Adolfo Miranda Sáenz
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En la historia universal son innumerables los conflictos que se evitaron o solucionaron gracias al diálogo y a los acuerdos alcanzados. En Nicaragua hemos tenido excelentes pactos o acuerdos, como el “Pacto Providencial” de 1856 entre los partidos democrático y legitimista para derrotar y expulsar a William Walker y sus tropas. Recientemente, en 1989, se dieron los “Acuerdos de Sapoá” que permitieron el fin de la guerra entre sandinistas y contras, y elecciones libres observadas internacionalmente, que ganó la Unión Nacional Opositora y perdió el Frente Sandinista.

Acabamos de vivir unos días de protestas y represión, con muchos muertos, heridos, mutilados, apaleados, encarcelados, torturados… en una respuesta de grupos de choque progobierno y la Policía Nacional, que fue una terrible represión brutal y sangrienta. Esto ha dejado en la inmensa mayoría de los nicaragüenses un sentimiento de dolor, repudio y coraje contra el Gobierno, que se mantiene latente en la espera pacífica y esperanzadora de un diálogo nacional, que de fracasar, volvería a desatar manifestaciones populares, las cuales, al ser reprimidas, traería a Nicaragua de nuevo la violencia y caeríamos en la “venezuelización” de nuestro país. Algo no deseable para nadie. Venezuela está destruida, sin alimentos ni medicinas para el pueblo, con niños muriendo por falta de un antibiótico, gente muriendo de hambre, y un gobierno que allí sigue, sigue y sigue… después de cinco años de estar luchando y muriendo el pueblo en las calles. Por eso, la única solución para Nicaragua es un proceso electoral justo, libre, h
onesto y observado internacionalmente. Para lograrlo debemos darle oportunidad al diálogo. 

La Conferencia Episcopal de Nicaragua es la mediadora y garante (testigo), que ha decidido que su presidente y prelado de mayor jerarquía, el cardenal Brenes, coordine al equipo mediador, lo cual él ha dicho que aceptó porque así se lo pidió la CEN, y que trabaja en ello colegiadamente con la CEN, hasta que la CEN lo considere conveniente. La CEN nombró un equipo para acompañar al cardenal, integrado por los obispos Silvio Báez, Bosco Vivas, Jorge Solórzano y Rolando Álvarez.  Pero este diálogo tiene muchas dificultades que superar: 1. Quiénes serán los dialogantes. 2. Cuál será la agenda. 3. Cómo será la metodología (una sola mesa, varias mesas según temas, etc.). 4. De qué manera llegar a acuerdos satisfactorios para las partes. ¡No es fácil! Ni se puede improvisar en carrera porque se caería en un fracaso prematuro.

Durante la reciente represión, los partidos políticos guardaron sus propias banderas para protestar bajo una sola bandera azul y blanco. Creo que, por ahora, cuando los grandes protagonistas de la lucha fueron los jóvenes estudiantes, en el diálogo ellos deben estar representados, pero también otros sectores, como los rectores de universidades privadas, empresarios, trabajadores y sociedad civil; pero prudentemente los partidos políticos y los organismos de la sociedad civil identificados con determinadas corrientes políticas, deben esperar. Seguramente un día la juventud recuperará su confianza en los partidos políticos, pero ahora, en su mayoría, no la tienen. Aunque más adelante, al llegar a ciertos temas, podrían incorporarse los partidos y movimientos políticos. 

No hay que pedir lo que sabemos que es imposible que se acepte, porque, aunque suene bonito para quien quiera lucirse, sería acabar con el diálogo y volver a la violencia… ¡y más muertes innecesarias! Hay que exigir lo posible. ¿Adelantar las elecciones? Seamos realistas:  ahorita no estamos ni unidos ni organizados, y unirnos va a costar mucho; igualmente organizarnos. Necesitamos tiempo. Lo sensato es prepararnos unidos para el 2020. ¿Trasmitir el diálogo en vivo? ¡Sería un show! La gente hablaría para las cámaras, para lucirse, y no se dirían las cosas que algunos dirían, reconocerían y aceptarían en privado. Hay dos bases para iniciar el diálogo: 1. El documento de la CEN presentado el 21 de mayo de 2014. 2. Los acuerdos suscritos por el Gobierno y la OEA que deben llevar a un rápido cambio del Consejo Supremo Electoral, cambios en la Ley Electoral, complimiento de la Carta Interamericana Democrática y elecciones libres y honestas, observadas internacionalmente (OEA, Comisión Europea, Centro Carter, etc.) ¡Es momento de agilizarlo! Con una oposición totalmente unida y bien organizada tendríamos en 2020 un triunfo y un cambio de gobierno pacífico y tranquilo, como sucedió en 1990. (Aclaración: Lo dicho en mis comentarios expresa solo mi opinión personal).

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