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De todos los casos de los diferentes tipos de violencia; la VIF o violencia intrafamiliar, la que se da entre la pareja y aun la comunal o vecinal, sabemos que son pocos los casos denunciados en comparación con los que realmente suceden en la vida diaria de la sociedad nicaragüense. Especialmente en el tema de la violencia de pareja, hay un sub-registro enorme en comparación con el índice de lo que llega a las comisarías de la mujer de la policía, o a las oficinas de Derechos Humanos e instituciones atinentes a la protección de la mujer.

La violencia física y psicológica es un fenómeno casi inherente en todas las clases sociales, económicas y culturales. En algunas alcobas, la violencia está envuelta por el sigilo, la discreción, el guardar las apariencias y otros falsos valores.

En otros hogares el asunto que va hacia afuera es distinto, se maneja distinto; los golpes, los morados en sus diversas variantes no se ocultan tras ningún maquillaje ni se guardan en la cama bajo una “jaqueca” o “indisposición” de la mujer, quien es casi siempre, la víctima.

Hemos visto cientos de casos en donde la mujer maltratada se ve obligada a retirar la denuncia, porque “se trata del padre de sus hijos”, o por miedo a perder lo que les “pasan de dinero” para el hogar, o “por no estar sola” , o por la amenaza de “ cuando salga de aquí, quien te mata soy yo”, y muchas veces así, cayendo en la impunidad, los victimarios se vuelven reincidentes hasta en casos de violaciones sexuales y por último, en asesinos cuando no en sospechosos suicidios de la víctima.

Las cifras estadísticas que a nivel nacional maneja el Instituto de Medicina Legal **, reflejan que tan sólo en enero de este año, de un total de 4,714 peritajes forenses en personas vivas, el 58 % corresponde a la violencia comunitaria e intrafamiliar, incluyendo la violencia de pareja y el maltrato infantil.

Durante los meses de enero y febrero del presente año, los cinco primeros lugares en donde se han registrado las mayores tasas por violencia intrafamiliar en orden descendiente son los departamentos de: Masaya, Carazo, Managua, Puerto Cabezas y Rivas, pero Granada, donde se dio el asesinato de la Sun-Oficial Lezama, no anda tan lejos de los primeros lugares de violencia.

Del total de peritajes realizados en febrero, en personas vivas, por violencia, el 57% de casos corresponden a violencia comunitaria y de pareja, estos datos indican una fluctuación constante y en ascenso cuantitativo.

Ante estas cifras que sirven de alerta, no podemos obviar, disimular, desatender las cifras que presenta el Instituto de Medicina Legal, cuando nos están diciendo que la violencia ha venido en aumento. Estas cifras del comportamiento de violencia ya deben, por sí solas, advertir a la ciudadanía en general y a las autoridades pertinentes, antes de que sea tarde, antes de conocer y mirar con tristeza e impotencia, cifras que indiquen muertes por violencia de pareja, o también por violencia comunitaria. Todas las ciudades que presenten índices de violencia, por muy bajos que sean, deben ser objeto de atención y cuido por parte de autoridades e instituciones, tales como el Ministerio de Salud, el Ministerio de la Familia, la Policía Nacional, el Ministerio de Educación, en fin todo el país, en función de erradicar la violencia de cualquier tipo.

La muerte reciente de la Sub-oficial mayor, Luz Marina Lezama, es un caso que toca a las propias filas de la Policía Nacional, y lo que es más, a su Comisaría de la Mujer, entidad precisamente encargada de brindar apoyo a la mujer. Pero hace falta educar a la propia mujer en sí, capacitarla para que detecte cuándo su vida está en peligro, sobre todo a manos de hombres que parece ser, no nacieron de mujer sino de las entrañas del demonio.

Hace falta concientizar a las mujeres para que no retiren la denuncia de quienes las golpean. Sobre todo, cuando la ciencia todavía no nos da pistas suficientes sobre cuántos de esos apaleadores de mujeres son asesinos en potencia. Hace falta aplicar severas e infalibles penas judiciales. Que no haya perdón ni indulto en casos de violencia y feminicidios.

Hacen falta verdaderas e intensas campañas publicitarias que eduquen a la sociedad, desde la tierna infancia, a valorar a las personas, a valorar y considerar a la mujer, a practicar por siempre que entre hermanos, entre la familia, entre los vecinos, entre las comunidades así como entre los pueblos, debe de haber armonía, respeto, amor, tolerancia y solidaridad. Sólo así podremos ver el decrecimiento de las tasas con altos índices de violencia y muerte y sobre todo, tener menos hijos huérfanos de madres, asesinadas por su pareja o ex pareja.


*Periodista cultural educativa.

Lesbiae@hotmail.com
**Datos Estadísticos del IML en la Página Web.