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Dentro de poco tiempo reinarán en Nicaragua verdaderos movimientos sociales al proclamar cambios en la estructura económica y política del país. La bandera de lucha será en contra de los que adquirieron propiedades mal habidas por medio del Estado. Ahora se trata de impedir que se establezca el orden dictatorial que a través de sus organizaciones políticas están imponiendo la familia Ortega-Murillo-Alemán. Ellos están destruyendo el Estado republicano democrático para levantar sobre los escombros de la vieja dictadura somocista, los intereses económicos del nuevo grupo en cuestión. Lo novedoso consiste en que van a contar o ya cuentan con las fuerzas de las instituciones de la Policía y Ejército, en momentos en que ya había sido sepultado el triángulo Partido, Gobierno y Fuerzas Armadas. Volvemos a la reaccionaria formación de la alianza partidaria.

De acuerdo a la Constitución, el Presidente actual es el jefe de las Fuerzas Armadas (entiéndase: Policía y Ejército). Eso no se discute. Sin embargo para llegar a concebir y descubrir lo que significa este concepto dentro de las facultades que le da la Constitución al gobernante, a él no le da derecho a ejercerla a su antojo, hay que valorar el papel de la razón, del conocimiento y tomar en cuenta el resto de los sectores económicos, gremiales, sindicales y la sociedad civil en su conjunto que son afectados. Hay que reflexionar y defender entre todos los sectores del país la Constitución, por lo menos en los hechos más importantes; para impedir que se irrespete el principio de autoridad y evitar los excesos amparados arbitrariamente en la Constitución Política del Estado y que hoy sólo sirve a los intereses del grupo en gestión.

La manera de enjuiciar a los pactistas por la población, es que se dé el viraje del cambio gubernamental para evitar el aumento de sus medios económicos y lo transformen en poder tal como lo proyectó Somoza. Las organizaciones políticas y económicas de la oposición tienen el deber de volver incapaces a la actual dominación política y económica, del sistema que se quiere imponer. La oposición es de vital importancia para hacer respetar la Constitución, las Instituciones y a sus ministros; como punto de partida.

La situación política puede agravarse y ser decisiva en los próximos meses. La estrategia de poner fin al Pacto Ortega-Alemán, se convierte en un elemento político de trascendencia estratégica; aglutina, por un lado, a favor de la Constitución para detener la creación del Estado de una familia; por otro, será obra de parte de los organismos antipacto. Los métodos de lucha nos lo dictará el gobierno, será de ¿fuerza o de violencia? Hasta hoy, el gobierno ha usado la fuerza contra los manifestantes a través de los grupos educados en morteros, asaltantes, macheteros y otros cubriéndose la cara, eso nos advierte el clima de la situación futura; además estos métodos de lucha han sido denunciados por la Curia Episcopal de Nicaragua.

Sin querer entrar en los puntos de cambios de la Policía, me llamó la atención la explicación que dio la primera Comisionada de la Policía Nacional recientemente al expresar acerca de la Institución que ésta no está preparada para sancionar a los que porten morteros o cualquier otra arma hechiza, porque, es cierto, advirtió, están prohibidas, y argumentó, más adelante, que no estaban en capacidad de sancionar por no existir ningún reglamento jurídico. De ello se desprende que la lucha es frontal y cualquier organismo político puede hacer uso de las armas hechizas. El campo está libre de la manera cómo enfoca este dilema la Policía.

En cuanto al Consejo Supremo Electoral, que se prestó al fraude de las elecciones de noviembre del año pasado, se expresa entre un choque de la sociedad civil y el Consejo Supremo Electoral. Ésa es la experiencia de las elecciones municipales.

Las instancias partidarias y no partidarias representando la JRV testificaron la falsedad de las actas, cómo las alteraron, y esto no es un reportaje periodístico, pues el Señor Magistrado del Consejo Supremo Electoral, José Marenco Cardenal, declaró en estos días cómo se organizó y se preparó el fraude electoral entre los dos partidos FSLN y PLC. Ya esta anomalía la había denunciado antes el Magistrado Luis Benavides.

