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Caresol estaba hecho un filoso cervantino empecinado en reafirmar la vigencia y actualidad de don Miguel, por lo que esta mañana la palabra fue de muchos especialistas en el tema a través de la suya. Decía que ya Cervantes había demostrado desde el siglo XVII lo que muy acertadamente nos había venido a recordar Barack Obama: No podemos quedar atrapados en la historia. No podemos –agregaba emocionado- pasarnos el presente peleando contra molinos de viento que nos niegan el futuro. Esto nos lo enseña Cervantes en Don Quijote, exigiéndonos lecturas de dos caras, como cuando consecuencia de su obcecación de dar libertad a los galeotes acaba Sancho en pelota y don Quijote, mohinísimo de verse tan mal parado por los mismos a quienes tanto bien había hecho. Este episodio, uno de los más acertados y famosos de la novela, Martín de Riquer lo explica de esta manera: “Los románticos interpretaron este episodio arbitrariamente, pues vieron en él a don Quijote actuando de paladín de la libertad y oponiéndose a la tiranía. Lo cierto es que, en la intención de Cervantes, hay aquí un claro desquiciamiento del concepto de justicia, pues Don Quijote no defiende causas justas, sino las más injustas que puedan darse, como es el dar libertad a seres socialmente peligrosos, auténtica quijotada dando a esta palabra el sentido que ha adquirido en español.”

Desde luego que Cervantes hace que Don Quijote nos dé una lección con el revés de la realidad. Hay un libro, a mi modo de ver fundamental y magistral para entender éste y otros asuntos cervantinos, que es Cervantes y la libertad de quien fuera uno de los escritores españoles más queridos por nosotros los nicaragüenses, el granadino Luis Rosales. Para la estupenda reedición de 1996 de la prestigiosa Editorial Trotta, Blas Matamoros propone una relectura a finales de siglo. Estando con nueve años transcurridos del siglo XXI, la propuesta de Matamoro es siempre actual e incluso tiene mayor vigencia: Cervantes y la libertad tiene una prolongada elaboración que va, aproximadamente, de 1950 a 1960, cuando se publica por primera vez. Es un libro de medio siglo. Atendiendo a los propósitos que enuncia el mismo Luis Rosales, se puede ver en el dilatado y minucioso itinerario cervantino que se nos propone, ante todo, una relectura de Cervantes en la historia, es decir: averiguar qué puede decir el escritor del siglo XVII a cierto lector de mediados del XX. Ésta aproximación a lo distante nada tiene que ver con el concepto heredado y positivista de reconstrucción del pasado. El pasado no se puede reconstruir, precisamente, porque ha pasado. Se trata, por el contrario, de reconstruir el presente, cuyo punto de partida es el futuro. El presente es una perpetua reconstrucción y si decimos releer en la historia es porque estamos pensando en ese presente como proyecto, o sea como fantasía del futuro.”

Concluye Blas Matamoro diciendo: “Todo libro es una promesa de libro y toda lectura, una promesa de verdad. Un buen libro se prueba porque promete cosas diversas a gentes diversas en épocas diversas. Así, los siglos acreditan la bondad de tantas páginas de Cervantes. Y para que tal ocurra, hacen falta libros como éste de Luis Rosales.” Precisamente en su prólogo a Cervantes y la libertad, Ramón Menéndez Pidal, después de aludir a la eterna modernidad de la obra cervantina, dice sobre el Quijote: “No hay ficción novelesca que como ésta se haya convertido en realidad humana universal.”

Para concluir, veamos lo que nos dice el propio Luis Rosales: “Después de muchos años de convivencia alegrísima y morosa con la obra de Cervantes, he venido a pensar que la libertad es, justamente, el eje mismo del pensamiento cervantino…Hacer historia no es volver la mirada al pasado para traer a colación sucesos ejemplares y memorables; hacer historia es adentrarse en nuestro origen. Téngase en cuenta, sin embargo, que la historia siempre es futura; nos da lecciones y nos confiere posibilidades. Éstos son sus poderes…La historia siempre es futura. Se funda en el mañana…El Quijote está escrito en una situación vital parecida a la nuestra. Aunque nadie se atreve a confesarlo, sabemos claramente que nuestro modo de vivir la libertad oscurece el hecho mismo de ser hombres. Hay que encontrar de nuevo las raíces. Pues bien, la obra de Cervantes es un esfuerzo inteligible, tenaz y denodado para reedificar la libertad, poniendo al descubierto sus raíces. Ésta es la causa de su projimidad con nuestro tiempo. Ésta es la causa de que Cervantes nos ayude a vivir. Sus errores y sus aciertos nos sirven de advertencia; su conducta puede servir de ejemplo. Para reedificarnos como hombres tendremos que volver a levantar, humildemente, y a ras de tierra, el edificio de la libertad.”


luisrochaurtecho@yahoo.com

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