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A Hugo Chávez le buscan los líderes políticos, especialmente quienes le identifican como el dirigente del llamado Socialismo del Siglo XXI y, por qué no decirlo, mucho peso tienen los petrodólares que puede ofrecer en momentos de crisis económica. Ahora es posible que una ola de escritores y editores también se le acerquen. Señoras y señores, bienvenidos al Club del libro de Chávez.

El pasado 18 de abril, en plena Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, el presidente Chávez obsequió a su homólogo estadounidense, Barack Obama, un ejemplar de “Las venas abiertas de América Latina” (1971) del uruguayo Eduardo Galeano, con la dedicatoria “para Obama, con afecto”, esto, según el propio Chávez, en agradecimiento al gesto de Obama de acercarse a saludarle durante la inauguración de la Cumbre, donde Chávez le dijo “quiero ser tu amigo” y después, en tono jocoso, “Obama, vamos a hacer negocios, vamos a proponer libros. Yo te regalo uno y tú me regalas otro”. Con la transmisión en directo de todos los pormenores de la Cumbre, el libro pasó en pocas horas del puesto 60,280 al quinto en la lista de libros más vendidos de Amazon, la mayor tienda online del mundo y también la mayor librería; en 24 horas, el libro llegó al segundo lugar, sólo superado por “Liberty and Tyranny: A Conservative Manifesto” del abogado y comentarista político Mark R. Levin.

Es obvio que un autor como Galeano, que nos ha enseñado a conmovernos, a soñar y a desarmar la realidad latinoamericana, ya era grande y querido mucho antes de este suceso, incluso un ícono cuyas lecturas y conferencias generalmente están abarrotadas; sincero hasta los tuétanos y crítico hasta con él mismo, quien hace un par de semanas hizo una certera declaración cuando señaló que Nicaragua sufría de una revolución «malherida por sus secuestradores» y que Ernesto Cardenal «ha sido y sigue siendo la voz de la revolución sandinista, que tanto nos ayudó a creer y a querer, cuando era revolución y era sandinista y era una esperanza universal». Así pues, aun cuando Galeano ya era muy reconocido en América Latina, ¿cómo no sorprenderse por la influencia de Chávez y la “obamanía” en el mundo literario, con frecuencia alejado de la selva política? La euforia fue tal que al día siguiente (domingo 19), Amazon mantuvo durante un par de horas el anuncio que la edición en inglés del libro (la edición de 317 páginas del 25 aniversario (1997) de la Monthly Review Press y al precio de 12.24 dólares) estaba agotada.

¿Cómo no comparar estos eventos de Chávez con los de Oprah Winfrey, cuyo Club del libro (Oprah Book Club) está catalogado por Time como “la fuerza más poderosa en el mundo editorial en la actualidad”? Un Club que no es “club”, sino un implacable vehículo de marketing que puede alterar las listas de los libros más vendidos, rescatar del olvido a autores fallecidos, incrementar el tiraje tímido hasta cientos de miles de ejemplares y hacer que un autor desconocido se convierta en la estrella del momento. ¿Y cómo no, si como señala Kate Pickert, el “club” tiene dos millones de “miembros” y una hábil maquinaria que atrae a jóvenes, amas de casa y jubilados que sin él jamás se acercarían a los títulos sugeridos? Un ejemplo es David Wroblewski, un completo don nadie cuya “The story of Edgar Sawtelle” después de que Oprah le comparara a los maestros John Steinbeck y Harper Lee debutó en el puesto catorce y llegó hasta el primer lugar de la lista del New York Times, ampliando en su primera semana el tiraje inicial de 26,000 ejemplares a prácticamente un millón de copias. “Que te escojan para el Club del libro de Oprah es la cumbre en esta industria”, señaló el editor de Wroblewski. Otro escogido, Jonathan Franzen con “The Corrections” (2001), ganó el National Book Award meses después; y cuando Oprah recomendó Ana Karenina, el clásico de Tolstoi, la editorial tuvo que apresurarse para tener listo un tiraje nuevo de 800,000 nuevas copias. El efecto Oprah es tan incontrolable que ni Winfrey ha podido manejarlo: cuando crucificó en la televisión nacional al anteriormente recomendado James Frey (su libro autobiográfico “A Million Little Pieces” resultó no ser nada autobiográfico), las ventas desmedidas continuaron a pesar de la controversia. Cabe destacar que el club no es una sección fija del show televisivo de Oprah, sino más bien esporádico. Pero desde que comenzó en 1996 ha presentado sesenta y seis títulos escogidos, según los productores, por la misma Oprah, entre autores en su momento desconocidos y maestros de la literatura como Toni Morrison, Joyce Carol Oates, John Steinbeck, Leon Tolstoi, William Faulkner, Ken Follett y los latinoamericanos Isabel Allende y Gabriel García Márquez.

