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La sexualidad en general ha sido un tema tabú que casi siempre se aborda en “voz baja” en el seno de las familias, y mucho menos se plantea en público. 

Mucho mayor es el silencio con la sexualidad de las personas mayores, de la que prácticamente no se habla y, si se hace, normalmente es con base en estereotipos existentes. 

Unos estereotipos clásicos son los que expresan que las personas mayores ya no tienen interés en lo sexual, o que ya no pueden, o no tienen capacidad funcional. La experiencia histórica mundial dice que tienen el mismo interés que en otras fases de su vida, mas son reprimidos por las costumbres y valores de la sociedad, que quieren validar que el sexo no es asunto de mayores, sino de jóvenes y adultos. Que las personas mayores “ya jugaron”. 

Son tan negativos esos estereotipos que muchas personas terminan creyéndolos, lo que determina que pasen a tener una conducta y forma de ser que excluyen de su vida la esfera sexual. Es lo que se denomina la profecía autocumplida, o sea, se comportan a como lo expresa el estereotipo. 

Cada persona lleva su actividad sexual conforme su historia de vida individual, familiar y, social. Dicho de otra manera, en el conglomerado de las personas mayores, se experimenta variabilidad interindividual. No existe un patrón único. 

Ahora bien, casi siempre se tiende a reducir e identificar las relaciones sexuales solo con las relaciones genitales, lo que en muchos casos se convierte en una limitante para la bienandanza de las relaciones íntimas en las parejas, lo mismo que sesga el abordaje del tema, ya sea en ambientes formales como informales e igualmente a nivel público. Y ello, también ha contribuido al fortalecimiento de los estereotipos. 

Las relaciones sexuales van mucho más allá de las relaciones genitales. Estas son un componente, entre otros, de la sexualidad. El coito está estrechamente interrelacionado con la genitalidad. 

En tanto, las relaciones sexuales cubren un abanico de posibilidades que comunican y vinculan al ser humano, en un ambiente íntimo en que se da y se recibe cariño, amor, placer y más, una y otra vez, las veces que las personas lo deseen. El abrazo, beso, toque, sonrisa, las palabras tiernas, las caricias, la masturbación mutua y más, son parte de dichas relaciones. 

Como puede observarse, no necesariamente debe haber penetración para que haya relación sexual. En ese sentido, muchas encuestas realizadas en Europa revelan que un porcentaje considerable de personas mayores se mantienen activas sexualmente, disminuyendo conforme se avanza en la edad, hacia muy mayores. 

Algunos factores biológicos --que conforme dichas encuestas-- influyen en el descenso del interés por lo sexual son, cambios en el físico, apreciarse que ya no se es tan atractivo/a físicamente, tener timidez de enseñar el cuerpo, no poder ocultar las arrugas, necesitar más tiempo para la erección, lo mismo que menos firmeza, necesidad de más tiempo para la lubricación vaginal y disminución en la dilatación de los senos, entre otros. 

Estos factores biológicos por sí mismo no explican ni determinan el descenso en el interés, sino que deben relacionarse con lo sicológico y lo social. Los resultados son que impactan en algunas personas y en otras no. 

Las patologías de consideración también afectan la sexualidad de ciertas personas mayores. Y más cuando contribuyen a estados de fragilidad, vulnerabilidad y dependencia. Aunque no siempre es así, ya que, según algunos estudios, muchas personas mayores, aún en esa situación, mantienen su actividad sexual. 

No menos importante son los factores sicosociales que influyen en ciertas personas, como la jubilación. Es tal la influencia de ese estereotipo, que muchos/as llegan a creer que con la jubilación llegó a su fin su vida laboral y su vida útil. Se entristecen, mantienen niveles de estrés perjudiciales por mucho tiempo, lo que repercute en que también consideran que su vida sexual llegó a su fin. 

Asimismo, juegan un papel influyente, la disminución de contacto con los/as antiguos/as compañeros/as de trabajo, sentirse mucho tiempo ocioso en la casa, descenso en los ingresos económicos y dificultad de recobrar antiguas amistades o de conservar las actuales. 

Es recomendable mantener una actitud de cambio. Invertir cualquier pensamiento negativo en pensamientos positivos. No compararse con el pasado, sino ver hacia adelante. Comparar lo que se es hoy con lo que se quiere ser, en materia de sexualidad. 

Igualmente, conviene mantener una vida activa y saludable, llena de optimismo y tener seguridad en sí mismo/a, lo que repercutirá en la mantención de una sexualidad viva, conforme a los cambios y realidades de cada persona mayor. 

* Especialista en Gerontología Social 

mavm@cablenet.com.ni