•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Estamos en una espiral de violencia muy peligrosa que es una ecuación de represión–confrontación–muerte, esta ecuación solo se eleva y se potencia, no disminuye. Prefiero creer que es posible y que hay otras formas de solucionar esto, a seguir en esta destrucción estéril y sin sentido.

A nuestros hermanos estudiantes a los que verdaderamente les ha costado, no dejen que infiltrados de ningún lado interfieran y desvirtúen su lucha, no dejen que la causa justa sea el permiso para la violencia y la justificación de la insensatez.

Estoy seguro que la gran mayoría de los estudiantes y todos nosotros queremos paz, debemos apartarnos o hacer el intento de separarnos de los grupos violentos y radicales que aprovechan los reclamos verdaderos y necesarios, para sembrar el caos y la violencia, cerrando siempre la posibilidad de un entendimiento de altura y civilizado.

Ya logramos que el Gobierno accediera, a invitar a la CIDH y a la OEA, para que investiguen todo lo que ha sucedido y necesitamos saber quiénes son los autores intelectuales y materiales de toda esta barbarie y sean castigados con todo el peso de la ley, vengan de donde vengan.

No puede tener cabida nunca más actuaciones como las que se han dado y debemos de una vez por todas transformar nuestro país a un verdadero estado de derecho para todos.

Viene el momento más difícil y duro, donde tendremos que tener una gran madurez y serenidad para sentarnos a construir una Nicaragua nueva, donde siempre van a existir posiciones diametralmente opuestas, pero si logramos coincidir en una sola posición en común, trabajemos en ella y sigamos adelante.

No caigamos en la irresponsabilidad de la premura, por más que queramos, las cosas no suceden de la noche a la mañana, vayamos con posiciones firmes pero sensatas, establezcamos tiempos realistas para el cumplimiento de los acuerdos y sobre todo no permitamos que los radicales de cualquier lado, intenten destruir esta oportunidad.

No permitamos más componendas, ni pactos, ni arreglos debajo de la mesa, que el diálogo sea público, televisado, los 6 millones de nicaragüenses que estamos en el país y los que están afuera queremos saber que se discute, por qué y qué es lo que se acuerda. No queremos nunca más que los intereses de muy pocos siempre pesen más que los de la mayoría, todos tenemos algo que decir y que aportar al diálogo.

A nuestros pastores que le pidan fortaleza a nuestro Señor Jesucristo, que nos ilumine a todos para que en nuestros corazones nazca la humildad y que sin más interés que por Nicaragua, los que vayan al diálogo piensen en todos los nicaragüenses, todos los que no estamos ahí queremos una oportunidad de vivir mejor.

Que viva siempre la esperanza de la paz, el valor, la prudencia y la dignidad.