La lista del Club del libro de Chávez ya tiene dos títulos. En 2006, en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Hugo Chávez mostró una copia del libro “Hegemony or Survival: America’s Quest for Global Dominance” del estadounidense Noam Chomsky, uno los pensadores más venerados por la izquierda de EU, reconocido en toda Latinoamérica y elegido a finales del año anterior como el principal intelectual del mundo. Chávez recomendó a los propios estadounidenses que lo leyeran, “en vez de mirar películas de Superman”, y si bien este libro ya había debutado con buen pie en 2003, para entonces figuraba en el puesto número 20,664 de Amazon y 748 de Barnes&Noble. Después de la publicidad inesperada de Chávez llegó al tope de la lista de ventas de Amazon y segundo lugar en la Barnes&Noble, la segunda librería más importante en Internet. Como era de esperar y similar al efecto Oprah, los editores debieron imprimir nuevas copias para satisfacer la demanda creciente, pues el volumen estaba prácticamente fuera de circulación y a diferencia de los millones de libros y artículos que el sitio ofrece con entrega inmediata, éste requería dos o tres semanas de espera antes de enviarlo al comprador.

El toque de Midas a este par de libros se debe innegablemente al escrutinio con que se sigue a Chávez y, en esta ocasión, a Obama. Ambos casos se han dado en momentos en que la televisión internacional seguía detenidamente y en vivo todos los detalles. En esta ocasión, el libro de Galeano tuvo una cronología sorprendente: según los reportes, el sábado a las 11:57 de la mañana, hora de Venezuela, unas 4 horas después de que Chávez formalizara su obsequio a Obama, el libro había subido del puesto 60,280 al 288 del ranking de ventas; media hora después (12:24 p.m.) estaba en el puesto 110; a las 4:16 de la tarde, en el 17; a las 5:30 p.m., en el número 14; para las 9 de la noche, ya estaba en el puesto 11; hora y media después en el puesto 8; a las 11:30 p.m. en el puesto 7 y el domingo amaneció en el segundo lugar. El sistema “Movers&Shakers” de Amazon, que señala los libros calientes del momento y los de mayor crecimiento en ventas, registró un crecimiento de “Las venas…” del 36,600 por ciento en ventas durante el fin de semana, un porcentaje que haría de cualquier editor el ser humano más feliz de la galaxia y sus alrededores. En Barnes&Noble alcanzó la posición 70, cuando el pasado 11 de abril estaba en el puesto 84,483 de ventas. El asunto también dio pie para resultados políticos concretos. Chávez anunció pocas horas después del suceso que Caracas restablecería las relaciones diplomáticas con Washington, que se interrumpieron bruscamente hace siete meses y se rebajaron al nivel de consejeros.

Falta saber qué libro regalará Obama a Chávez, pero por lo pronto, en un apartamento de Montevideo, Eduardo Galeano disfrutó un fin de semana movido. Después de la tranquilidad habitual del sábado, el domingo no tuvo sosiego. La prensa mundial se desesperaba por conocer su reacción ante el asunto Chávez/Obama, pero no contestó las llamadas. Sus cercanos afirman, eso sí, que se la pasó sonriendo todo el domingo. Y tiene motivos para ello.


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