Denis Torres
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“La verdad renacerá como una flor desnuda sobre la tierra deshonrada.” Pablo Neruda

En artículo reciente, como militante pacifista solicitaba que el presidente de la República, Daniel Ortega, pidiera perdón a la nación en nombre del Estado, por las víctimas de la represión de abril ejecutada por el Gobierno.

¿Por qué el perdón? Porque el perdón es fundamental para recomponer los desgarros causados por la violencia en una sociedad. El perdón, con verdad, justicia y reparación, lleva a la reconciliación y a una paz duradera.

¿Que eso sería reconocer culpabilidad por parte del Gobierno? Exactamente, no solo culpabilidad, sino también responsabilidad.

El presidente Funes, de El Salvador, no solo pidió perdón en nombre del Estado, sino que también desarrolló programas de reparación para las víctimas de la guerra civil. Las FARC-EP han hecho lo mismo con las víctimas de sus acciones, perdón y reparación.

Hace poco, en una entrevista a los padres de una de las víctimas, ellos daban cuenta de su larga tradición sandinista en León y decían que su hijo también era sandinista. Estaban destrozados por el dolor. La madre decía: “Que nos maten a nosotros, los que ya estamos viejos, pero que no maten a nuestros hijos...” 

La periodista Lucía Pineda Ubau interrumpió en ese momento con la pregunta “¿Qué dirían ustedes si el presidente Ortega pide perdón?” El veterano sandinista, desde su sencillez y humildad contestó, casi musitó: “Bueno, eso cambiaría todo...” La madre afirmó que ella dudaba de la sinceridad de solicitud de ese perdón, que creía que podía ser de la boca para afuera.

Bastaron cuatro días de confrontación para que la sociedad nicaragüense quedara profundamente dividida y ensangrentada. Nuevamente, a una demostración pacífica, cívica y ética se había respondido con la fuerza y la violencia, provocando el escalamiento del conflicto, errores que se han cometido en varios países con altísimo costo.

La solicitud de perdón por el victimario, cuando es sincera, devela la verdad, se abre a la acción de la justicia y va acompañada del arrepentimiento y garantía de la reparación y de la no repetición; redime al agresor, desescala su enajenación como victimario, pero también es capaz de llegar a eliminar el sufrimiento de la víctima.

Esto se da en países que viven las grandes transiciones de la guerra a la paz o del posconflicto, con variantes propias de diferencias culturales.

¿Puede plantearse a la sociedad nicaragüense un compromiso sincero con el diálogo nacional, si no se manifiestan estas iniciativas? Creo que no. Aunque sea simbólico, en el acto inaugural del diálogo nacional deberían estar las familias de las víctimas o una representación de ellas, y ante ellas debe plantearse una solicitud de perdón por parte del Estado.

En estos momentos, en toda la sociedad existen a flor de piel toda una variedad de sentimientos: indignación, dolor, ánimo de venganza, anhelo de justicia, desconfianza, desesperación, rencor, tristeza, ansiedad, frustración, incertidumbre, impotencia, determinación, esperanza. Restaurar la convivencia y confianza en nuestra sociedad que siente las bases de paz y reconciliación, solo puede tener como punto de partida, la verdad, el perdón y la justicia que significa que el agresor enfrente las consecuencias de sus actos con un sentido de justicia y no de venganza. La venganza no devuelve las vidas segadas.

Cuando el presidente Ortega llama a defender la paz incluso sin dar un paso atrás, esto debería significar a la luz de la realidad la eliminación de todos los factores que han llevado a la violencia. En la identificación de esos factores está la verdad, el Gobierno debe de ser capaz de ver la verdad sin lentes ideológicos e intereses de poder, devolver el contenido real de las palabras, sino el diálogo nacional será como dice nuestro filósofo Serrano Caldera: un monólogo en voz alta.

El perdón y la gracia de la reconciliación nos la da Jesucristo desde la cruz para que vivamos para siempre como hermanos. Solo nos queda vivirla.

*El autor es director del Instituto Martin Luther King - Upoli