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A fines de 2006 un personaje del orteguismo aseguró en televisión que las plantas eléctricas que llegaban de Venezuela serían en comodato, lo cual es, según lo explica el penalista Cabanellas, un “contrato de préstamo por el cual una de las partes entrega gratuitamente a otra una cosa no fungible para que use (y disfrute) de ella por cierto tiempo y de modo gratuito”.

Con las plantas en puerto, otro mentiroso del actual sector eléctrico dijo que estarían funcionando en los días de Navidad de ese año. Pero el 13 de marzo del año siguiente el mismo Ortega dijo que las plantas —ya funcionando— costarían unos 250 millones de dólares y que se pagarían en 15 años a un interés del seis por ciento anual.

El orteguismo --por aquellos meses-- había presionado y penetrado como socio en Unión Fenosa. Armado el tinglado el Gobierno trianguló el cobro de las plantas vía tarifas, y el comodato fue una mentira y otra deuda impuesta al pueblo. La naturaleza mentirosa del orteguismo había asestado un golpe bajo a la ciudadanía.

Así, el orteguismo coadyuva con sus socios a colectar; amortiza a Venezuela las plantas y Albanisa --empresa proveedora de servicios, importadora y exportadora de petróleo, desde su posición de empresa privada hace negocios con los subordinados del Gobierno-- y sale “gallo limpio” de un episodio cuyos orígenes fueron urdidos de la misma forma que otros desconocidos amarres.

Las plantas tienen remotos antecedentes, desde cuando el Contralor presidente de aquellos días --el mismo cada año de por medio, los otros no ven ni oyen--, rehusaron admitir que el gobierno anterior contratara una barcaza para generar 60 megavatios, decisión que causó una crisis energética en marzo de 2007, para que las redentoras plantas venezolanas llegaran a resolver la situación.

Entre quienes actúan en la cosa pública, mentir no es accidental porque es una conducta que procede de su forma de ser y porque decir los hechos verdaderos nunca conviene al mentiroso. La mentira tarde o temprano se devela y su daño ocasiona la pérdida de la confianza de quienes recibieron la alegría de un mensaje y se les dio otra realidad.

El orteguismo se vale de cualquier recurso para lograr su objetivo. Llegará un día en que se reúnan y publiquen los cientos de abusos sostenidos de este régimen para devenir en que es falso, incompetente, mentiroso y rapaz. Solamente las violaciones a la Ley Electoral en las elecciones recientes fueron unas sesenta, cuya aclaración el pueblo está y estará demandando y denunciando ante el mundo, el tiempo que sea necesario.

Sostener el servicio eléctrico a la población es un deber del Gobierno y no debe vanagloriarse de ello; lo malo es mentir asegurando que las plantas venían con el joropo del comodato y “de la solidaridad fraterna de Venezuela”. Si se hacen cuentas, el crédito concedido por las planta costará más de 500 millones de dólares.

El orteguismo manda a aquel personaje a inventar comodatos y enredar entuertos; luego su jefe dice otra versión del tema en ocasiones en donde nadie le puede preguntar nada y finalmente el mismo que en once años hizo tanto daño al sector eléctrico explica la “letra menuda” en pesos y centavos. ¿Y la Contraloría? Ésta vive la mudez de la vergüenza.

Es sospechoso que las protestas contra la Distribuidora de energía aminoraron hasta que el Gobierno penetró sus estructuras como socio, lo que sucede con las ahora fantasmales protestas contra Enacal, al subsidio al transporte, el silencio universitario por su estatizado presupuesto. Organizar los CPC no sólo incluyó tener fuerzas de choque disponibles, sino obtener silencio de las protestas contra su Gobierno a cambio del chantaje, de prebendas o trabajo por carnés.

El orteguismo es un mal asentado en un eje que sostiene el espíritu de un individuo culpable de la situación nacional. Tengo fe en la unidad de la oposición para derrotarlo sostenidamente --como ocurrió en tres elecciones consecutivas--, para que su fuerza sea cada vez más débil hasta llevarlo y mantenerlo en su mínima expresión.


*Abogado y Notario