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Nicaragua, como todos los países, demanda personas llenas de propósito, genuinamente justas y llenas de amor.

Azul y blanco son los colores de la bandera de Nicaragua. En la última semana, me ha tocado ver desde México, toda la situación que está atravesando mi país. Protestas que terminaron con más de 30 muertos (mayoría estudiantes y uno menor de edad) y decenas de desaparecidos; descontrol e incertidumbre total. Observarlo, me causó profunda impotencia, tristeza y enojo, no pude estar en paz desde el jueves hasta el lunes. Conforme fueron pasando los días y fui siguiendo todas las noticias, una convicción era lo que retumbaba en mi corazón: ¡cómo hace falta que Jesús entre a nuestro corazón! Nadie más; ningún gobierno, partido, movimiento o levantamiento tiene la posibilidad de crear una transformación en las vidas, y por ende, en una nación.

En Isaías 9:6-7, se establece esto: “Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin. Reinará con imparcialidad y justicia desde el trono de su antepasado David por toda la eternidad…” La frase que dice: “su gobierno y la paz nunca tendrán fin”, es la clave que nos tiene que llevar a entregarle nuestra vida a Él.

El Hombre Perfecto nació hace 2018 años y a través de su vida nos enseñó cómo vivir a nosotros. Lo mejor de esto, es que esta conducción de justicia e imparcialidad que nos regaló, se puede vivir desde lo más profundo de nuestro corazón, en la medida que nos vayamos rindiendo. Definitivamente es un proceso, pero vale la pena vivirlo. El gran cambio para la nación va a empezar conforme cada persona, familia e institución empiece a tomar esta decisión: mi vida le pertenece a Él, y es Él quien la tiene que gobernar. El gobierno de Jesús es paz, paciencia, gozo, sabiduría, dominio propio, honestidad, alegría o resumido en una sola palabra: amor. Cualquier dirección fuera de Él, es todo lo contrario. Si nos ponemos a pensar un poco en qué gobierno queremos para nuestras vidas, definitivamente es uno lleno de amor. Todos pasamos nuestras vidas anhelando estas virtudes y una sola persona es la que las puede dar.

Durante este tiempo, me invito a mí mismo y a quien lea esta reflexión, establecer una relación íntima con Él. Nicaragua, como todos los países, demanda personas llenas de propósito, genuinamente justas y llenas de amor. Un cambio exitoso en el futuro del país está en manos del Autor de la Vida, sin embargo, somos nosotros los que tenemos que fijar nuestros ojos en Él, ir al lugar secreto, leer su Palabra, pedirle al Espíritu Santo que nos hable y encontrarlo día tras día. Poco a poco, vamos a ir viendo los frutos de la perseverancia. ¡Oremos por nuestra nación!

* Estudiante, 20 años.