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Hablaron por teléfono el primer ministro japonés Shinzo Abe (politólogo) y el presidente chino Xi Jing-pin (abogado). Y se sentarán a platicar más veces. 

Las gigantes potencias orientales (China siendo la segunda economía global; y Japón la tercera) estarán sentando un precedente. Abe ha sido partidario de una diplomacia de mano de hierro con Corea del Norte y China. ¿Esta acción es un giro desconcertante?

Mi punto: en el nuevo orden internacional, de prevalencia asiática, chinos y japoneses se seguirán viendo cara a cara. Ambas tienen un modelo distinto: China —un régimen autoritario— Japón —una democracia plena. Pero algo más, Abe es un líder de una potencia tecnológica superior a China. Xi representa al régimen autoritario de mercado libre— al capitalismo amarillo. Ambos pueden crear un modelo de diplomacia oriental particular. Beijing ve a Tokio con admiración; Tokio se siente intimidado por Beijing.

Después de la intención manifiesta del gobierno de Kim Young-un en el acuerdo de Panmunjom, entre las dos coreas, solo queda seguir un camino: el diplomático.

Buenas noticias. ¡Alegrémonos! 

Importante aclararlo. Lo que la dinastía Kim muestra para afuera no será indicativo de que habrá reformas democráticas en Corea del Norte. ¿Podemos decir eso de China Continental?

Hechos: la democracia establecida japonesa articula coherentemente sus políticas domésticas y exteriores. Y, China —la mayor responsable de todo el comportamiento agresivo del régimen de Pyonyang, ahora habla con Japón—. Beijing no debe quedarse con el consejo. Tiene que lucir bien. ¿Con esto estoy queriendo decir que los países menos democráticos son menos sinceros que las democracias bien establecidas? Sí. 

Además que, aunque las potencias se suenen los sables, sería irracional que algún líder sensato busque iniciar una guerra con otra potencia. [Eso no está en los manuales de política internacional]. 

Cualquier acto de inducción hacia la paz, mediante la diplomacia, es un buen indicador. Todavía no hemos perdido la cabeza. 

El Estado del Japón es una democracia plena. Tiene un modelo convergente donde la monarquía (el trono del crisantemo) convive con un sistema parlamentario eficiente. El Japón, además de ello, es muy occidental. Igual sucede con Corea del Sur, Singapur y Taiwán --supieron mezclar, inteligentemente, su cultura y la modernidad del sistema democrático, sin perder identidad. Ello da estabilidad a gran parte del continente asiático.

Es muy cierto: India y Paquistán sigue trenzados en conflictos que suben y bajan por asuntos territoriales. Pero, creo que habrá un efecto de bola de nieve. Después de las conversaciones de paz entre las Coreas, el interés que Tokio y Beijing tengan para resolver sus diferencias de manera diplomática, los gobiernos de Nueva Delhi e Islamabad, podría seguir esos  precedentes. 

La agenda sino-nipona puede ser simple: el régimen coreano, como punto único; o buscarle solución a la disputa por la isla Senkoku, y las crecientes muestras de fuerza del modernizado ejército chino.

Por otra parte, que los gobiernos de China y Japón, ahora se sienten a platicar, sin consultar a Washington, es un precedente inusual. Ahora se ve que la diplomacia de este siglo es, cada vez más, de iniciativas independientes. 

Por ahora, Washington tiene muchos enredos domésticos. Le queda poca latitud para moverse globalmente.  

Increíblemente, Japón es más temible para China que Rusia; es una potencia tecnológica; y una nación industrializada. Y está bajo el radar protector de Washington. Tanto Israel, Australia y Japón son los tres aliados más importantes para Estados Unidos en Asia-Oceanía 

China —aunque se sienta potencia imparable— solo puede serlo si permanece moderada en el top-3. Su diplomacia desde 1973 solo ha sido: ver, oír, y apoyar o no las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU (de ahí raras veces sale).

Es una potencia agazapada cuya estrategia mayor es controlar las rutas comerciales globales (como Gran Bretaña, en el siglo XIX, lo fuere de las marítimas). China ha aprendido mucho de Japón: a hacerse valer por lo que pueden alcanzar con recursos financieros, económicos y tecnológicos. El marxismo solo le ha servido para adentro: como someter a millones. 

En mucho el gigantesco desarrollo japonés se debe a que no gasta en armamentos. No está pensando en invadir a nadie. Se ha enfoca en desarrollo tecnológico y la robótica.  

Claro, la intimidante escalada militarista de China obligará, pronto, al gobierno japonés a volver al armamentismo.

Sin dudas, el señor Abe sabe que el señor Xi lo verá con mucho respeto, disimulada admiración; y sabiendo que, Tokio tiene mucho que decir cuando hay peligros en el Este asiático.