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Primera de dos partes

Es indudable que en Nicaragua asistimos a una revolución no violenta. No necesariamente -aún- en términos de su punto de llegada, pero sí de partida. En días, como dice el lema, ha sucedido lo que no hubo en décadas, el estallido de una nueva conciencia en nuestro pueblo. Como dijo la pobladora de Ciudad Sandino: “Ahora ya somos otros, hemos cambiado, ya no nos engañan...”, ello en sí mismo constituye una revolución de las conciencias. Luego, el levantamiento nacional en cada palmo del territorio y que atraviesa clases sociales, generaciones, ideologías, religiones, género, es cívico, pacífico, ético, desarmado. 

En la lucha no violenta se enfrentan dos voluntades, una, armada de las panoplias de violencia, fuerza y poder, y una desarmada y pacífica solo sostenida en una profunda fortaleza espiritual y moral, así como en la conciencia clara de sus objetivos. La no violencia no está exenta al ejercicio de la violencia directa, sicológica, cultural y estructural por parte del poder, pero siempre será menor que la confrontación armada y la guerra. Su accionar puede llegar al corazón del funcionamiento de la sociedad.

Un movimiento de esta naturaleza está llamado a producir cambios en el corazón, en la mente y en el comportamiento de la sociedad y del adversario. Se ha producido en el pueblo ese cambio, manifestado en el compromiso y participación con esta causa desatando en él las más extraordinarias y bellas expresiones de solidaridad, ánimo, amor y ternura para con nuestra juventud: “Son nuestros hijos”, diría una pobladora de las cercanías de la Upoli. Falta que la no violencia toque al poder, esa es su función.

Estoy convencido de que la historia nos da una oportunidad como nación para refundarla, sin más derramamiento de sangre. Es un milagro que doscientos años de violencia política ininterrumpida entren a una detente dando una oportunidad a la paz.

¿Cómo explicar que cientos de miles de jóvenes estén premunidos solo de cantos, piedras y consignas si son herederos de nuestra cultura de violencia?

Las revoluciones no violentas suelen durar años o meses para que cristalicen sus objetivos, pienso que la nuestra debe tener una definición temprana, nadie puede aspirar gobernar un país desangrado por la guerra, dividido, antagonizado e involucionado en su desarrollo socioeconómico.

Las revoluciones no violentas han marcado la historia contemporánea de la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Veamos algunos ejemplos. 

India - Mahatma Gandhi

En la India la no violencia no solo representaría su independencia como colonia del imperio británico, sino también la caída de este como tal. Gandhi aportaría en su metodología de lucha los conceptos de la Satyagraha, que puede traducirse como “la fuerza de la verdad”, y la Ahimsa o no violencia. “La verdad está por encima de todas las cosas; sostener la verdad es sostener lo indestructible, y al sostener la verdad, la verdad nos sostiene: la verdad es la fuerza que ha de alimentar acciones como la no cooperación, la desobediencia civil, el ayuno o la resistencia pacífica”.

La Ahimsa o no violencia se impone como imperativo ético en una lucha que, al final, es una lucha contra semejantes, contra seres humanos poseedores de nuestra misma dignidad y merecedores del mismo respeto que exigimos, dice Gandhi.

Estados Unidos - Martin Luther King

Su movimiento se inspira en Jesucristo, Gandhi y Thoreau, formularía la metodología de lucha de la no violencia activa, que es “Una de las armas más potentes de las que dispone un pueblo oprimido en la lucha por la libertad, debemos amar a nuestro enemigo, lo cual no significa aceptarlo como es con sus partes de injusticia e inhumanidad, sino buscar un cambio en la situación de opresión, no destruyéndolo”. 

Martin Luther King avanzó en los objetivos de su lucha desde los derechos civiles de los negros a los derechos de los trabajadores, a la lucha contra la guerra de Vietnam, como expresión de la política exterior del gobierno norteamericano, a la denuncia del complejo militar industrial como un poder fáctico generador de guerras en el mundo por objetivos de dominación económica y estratégica. Su lucha integró huelgas, demostraciones callejeras no violentas, desobediencia civil y, aunque se conquistaron los derechos civiles de los negros, falta mucho por recorrer como lo evidencian las actuales luchas antirracistas y antixenófobas. Pero también, la elección de Barack Obama como primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos es un ejemplo emblemático de los logros históricos alcanzados.

Director del Instituto Martin Luther King - Upoli
22 de mayo de 2018