Esta lucha recaerá bajo los organismos de la sociedad civil, y no de los partidos políticos, a éstos hay que echarlos al camión de la basura. Será una lucha dura, larga, pero así está planteada. No es un regalo lo que se está demandando, sino un derecho que le fue mancillado a la población votante y no votante.

Se llegará a un momento crítico en la historia de Nicaragua cuando el círculo de los pactistas empiecen a discutir las reformas a la Constitución para cambiar la forma de gobierno presidencial a un sistema político parlamentario. Pero nos preguntamos ¿qué pretenden las fracciones de la nueva oligarquía acerca de las reformas a la Constitución? Desde luego no sólo es reelegirse, sino defender los intereses económicos que crearon por medio del Estado, a eso obedece la concentración del poder de las Instituciones de gobierno y las reformas a la Constitución como premisa para hacer valer y hacer efectiva sus propiedades. Porque una vez fuera del poder este grupo no puede defender sus intereses y privilegios porque las empresas que han adquirido por medio de compras, confiscaciones, pueden perderlas. Recuerden: a la familia Somoza se le confiscó todas sus propiedades. El triunfo de la revolución sandinista el 19 de julio de 1979, consagró el despojo de sus intereses mal habidos, por lo tanto la familia Ortega-Alemán a la hora de un cambio en la política económica del país tienen que entender esta realidad y no es remoto que se continúe en la misma dirección. La historia se repite.

Las dos fracciones políticas del país tratan de consolidar una nueva oligarquía económica bajo la conquista del poder que en 1999 festejaron firmando el pacto de repartición del país. Es un pacto contra la democracia, la República, aplastando los movimientos opositores de tendencia revolucionaria y reformista, afectando profundamente a los sectores productivos; aunque éstos no lo interpreten de esa manera.

En tal situación política se pueden agravar los conflictos sociales entre el sector financiero, comercial y agropecuario, y el gobierno que defiende sus propios intereses desde la Asamblea y el Ejecutivo con la perspectiva de consolidar el nuevo pacto antiliberal y antisandinista, apoyado por los diputados de la Asamblea Nacional.

Este movimiento se inicia cuando Dora María Téllez impulsada por el ambiente antipacto inicia la huelga de hambre cerca de la rotonda Rubén Darío. Posteriormente se denuncia el fraude electoral de las elecciones municipales del nueve de noviembre del 2008 por parte de los partidos políticos y otras personalidades del mundo académico, profesionales, mujeres, jóvenes estudiosos y trabajadores, dando así fuerza a la continuación del movimiento huelguístico. Estos dos movimientos del año pasado es la continuación que persigue la lucha antipacto.

Esta crisis es propia de los dos partidos políticos: el Partido Liberal Constitucionalista y el Frente Sandinista y tratan de resolverla como un problema nacional en donde todos somos responsables de esa componenda. Partiendo de esta situación tratan de elevarla a estrategia bajo un programa de cambio de sistema político y democrático. Al mismo tiempo los dos partidos se preparan en el entendido de evitar un estallido social por miedo a ser desalojados del poder partiendo de la experiencia que originó la huelga y las denuncias electorales. Esto me lleva a la conclusión acerca de la idea que flota en el ambiente desde hace algún tiempo dentro del sandinismo: el fin de la corriente llamada orteguismo, que resultó ser trágica para la existencia del Frente Sandinista; sin exagerar, es al mismo tiempo el origen y fracaso del FSLN con su actual estrategia y táctica de sus líderes y aliados. Por lo tanto la nueva oligarquía política, financiera y comercial en su fanatismo por mantenerse en el poder respaldan todas las decisiones del Consejo Electoral para crear el grupo económico, legalmente, capaz de hacerle competencia a los viejos grupos de antaño.