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El régimen de Nicolás Maduro montó una farsa electoral este 20 de mayo. Intentó hacer una elección en la que sus compatriotas no pudieron elegir a los candidatos que la amplia palestra ideológica venezolana y democrática ofrecía. 

Mi punto: el régimen chavista-madurista nunca intentó ser diferente del modelo cubano. Aunque, creyó, falsamente, que las riquezas del petróleo le permitirían comprar consciencias y hacerse de millones de clientes obreros en Latinoamérica. Cuba solo había recetado rifles y marxismo. El modelo revolucionario venezolano tampoco escribió el “Manual del Éxito Socialista”. Venezuela es un fracaso incuestionable. Aparte de Bolivia, Nicaragua, y Ecuador (ahora transitando hacia la democracia con Lenín Moreno), nadie más les compró su billete de lotería del mal. Del sueño y la esperanza pasaron a la pesadilla y el desastre. 

El chavismo-madurismo ha estado casi dos décadas en el poder. ¿Qué hicieron en 18 años? Se presagiaban como la nueva opción revolucionaria que estremecería los cimientos del capitalismo mundial. Aunque hagan elecciones amañadas, nadie les va a creer.

Así, predecir una elección en Venezuela es fácil. Ganan quienes  cuentan los votos. Para el régimen venezolano hacer una mueca de elección es un intento de lucir democráticos: se enfrentan Nicolás Maduro (PSUV), Henri Falcón (Alianza Progresista), Javier Bertucci (Esperanza para el Cambio) Javier Quijada (UPP89). El PSUV quiere el poder total; sus objetivos son absolutistas.

¿Cómo puede llamársele elección al proceso donde el PSUV será el que cuente los votos?

El régimen le puso muchas trabas a la principal alianza opositora (MUD) en esta contienda. ¿Por qué? Los dictadores sufren dos males: miedo profundo y adicción al poder. Ergo: que nadie se atreva, a hacerles sombra.

Apenas Hugo Chávez llegó al poder comenzó a vender fantasías surrealistas, desechando a los empresarios; pero haciendo gala de las riquezas que el capitalismo producía. Entre sus sueños ―nunca desarrollados plenamente― estaban: 1) el ALBA; 2) la Celac; 3) el Banco del Sur; 4) PetroCaribe; 5) el sucre como moneda latinoamericana; 6) el oleoducto que uniría al Caribe con el Pacífico en Nicaragua; 7) instalar la mayor base militar de Latinoamérica en el mar Caribe venezolano; 8) construir la mayor refinería de petróleo latinoamericana en Argentina, etc. 

El modelo venezolano —previsto para extenderse por todo el continente—, surgió con visos democráticos; pero pronto pasó al autoritarismo, y ya transita hacia el totalitarismo, en su fase última. 

Todo quedó en proyectos. Y está terminando en deprimentes  estadísticas.

Se vieron las primeras fisuras de su mala gerencia gubernamental (aunque ellos pensaban que gobernar consistía en impulsar protestas callejeras, arengar con discursos incendiarios y derrochar petrodólares). ¿Pensaron alguna vez en trabajar? Resultado: Afloraron: la maltrecha economía, las constantes y profundas violaciones a los derechos humanos, las arbitrariedades contra los opositores, los roces con los vecinos de ideologías distintas. Esto sucedió copando los poderes del Estado, gobiernos estatales, alcaldías. 

Las únicas premisas políticas de los revolucionarios antes de la toma del poder son dos: tomar poder total y someter al pueblo ignorante. 

¿Quién los quiere seguir, si en Caracas está desmoronándose un régimen corrupto, sin imaginación, que derrochó toda la riqueza que encontró para luego caer en una pobreza ridícula que refleja la torpeza de quienes nunca se desprendieron del odio con que aprendieron el oficio de retroceder? 

El armamentismo en que incurren es una muestra de miedo profundo. Han oprimido mucho y cometido tantos  atropellos y violaciones constitucionales, luego del largo tiempo en el poder. Se aterrorizan pensando que podrían enfrentar la justicia o la factura popular.  

Chávez, al igual que Maduro, transitó fácilmente del surrealismo ideológico a la ineptitud dictatorial. Y era de esperarse. Los dictadores comienzan rápidamente a aislarse en cuanto los otros Estados ven que su comportamiento es inaceptable. No es que porque sean revolucionarios. Sino porque, rápidamente olvidan los valores por los que inicialmente lucharon: justicia, libertad, paz, respeto, democracia. 

Obviamente, siempre arguyen que “ellos fueron y han sido víctimas del odio del imperialismo yanqui y la derecha recalcitrante, que urdieron e implantaron un plan para derrocarlos”.

El mayor cinismo se da cuando se autocalifican de demócratas. Fácilmente olvidan que hoy todo se registra en videos y grabaciones. La trayectoria de vejámenes y atropellos a todo lo que se les oponga, evidenciará que siempre hubo un lobo dictatorial debajo de sus lanosos trajes blancos. 

¿Cuántos Estados sensatos reconocerán al régimen de Maduro? ¿Podrán sobrevivir encuevados? 

Si los que les reconozcan pasan de 30, comenzaré a creer que la juiciosa comunidad internacional ha perdido el sentido de la decencia.