Augusto Zamora R.*
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Hace 200 años, en Tréveris, Prusia, nacía Karl Heinrich Marx, en el seno de una familia judía acomodada, que facilitó sus estudios en las universidades de Bonn y Humboldt.

En la universidad, Marx descubrió la dialéctica de Hegel–tesis, antítesis, síntesis, que adoptó pero, como diría luego, dándole la vuelta, creando un sistema de análisis aún no superado: el materialismo dialéctico.

En un periodo de hervor de ideas socialistas, Marx se hizo militante. Perseguido en Prusia y Francia, Bélgica le dio asilo, a cambio de que no escribiera.

En 1844 conoció a Friedrich Engels, hijo de un rico empresario. Su amistad cambiará el mundo para siempre. 

En 1848 publican el Manifiesto Comunista, el escrito político más famoso de la historia. “La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases…” está entre las frases más citadas del pensamiento humano.

Imposible reunir en pocas líneas el magistral legado de Marx. Con el suicidio de la Unión Soviética muchos se dieron prisa en enterrarlo. El retorno del capitalismo salvaje lo ha devuelto con fuerza inusitada a la actualidad.

La tendencia histórica del capitalismo es la acumulación, escribió en El Capital. Lo vemos hoy. Cada día más riqueza concentrada en cada día menos manos. 

El capital especulativo destronará al productivo y disparará las desigualdades. El capitalismo crea pobreza imponiendo salarios bajos y empleos precarios. 

Dicho por Marx. Y así, consecutivamente. 200 años después, Marx está más vivo que nunca.

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