•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Lo sucedido el 19 de abril en Nicaragua rebasa cualquier canon. 

Personalmente, me suscribo a temas internacionales. Pero este asunto fresco es una tragedia inaceptable que a todos nos ha conmovido. Y no puede pasar inadvertido por la irreflexión de los que usan el poder, sin respetar a los que tienen una conciencia distinta, unos valores diversos, y creen en la libertad como  bien supremo.

Mi punto: la cantaleta ideológica vendida se desmorona por sus propios errores: la mentira, el engaño y la represión.

Se desgajaron las máscaras. Se corrieron los telones. El drama dejó al descubierto la farsa de luces tenebrosas. Moros y cristianos ahora ven las intenciones en los descubiertos rostros y las miradas culpables de los que manejan el poder total. No hay alternativas a la democracia liberal occidental.

El socialismo latinoamericano es un mendrugo envenenado, una trampa grotesca, una vehemente obsesión dictatorial de frutos palpables.

Venezuela es un Estado fallido; Cuba un país-rehén desde hace medio siglo; Bolivia una sociedad dividida y enfrentada, gobernada por un títere ignaro; y en Nicaragua han ido muriendo ley, derechos e instituciones.

 Cuando faltan los valores como el respeto, la tolerancia y la libertad, hay un regreso antropológico a la caverna. 

La ciclicidad de los hechos políticos acá se confirma. 

Además, Hegel diría: “Toda esencia conlleva en sí el germen de su propia destrucción”. Si el marxismo es hegeliano, entonces que le pongan atención a todos los dictados de su credo dogmático que han visto como sentencia fatalista. ¿Y no es que se llenan la boca pontificando sobre historia? 

El deslustrado socialismo del siglo XXI se descoyunta vertiginosamente en los reductos donde se atrinchera. ¿Por qué? Ellos se autodestruyen. Han dictado todo sin dar lugar a la disensión, a la crítica, a la pluralidad. No comprenden que la democracia ennoblece, dignifica, enaltece. 

Si no hubieran reprimido, nunca habrían llegado a este escenario insoportable.  

¿Han pensado que lo único que les hubiera permitido figurar más tiempo en la palestra política habría sido respetar los valores que niegan a sus adversarios: derechos, igualdad ante la ley, libertades políticas? 

No lo comprenden. Prefieren el garrote y la piedra. Esos son los referentes de su educación. Son así porque creen que su ideología es un dogma que se debe imponer. El que no piensa como ellos es un enemigo. ¿Ese es el hombre nuevo que quieren como modelo para el futuro?

En política los que asumen el poder total para gobernar ―sin controles― se engañan.

Se llenan de estadísticas falsas; hacen manifestaciones donde los “protestantes” son empleados públicos, obligados por temor. ¿Y cómo pueden saberse confiados si solo usan coacción, intimidación y represión? El poder usado ante los gobernados pierde su fuerza moral y legitimidad, cuando quiere sojuzgar a otros.   

Lo sucedido en Nicaragua es trágico, degradante. ¿Quién apoya a los represores por creerse dueños absolutos del poder? ¿Es este un punto de inflexión para el minúsculo clan de países secuestrados por los socialistas? 

Cuando esta izquierda sigloveintiunesca reflexione acerca de sus errores cometidos, se dará cuenta que enseñar valores les tenía que pregonar odio e intolerancia. Los valores granjean respeto para sí; la represión, repulsión. 

El que gobierna aduciendo defender a los pobres, y vive como millonario, destroza sus propios argumentos.

El que lucha contra una dictadura y luego sigue los mismos métodos y prácticas del destronado, ¿en qué se diferencia del vencido?

Si en el mundo hay 196 Estados-naciones, ¿enumeren 10 aliados que tengan que les respalden incondicionalmente?

¡Sus únicos aliados son todos aquellos que en sus respectivos países también persiguen a sus ciudadanos por pensar distinto! 

Si el cuento es que los enemigos son de derecha. Bueno, reflexiono: la derecha no es como la pintan. Debe tener algo de fascinante: porque los refugiados que huyen buscan países de derecha; los perseguidos políticos se van a países de derecha; los que progresan viven en países de derecha; los que hablan con plenas libertades viven en países de derecha; los que producen grandes inventos viven en países de derecha.

Las voces que apoyan la democracia vienen de todas partes: de las naciones vecinas, las latinoamericanas, las europeas, las naciones decentes, los organismos multilaterales, los organismos internacionales defensores de los derechos humanos, y hasta muchos de ellos, que poco a poco han ido abriendo los ojos.

Ya la gran mayoría de los nicaragüenses está consciente de que las cantaletas repetidas incansablemente―son cuentos vacíos. 

Ahora, sin asombro, vemos los antifaces caídos en el tablado.