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Estoy absolutamente convencido que la solución a esta crisis y el futuro de Nicaragua depende de un diálogo nacional incluyente, público, sin prebendas, pactos, intereses por debajo de la mesa y peor aún arreglos a medias o solo para ganar tiempo.

Estamos posiblemente ante uno de los retos más grandes que como sociedad enfrentamos y no podemos caer en el error de radicalizar nuestras acciones y mucho menos nuestro pensamiento y buen juicio. Tenemos que llegar a un diálogo nacional de la forma más pragmática y fría posible, no cerrar ninguna posibilidad, pero tampoco en una actitud sumisa o cobarde.

Debemos plantear de frente las necesidades que la gran mayoría de nicaragüenses queremos que se solucionen, entre ellas, la independencia de los poderes del Estado, democracia, observación electoral y cambios profundos en el Consejo Supremo Electoral, irrestricta libertad de movimiento, respeto a los derechos humanos fundamentales, entre otros.

Debemos encontrar un balance entre la euforia de los jóvenes y la serenidad de los mayores, hay que dirigir bien y con un propósito esa energía, esa rebelión y esa búsqueda correcta y legítima de un cambio para todos. No podemos caer en una anarquía sin propósito y es muy probable que los cambios que queremos no sean de inmediato, pero se van a dar.

No deberíamos condicionar el diálogo a cosas imposibles o con carácter de inmediatez, las cosas tienen que ir cayendo por su propio peso y por supuesto que vamos a exigir que se cumplan, no desperdiciemos esta dolorosa oportunidad que nos la han brindado jóvenes ofrendando su vida, para que por desesperación e inmadurez no cambiemos las cosas que ellos querían cambiar.

A partir de hoy, el diálogo nacional no puede ser de un solo actor, está demostrado que hay nuevos actores que hay que escucharlos y darles el lugar que se merecen, ciertamente nuestros jóvenes tienen su lugar por derecho propio, la Iglesia es fundamental y cualquier movimiento de este país que quiera participar que participe, escuchemos a todos, todos tenemos algo qué decir.

Espero que se tenga el buen juicio de escoger caras nuevas y sangre fresca de ambos lados, para que realmente podamos construir un país viable y justo para todos. Es difícil pensar que no existan buenos ciudadanos que podamos pensar por el bien común en vez del propio, que en el Gobierno no existan personas moderadas y que no sean los victimarios los que reciban a las víctimas.

Este diálogo nacional ya no es solamente económico o político, es un diálogo social y esta sociedad debe de ser sanada, si de verdad queremos cambios permanentes y duraderos.

Por la memoria de los jóvenes y de todos los que murieron, que Dios nos ilumine e ilumine a los que nos van a representar y les dé la sensatez, la madurez y el valor para que tengamos una patria con justicia y dignidad para todos.