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Todos los sectores de la sociedad nicaragüense demandan el Diálogo Nacional para debatir los conflictos, necesidades, demandas y propuestas de cada sector para llegar a acuerdos, concertando propuestas que busquen formular respuestas dignas a problemáticas concretas. Es vital continuar creando condiciones al Diálogo Nacional, tales como el cese de la represión en municipios, barrios y comunidades rurales, y se garantice la seguridad y el ejercicio de los derechos constitucionales a los estudiantes, trabajadores y pobladores, en sus marchas y protestas pacíficas. La investigación a fondo de la muerte de estudiantes, trabajadores y pobladores, asesinados, heridos, detenidos y desaparecidos, constituye la primera prioridad. Investigación que se demanda sea conducida por la Comisión Internacional de Derechos Humanos.

Algunos expertos en Seguridad Social y derechos humanos concluyen que se trata de una masacre que ha violentado el derecho sagrado de la vida humana de 49 personas, en su mayoría estudiantes, violándose además los derechos individuales. sociales, políticos y de familia. Esta incursión violenta, confrontativa, que ha segado la vida de 49 jóvenes pacíficos, que marcharon y protestaron cívicamente por la dignidad de Nicaragua, nos plantea el desafío de una real democratización del Estado nicaragüense y de la sociedad en todas sus esferas. Su martirio por la construcción de una Nueva Nicaragua nos plantea el desafío de una revolución ética, una nueva manera de vivir, de convivir, de estudiar, investigar, debatir, para los fines de transformar Nicaragua, en el marco de paradigmas que estamos llamados a diseñar.

Los estudiantes, los trabajadores, los pobladores, los ciudadanos y las familias en general, demandan ser escuchados con respeto en un Diálogo Nacional multisectorial, abierto, público, donde se expongan temas, conflictos, demandas, y necesidades, al servicio de la paz con justicia. El Diálogo  debe ser de cara al rescate de la constitucionalidad de la República, el respeto a los Derechos Humanos, educación, empleo, techo y tierra para todos. Es decir, hacia el desarrollo de una sociedad inclusiva, en donde se remuevan las exclusiones sociopolíticas, económicas y culturales.

El Diálogo así mismo debe enfocarse hacia la promoción de valores y normas para la libertad sicológica, social y política, el amor fraternal y la ternura, la solidaridad recíproca, fruto de una sociedad alternativa. Los mártires de la Nueva Nicaragua nos legan con su sacrificio, así como los estudiantes, trabajadores y pobladores con sus protestas pacíficas, que la respuesta culta hacia el futuro no es la venganza ni la represión, no es el egoísmo, ni el fundamentalismo político, ni la acumulación que fomenta el capitalismo, sino el proyecto de un Estado de Derecho y de una Sociedad Alternativa donde se erradique la explotación, la corrupción, las desigualdades, la pobreza extrema, y la violencia estructural y social contra niñas, adolescentes y mujeres.

Subrayamos que los imperativos del Diálogo Nacional, el cual respaldamos, son el abordamiento a fondo de la investigación profesional e imparcial de los responsables de las muertes de 49 distinguidas personas, y los responsables sean juzgados de conformidad a la Ley. 

Que se debata el proyecto de la Democratización del Estado. Que se garanticen los Derechos Humanos a todas y todos los ciudadanos de este país. Que se respeten los derechos agrarios del campesinado, y los derechos de propiedad y culturas de los pueblos miskitos, mayangnas, ramaki y kriols. Que se fundamente la paz nacional y un programa integral de educación para una cultura de paz. 

La reforma y transformación de los programas de estudio en todos los niveles del sistema de educación debe priorizar, además de la investigación, la capacitación a los estudiantes en valores ético-sociales, derechos humanos, Constitución y leyes del país, y del Sistema de Integración Centroamericano. Las y los funcionarios del Estado deben cursar estudios especializados  en el campo de la ética aplicada a las diversas disciplinas de las ciencias para los fines de servir al pueblo con eficacia, honradez, amor, respeto, profesionalismo e integridad. Debe ser revisada con urgencia los planes de estudio de la Escuela  de Ciencias Policiales, a raíz de los graves sucesos de abril y lo que va de mayo, en el sentido de enfatizar una formación de los miembros de la institución, en ética moral y social, en valores axiológicos y ontológicos, el espíritu de servicio,  prevención y protección del sagrado derecho a la vida. Los miembros de la Institución deben de tener siempre presente los valores y principios de actuación para evitar muertes y dolor a las familias de nuestra sociedad.

En Nicaragua y en América Latina y el Caribe tenemos 500 años de cristianismo católico, y 200 años de cristianismo protestante, cuya religión cristiana nos ha enseñado valores y principios para una vida digna, de respeto a la vida humana, el perdón y la reconciliación, la solidaridad y la hermandad, la cooperación y la comunión, el diálogo y la convivencia, la integridad de las familias, la afirmación de nuestras identidades, la vida ecuménica y el diseño de un futuro mejor para todos. No hay duda que el estudio y práctica de las enseñanzas del Evangelio de Cristo nos enseñará a ser mejores en el contexto de nuestras imperfecciones.