Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
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Los acontecimientos ocurridos hace algunos días han sido la evidencia de la inconformidad de la población ante las decisiones tomadas por el Gobierno. Las personas de un momento a otro explotaron y salieron a protestar a las calles. Hecho histórico donde cantidades de personas asistieron y se unieron con un pensamiento en común.

A través de estos sucesos se ha llegado al momento de toparse, las personas, con quiénes tienen diferencias ideales y que están a favor del Gobierno y dichas decisiones. Lo que ha traído violencia y falta de paz. Ya sea por problemas de poca tolerancia, odio, irrespeto o diferencia de ideologías.

Producto de esto surgieron más personas y más protestas. Provocando un atraso en el tiempo global del país, para los estudiantes, trabajadores y todo tipo de persona que dependen del consumo de la población.

Muchos de los protestantes se vieron obligados a protegerse en las universidades, y así hacer una contra a quienes trataban de silenciar sus protestas, como simpatizantes sandinistas y la Policía Nacional.

El problema, y uno de los detonantes a las demás protestas que surgieron, fue el intento de reprimir las protestas iniciales, la violencia y las personas heridas que no quisieron quedarse calladas. Además de un montón de personas que no representaban ningún bando, que se unieron y pelearon con el gusto de destruir al contrincante, crear violencia, más odio y desmoronar el país, que hasta entonces, antes del incendio en Indio-Maíz, estaba en calma.

Rápidamente las cosas empeoraron, desmoronando y retrasando al final a Nicaragua. Dónde muchas personas salieron afectadas. Locales, tiendas, supermercados saqueados por personas que se aprovecharon de la situación del país, por personas que no tenían nada que ver en las protestas, por personas sinvergüenzas, por personas pobres de mentalidad.

Las personas están dolidas con las pérdidas, las muertes de jóvenes que estuvieron protestando. Hacen velas, vigilias y más protestas.

Las personas y protestantes, y vándalos algunos, se han dedicado a destruir a toda Nicaragua y su propia dignidad.

Varios árboles de la vida han caído a manos de las personas inconformes. Se ha vuelto un grupo tan grande y tan unido por la misma ideología de estar en contra del Gobierno actual.

Finalmente, las pérdidas de personas terminaron siendo significativas para quienes protestaron y estaban a favor de estos mismos caídos. La vida de cualquier persona debe dolernos, sea quien sea, tenga ideología o no, somos nicaragüenses y perder una vida de un joven duele mucho, porque esos jóvenes también querían una mejor Nicaragua. 

Para otros solo son simples jóvenes que perdieron la vida sin más, sin razón, con poca empatía, confrontados por defender cada quien su posición y lo que se debió hacer con una protesta cívica sin ser impedida, desembocó en un airado descontento.   

Nicaragua se ha visto envuelta en una guerra momentánea, repentina, dónde estalló el sentimiento reprimido de algunas personas. Tanto así, para unirse y hacer marchas gigantescas, protestas, vandalismo y violencia por parte de todos los bandos.

Nadie es perfecto en esta vida y todos comenten errores. Pero a veces a mejor comparecer y pedir disculpas, que actuar desesperadamente, perder la razón y hasta matar a nuestro hermano de al lado. 

Pronto todo estará en normalidad. Alguna gente olvidará lo ocurrido, otros les valdrá totalmente. Pero… ¿Será que la población se quede satisfecha con el diálogo que está por venir? Aboguemos porque eso tenga resultados y aunque Nicaragua no vuelva a ser la misma, que para el futuro a los jóvenes nos hereden un país más tolerante, más respetuoso de las ideas de los demás, más en armonía y en avance, porque todos nos necesitamos para que Nicaragua sea mejor.