Francisco Javier Bautista Lara
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“Yo he sido siempre sincero partidario de la paz”. Rubén Darío

Las circunstancias derivadas de la reforma al Instituto de Seguridad Social anunciadas por el Gobierno de Nicaragua (16 de abril), frente a una crónica y casi insoluble crisis que se pospuso y contuvo artificialmente para su abordaje y solución durante tres décadas por gobiernos anteriores, y derivada del colapso orgánico y funcional del modelo de seguridad social en Latinoamérica, originado principalmente por el cambio radical de la estructura demográfica en el último medio siglo (se duplicó la esperanza de vida) y al que se agregan desajustes de gestión en cada país y particulares en Nicaragua, amenaza con alterar la paz y convivencia social, puede afectar el funcionamiento socioeconómico y la institucionalidad política.

La reforma en sí –motivo inicial de protestas-, quedó desplazada de la preocupación fundamental por la manera reactiva social, institucional y policial con la que se actuó frente a brotes de violencia dispersos de inconformes que exacerban los ánimos en algunos barrios y universidades, en Managua, Masaya y otros, de tal forma que ahora, el problema inmediato y grave, es evitar se lesione la convivencia y genere inseguridad social, hay que impedir que se desborde. Evaluarlo con responsabilidad en su justa medida. Sabemos cómo comienza, no cómo ni cuándo termina. La actuación policial, el uso de la fuerza, el desgaste institucional, el agotamiento y tensión entre nuestros hermanos: ciudadanos (aunque sean grupos minoritarios) y policías, el discurso descalificador, las acciones vandálicas y provocadoras, la confrontación entre grupos a favor y en contra, la manipulación política para acarrear “agua a su molino”, el daño a la propiedad, el impedimento a la protesta cívica, la proliferación de desinformación, los 
lesionados, golpeados y lamentablemente tres muertes (sencillos jóvenes nicaragüenses: un policía, un estudiante y un activista político), no son forma de resolver el problema, lo agravan, nos fraccionan, generan desconfianza que, si no se rectifica pronto, puede ser incontenible e imprevisible. Es demostrable que la manera de enfrentar un problema puede contribuir a agravarlo, cae en un círculo vicioso que escalará en magnitud y complejidad. 

Tantos duelos y rencores pasados están siendo superados en el esquema político de solidaridad, comunidad y familia que se impulsa. ¡Hemos conquistado la paz! Preservémosla. Se requiere estar juntos y no dejar de encontrarnos a pesar de nuestras diferencias, conversar con tolerancia franca, construir consenso para el presente y futuro de la nación. Asumamos lo que dice Augusto C. Sandino, símbolo de nuestra nacionalidad: “El amor a la patria lo he puesto por encima de todos mis amores”. 

El gobierno sandinista ha demostrado capacidad de organización comunitaria, movilización social y presencia en espacios públicos, frente a las sensibles reformas anunciadas, ¿por qué no anticipó la comunicación y movilización comunitaria preparando el respaldo o reducir no rechazo a las acciones? ¿Faltó previsión del impacto o reacción pública? Asumir las reformas sin consenso de aliados claves: sector privado, sindicatos, jubilados, organismos comunitarios y universitarios, tenía riesgos que no fueron apreciados. Alterar el consenso mantenido con la empresa privada, modelo ejemplar en la región asumido en la Constitución Política, en asuntos que tocan el funcionamiento empresarial y laboral, reducía la asimilación de la medida. 

El país tiene un poco más de 30 mil empleadores y contribuyentes, ellos afilian a unos 800 mil asegurados. Sobre este pequeño universo descansan los ingresos del Estado y de la seguridad social; 70% de la economía es informal, menos de un tercio de la población empleada económicamente activa está asegurada.  Los datos económicos en la última década son positivos y consistentes, la inversión social contribuye a mejorar la vida de numerosas familias, la infraestructura urbana recupera identidad de las ciudades y espacios públicos para la comunidad; seguridad ciudadana, belleza natural y hospitalidad son indiscutibles ventajas del país. Los escenarios geopolíticos cambian, la economía y la paz mundial conllevan crisis que nos afectan; tenemos asuntos pendientes: pobreza, desigualdad... No arriesguemos las oportunidades, necesitamos avanzar para superar las carencias comunes. 

Comparto esta modesta reflexión, como nicaragüense, sandinista y cristiano católico. Son acciones urgentes, más allá de otras de connotación amplia: cesar la manipulación y la violencia pública, moderar la acción policial enfocándola en prevención comunitaria, fortaleza histórica de la seguridad ciudadana. Integrar por el Gobierno a sectores representativos (empresas, iglesias, sociales, académicos, políticos) en un diálogo para revisar reformas a la seguridad social que quizás deberían ser más profundas de las planteadas. Suspensión temporal del decreto emitido en espera del consenso.

El Señor bendiga y guarde a Nicaragua, a los nicaragüenses, al gobierno nacional, a los compañeros y compañeras policías. Dé sabiduría y serenidad a quienes tienen capacidad de decidir y hacer. Paz y Bien.

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