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Después de estos días ensangrentados, la historia nos brinda la oportunidad de caminar hacia una gran transición, el paso de una cultura de violencia e imposición a una cultura de paz; ha llegado la hora del paso de la fuerza a la palabra, al diálogo transformador. Nosotros somos hijos de la palabra “...En el principio era el Verbo...”, dice el Génesis, “...El Verbo se hizo carne...” dice el Nuevo Testamento. En la última composición de nuestro ADN existe un código, segun descubrimientos de científicos franceses.

El obispo Báez ve, no sin razón, el camino a la mesa de diálogo con incertidumbre, pues ese camino está sembrado de abrojos. Sin embargo, la única alternativa diferente al diálogo es volver a la violencia, que podría abrir las puertas a una guerra civil. Sí, existen sectores que en sus perspectivas manejan esta posibilidad extrema. Por lo tanto, todos debemos mantenernos movilizados en función de que el diálogo no se vacíe de contenido, ni sea una vez más un instrumento de engaño a las aspiraciones más caras de nuestro pueblo. 

El diálogo debe llevar a acuerdos claros, sustantivos, precisos, verificables y cronogramados para su cumplimiento. El acompañamiento internacional de la OEA y la ONU debe ser considerado. El diálogo tiene una gran fuerza de cambio para quienes se comprometen con él por el poder transformador de la palabra. Se han dado algunos pasos necesarios a un clima de confianza, debe continuarse en esa dirección, suprimiendo medidas represivas, psicológicas, de control y despido en el Estado y sistema educativo, de igual manera la labor de inteligencia y amenaza por parte de la Policía y el matonerismo.

La dimensión y naturaleza de la tragedia que vivimos, en aras de sentar las bases mínimas de construcción de paz demanda: solicitud de perdón a la sociedad nicaragüense por parte del presidente Ortega en nombre del Estado por las víctimas de la violencia represiva del Gobierno en estos días; la verdad sobre las víctimas, su destino y circunstancias en que fueron muertos y heridos; el sometimiento a la justicia de los victimarios, su arrepentimiento, el perdón, la reparación y la no repetición; todo ello promovido y a cargo de una Comisión de la Verdad independiente constitutida por personalidades de intachable integridad moral de nuestro país y apoyo internacional.

El levantamiento nacional cívico al que asistimos constituye el escrutinio más alto de la historia. No hacen falta urnas para entender el sentimiento y la voluntad nacional. El presidente Ortega en otros momentos históricos ha dado muestras de humildad, entereza y objetividad para alcanzar la paz como lo fue en 1989 adelantando las elecciones, si se quisiera hablar del más radical de los cambios. Él vivió de manera protagónica los diálogos para la paz de: Manzanillo, Contadora, Esquipulas, Sapoá, La Transición, etc. Pero también, aquellos usados como recursos tácticos para alcanzar objetivos estratégicos como lo fue con el Partido Liberal del presidente Alemán. La realidad que vivimos nos llama a imaginar y diseñar una nueva Nicaragua. Es importante que el presidente Ortega se nutra de lo mejor del pensamiento que le rodea, no de los sectores envilecidos por el poder.

Una idea aventurada para quienes vivimos los días épicos y dramáticos de la revolución sería la invitación a los miembros de la Dirección Nacional Histórica a que encuentren en este momento crucial de nuestra vida como nación el elemento unificador para que con la distancia necesaria escriban un documento con ideas, recomendaciones, sugerencias al presidente Ortega como viejos compañeros en las lides revolucionarias.

El Instituto Martin Luther King de la Universidad Politécnica de Nicaragua considera que la violencia que ha vivido nuestro país es reflejo de nuestra historia y que la cultura de paz es la única alternativa a nuestros ciclos recurrentes de confrontación. El paradigma de la cultura de paz ha sido aprobado por las Naciones Unidas como un paradigma holístico valido para todos los países del mundo, América Latina lo ha acogido y algunos países lo han incorporado en sus preceptos constitucionales. Nicaragua debe y puede hacerlo. El gobierno se ha mostrado renuente hasta ahora a escuchar las diferentes propuestas que hemos hecho en este sentido a lo largo de estos años.

Por nuestra parte, como contribución de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) a través de su Instituto Martin Luther King a la mesa de diálogo, estamos listos para hacer llegar la Iniciativa de Ley para una Cultura de Paz en Nicaragua. Esta iniciativa tiene como objetivo incorporar con rango institucional a la Cultura de Paz como fundamento del sistema educativo, pues consideramos que la educación para una cultura de paz es la respuesta estructural a nuestra historia de violencia. Ello conlleva la educación de nuestra niñez, adolescencia y juventud en formas diferentes, pacíficas de resolución de las disputas, el valor del diálogo, la concertación, la negociación y la mediación como métodos y técnicas para superar los problemas en una comunidad y en el país; conlleva la educación en la promoción y defensa de la vida y de los derechos y deberes del ser humano, su integridad y su dignidad, la educación en los valores de la libertad y la justicia, la solidaridad y la tolerancia y el asumir la diferencia como riqueza; la protección y cuido del medioambiente entendiendo la naturaleza como un ser vivo, con sus derechos inextricablemente unidos a los derechos y deberes del ser humano; conlleva la construcción de ciudadanía como expresión de la vida democrática; la equidad de género en todas sus manifestaciones, la interculturalidad como expresión de la diversidad y riqueza humana y la renuncia para siempre a la represión a nuestro pueblo.

Cualquier cambio que se promueva en la mesa de diálogo debe incorporar la cultura de la paz.

* Instituto Martin Luther King - UPOLI

29 de abril de 2018.