que era nombrado por el senado normalmente para defender a Roma en tiempos de guerra y su período tenía una duración de seis meses. El “Dictador” contaba con la capacidad de hacer y deshacer leyes a su antojo y la desobediencia a sus órdenes era castigada severamente. Al terminar el período del “Dictador”, sus actos no eran sujeto de persecución y aunque hubiese actuado ilegalmente, el “Dictador” no era responsable de sus acciones durante el plazo dictatorial.

Así, ante un ataque de los Ecuos, los cuales rodearon al ejército del Lucio Minucio Esquilino, el senado nombró a Cincinnatus, quien de inmediato formó un ejército por decreto, atacó y venció a los Ecuos en la batalla del Monte Álgido. Así, quince días después de haber sido nombrado, Cincinnatus renunció a su puesto y regresó a su hacienda.

En el año 439 a.C., cuando el plebeyo Spurius Maelius intentó hacerse nombrar Rey, el senado volvió a escoger a Cincinnatus como “Dictador”, crisis que terminó con la muerte de Maelius y la inmediata renuncia del “Dictador”, quien retornó a sus quehaceres agrícolas.

Se dice que el legado de Cincinnatus, de servir desinteresadamente a su patria, sin aprovecharse de la posición que le fue otorgada, ni para enriquecerse, ni para perpetuarse, inspiró al general George Washington.

El padre de la patria estadounidense fue nombrado General en Jefe de la Armada Continental (fuerza armada revolucionaria) en 1775, para combatir a las fuerza inglesas y conseguir la independencia. Después de la firma del tratado de París en 1783, donde los británicos reconocieron a los Estados Unidos, Washington renunció a su puesto y regresó a su hacienda (Mount Vernon).

Poco después fue nombrado presidente de la “Sociedad de El Cincinnati”. Entre 1789 y 1797 fue electo presidente de los Estados Unidos de América por dos períodos, y aunque la constitución no contemplaba límites, Washington declinó postularse para un tercer período.

Para Ron Chernow, biógrafo de Washington, la decisión de no postularse fue trascendental para el futuro de la naciente República. Cuando muchos compatriotas le pedían que siguiera, él entregó el poder “en un mundo donde los líderes siempre tomaban más…”

Al ser ascendido por los Rojos, Alex Blandino se convirtió en el 15vo jugador de grandes ligas que ha producido Nicaragua. Sin embargo, después de 196 años de vida republicana seguimos sin encontrar nuestro primer Cincinato.

Panamá, 16 de abril de 2018

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