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1. Los nicaragüenses (con poquísimas excepciones) estamos indignados, consternados y repudiamos la represión y matanzas de abril que resultaron en más de 46 muertos y muchos heridos. 

2. También (con poquísimas excepciones) hay consenso de que el pasado 19 de abril fue el comienzo del fin de la era del presidente Ortega y su estimable esposa.

3. También hay consenso (de nuevo con poquísimas excepciones) de que Nicaragua tiene que restaurar la democracia e institucionalidad incipiente que inició Doña Violeta Chamorro con el apoyo de Antonio Lacayo y que desafortunadamente destruyó el presidente Ortega en la última década.

4. El desafío es cómo lograr una transición ordenada hacia este objetivo que evite el caos, más muertes y un desplome de la economía, que destruya los avances económicos y sociales de la última década, facilitados por la administración del presidente Ortega y logrados por el sector privado.

 Principios que deberían regir una transición ordenada y pacífica 
1. Hacer un alto a la represión de las turbas orteguitas y la policía.

2.  Dar información completa, respaldada por organismos nacionales o internacionales confiables, de los responsables de la masacre de abril.

3. Remover a estos de sus cargos, así como a la alta dirigencia de la Policía, y castigar a los que corresponda.

4. Acordar con el presidente Ortega de que, por el mejor interés del país y de su familia, tiene que convocar a elecciones democráticas donde ni él, ni su esposa, ni sus familiares, ni los involucrados en la masacre de abril pueden participar, pero sí un candidato probo del FSLN.

5. Recomponer el CSE con candidatos propuestos por profesionales de reconocida reputación y con conocimiento de este tema.

6. Tanto los que propongan, así como los candidatos, no deben excluir a ningún miembro meritorio del FSLN, inclusive cualquier miembro actual del CSE.

7. La protesta del pueblo nicaragüense no es contra el FSLN sino contra su privatización y abusos del presidente Ortega y sus secuaces.

Procedimientos 

1. Apartando las emociones.

2. Lo que correspondería es un diálogo nacional, que en un país democrático se daría en una Asamblea representativa que, desafortunadamente, no tenemos.

3. Pero, en su ausencia, pretender un diálogo que involucre algo así como 30 personas no es práctico para lograr los objetivos que los nicaragüenses (de nuevo con poquísimas excepciones) queremos. 

4. Este es un punto que acertadamente ya lo mencionó el Dr. Guillermo Areas en su artículo de la semana pasada.

5. Lo que correspondería es que los estudiantes y otros sectores representativos de la sociedad, luego de discusiones en lo interno, nombren un vocero que los represente.

6. Y limitar los negociadores a no más de cinco, los que deberían reportar a la población con total transparencia los avances y obstáculos de este proceso.

7. El garante de estos acuerdos debe ser la Iglesia Católica, representada por el Sr. Cardenal y un obispo.

8. Y en los temas electorales y participación de los partidos (ver abajo), una organización de prestigio que, ya no estoy seguro, pueda ser la OEA.

9. ¿Cuál es la fuerza de los negociadores?

10. El respaldo del pueblo de Nicaragua, pero hay que dar un compás de espera razonable a las manifestaciones para evitar más confrontaciones y costos económicos. 

11. Finalmente, no puede haber elecciones democráticas y libres si el único partido político organizado es el FSLN.

12. Por lo que necesitamos un tiempo prudencial para que estos y sus líderes surjan y tengan respaldo popular.

13. Los partidos o agrupaciones de partidos que vayan a las elecciones deberían tener un mínimo de apoyo popular (digamos 10-15 por ciento en una convocatoria nacional), para que no tengamos una Asamblea atomizada.

14. Menciono los procedimientos porque son importantes para lograr los objetivos y se deben tener en cuenta en las discusiones. 

15. Por ejemplo, ¿quién decide sobre el nuevo CSE? 

16. Una vez restaurada la democracia, se deberían iniciar otras reformas institucionales.

17. Estas son reflexiones que les dejo a los entendidos en estos temas.

El autor es nicaragüense y director honorario de Funides. Sus opiniones son personales.