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Conozco Port of Spain, Capital de Trinidad y Tobago, en Trinidad (5.1 mil km cuadrados y 1.3 millones de hab.), una de las islas de las Antillas Menores, a 11 km de Venezuela, frente al Delta del Orinoco, a través de los escritos de V. S. Naipaul (1932), Premio Nobel de Literatura (2001), quien nació en una pequeña localidad cerca de esa ciudad, y contó sobre su entorno caribeño, mulato, hindú y colonial británico. Recuerdo particularmente “El sanador místico” (1957), una novela sobre un hombre (Ganesh), quien de místico pasó a sanador, abandonó los libros, tuvo dinero y movido por la política, empujado por las circunstancias y la popularidad, terminó en los más altos puestos olvidando su origen; se volvió como uno más de quienes navegan entre disfraces y demagogias, terminó por cambiar de apariencia y nombre; de las virtudes del pasado, nada o casi nada quedó. Llega a mi memoria el recuerdo de la ciudad y la ficción al oír desde los medios de comunicación la expectativa por la V Cumbre de las Américas celebrada en Trinidad que convoca a 34 jefes de Estado y de gobierno (con la injustificada ausencia de Cuba, parte geográfica, cultural e histórica inseparable de nuestro continente), un tercio de ellos provienen de partidos de izquierda y movimientos revolucionarios; asiste el carismático recién nombrado 44vo. Presidente de los Estados Unidos, el primero de color de esa nación que se debate junto al mundo rico y pobre en una de las crisis mundiales más graves del último siglo. Todos los nacionales que han electo a sus gobernantes esperan algo que a veces sospechamos no es más que una ilusión. Reunidos en esta histórica y simbólica cumbre, cuyas declaraciones y objeciones quizás no cambien nada, pero en sus previos e informales encuentros y desencuentros, en los discursos, evasiones y culpas, quizás se abra una esperanza de entendimiento y solidaridad a una nueva época a la que tenemos derecho a aspirar también los americanos del centro y del sur. Insulza escribió: “Un nuevo comienzo”, es indudable que una oportunidad se asoma en la ventana de este milenio. ¿Será posible el diálogo tolerante en medio de las diferencias entre las naciones y al interior mismo de nuestros pueblos? No quisiéramos que pase como cuenta Naipaul en su novela, que cuando se asciende a niveles tan altos, no siempre se logra ver y sentir lo que se “creía”, desde la privilegiada posición (la “Silla del Águila” según Carlos Fuentes) del poder, los compromisos cambian, las cosas modifican su color, forma y sentido…
América tiene miedos históricos e inseguridades no resueltas que se suman a las nuevas. Cargamos con ellas y nos ancla la historia metida en la casa negándose a salir. El vecino del norte ha sido tan grande, interventor y expansionista que asusta; recibimos millones de negros esclavos para hacer los trabajos duros después de ser desarraigados despiadadamente del África profunda y triste durante siglos, nuestros ancestros, los pobladores originarios, fueron mayoritariamente exterminados, se pretendió sepultar los templos, la escritura, los monumentos y la cultura; Europa, la colonial e imperial, impuso sus normas y se llevó las riquezas, dejando, como en el extremo de los casos, un Haití devastado, mientras allá a lo lejos, la Revolución Francesa enarbolaba las banderas de libertad, igualdad y fraternidad. “Con la libertad llegó la guillotina” a Puerto Príncipe según escribió en el “Siglo de las luces” Carpentier. Cargamos con la anarquía prevaleciente en los años siguientes a la “independencia”, con las dictaduras militares que azotaron nuestra geografía bajo la complacencia externa, las cárceles llenas y la paz de los sepulcros, las heridas que han quedado abiertas desde la conquista, la colonia y la llamada vida independiente, los desmanes de las rancias oligarquías “nacionales”, los efectos de las guerras, guerrillas, intervenciones, revoluciones y contrarrevoluciones…, las desconfianzas políticas de todos los signos y las fronteras artificiales que nos desunen y nos ponen a pelear para desgastarnos…
Ahora nos aterra la crisis global, las quiebras financieras, la reducción de remesas que constituyen un aporte principal a las economías de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, nuestros inmigrantes que buscan refugio fuera, en el Norte o en algún vecino país con mejores oportunidades, sobre ellos pende la amenaza de la deportación y la separación familiar, nuestras frágiles economías resienten las dificultades de acceso al crédito, el estancamiento, los altos precios y la escasez de alimentos, la caída del empleo, la especulación petrolera, la crisis energética, las condicionalidades políticas de quienes tienen poder económico; la desigualdad socioeconómica agobia nuestras sociedades, la pobreza pulula por las calles y pueblos, el calentamiento global desde hace tiempo provoca tragedias crecientes y amenaza con peores, las maras y pandillas son una constante preocupación en los países del norte de Centroamérica y en varias ciudades del Continente, el narcotráfico extiende sus tentáculos y amenaza las frágiles estructuras institucionales y sociales al manejar gigantescos volúmenes de dinero y activos mayores al PIB centroamericano, se contamina la juventud ante limitadas opciones de estudio y ocupación. El crimen organizado penetra en las estructuras políticas, económicas y sociales, compra voluntades, manipula instituciones y crece aprovechando el desarrollo tecnológico. Latinoamérica es la región del mundo con mayor desigualdad, arrastra un profundo déficit social que demanda respuesta ética urgente; tiene además, una de las tasas delictivas más altas. 120 mil mueren en promedio durante los últimos años por la violencia criminal.

¿Cómo enfrentar estos nuevos riesgos y temores? ¿Estas amenazas crecientes que el postmodernismo con su máscara virtual y heterogénea nos depara con gran incertidumbre y rapidez? ¡Qué difícil es superar las diferencias! ¿Cómo aprender del pasado para enfrentar el futuro? ¡Qué necesario e indispensable es encontrar puntos en común para que los temores crecientes y las terribles amenazas contemporáneas no nos destruyan! La “Declaración de Compromiso de Puerto España” Cumbre de las Américas, fue firmada, ante las dificultades de consenso, por el Primer Ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, en representación de los Jefes de Estado y de Gobierno participantes. Contiene 97 párrafos, 10 de ellos bajo el subtítulo: “Reforzar la Seguridad Pública” y 11 sobre: “Reforzar la Gobernabilidad Democrática”. Hay enunciados “polémicos” y otros de “buenas intenciones”. Después veremos: ¿otro Continente es posible?

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