Alejandro Vivas Cuadra
  •   Managua, Nicaragua  |
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Escuchando el diálogo nos queda claro a todos que el Gobierno todavía no se siente lo suficientemente presionado para aceptar compromisos en lo que refiere a una reforma democrática o a un adelanto de elecciones. En un sinnúmero de ocasiones escuchamos a sus representantes evadir la pregunta completamente y enfocarse en puntos económicos. Repetían cómo los tranques y el impedimento en las vías estaban afectando la economía. Al mismo tiempo omitían cualquier discusión de los asesinados. 

Nunca fue más evidente que en la propuesta que pusieron a voto el lunes. En una misma propuesta lograron atar el cese a la violencia con el cese de los tranques. Esto puso a la Coalición en posición complicada, si no aceptaba quitar los tranques no estaba aprobando el cese a la violencia. En caso de que la Coalición sí aprobara, también ganaba el Gobierno, ya que obtendría la normalización que anhela para desacelerar la protesta. Cabe recalcar que el cese a la violencia ya estaba contemplado en las recomendaciones de la CIDH, las cuales habían sido aprobadas anteriormente. Son estas artimañas que claramente demuestran que el Gobierno está buscando únicamente cómo salirse con las suyas.

Otra frase que se escuchó continuamente de parte del Gobierno durante la cesión plenaria fue “¿Ya le han preguntado al pueblo?” “¿Qué dice el pueblo?” “Quién los escogió para representar al pueblo?” Ante este encrucijada entre las partes, donde la oposición demanda la salida de Ortega y el Gobierno se esconde detrás de la economía, mi propuesta es que se haga exactamente eso, que se le pregunte al pueblo.

Esto se puede hacer a través de un referendo, por medio del cual se someta a voto popular tres temas importantes para la resolución de la crisis. Primero, el adelanto de elecciones dentro de seis meses. Segundo, la destitución de los magistrados del Consejo Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia y los diputados de la Asamblea Nacional. Tercero, la instauración de una asamblea constituyente para hacer una reforma constitucional.  La votación se debe llevar a cabo en un mes, deberá ser coordinada y ejecutada por un consejo imparcial instaurado a través del diálogo y se deberá permitir la observación por parte de organismos nacionales e internacionales. 

Si bien es cierto que el Gobierno puede seguir con la misma postura y no aceptar la propuesta de referendo, creo que poniendo propuestas concretas como estas es que podremos comprobar si ellos están dispuestos a compromisos reales y razonables. Esta propuesta debe ir siempre de la mano de la continuación de protestas cívicas e incremento de la presión interna e internacional. En caso que el Gobierno acepte la propuesta, estoy confiado que Nicaragua ganaría la votación con cifras arrolladoras. 

Todos hemos obtenido una grandísima satisfacción de esos momentos catárticos en los que hemos visto a los miembros de la Coalición encarar a Ortega y a sus representantes. Sin embargo, seguir en ese rifi y rafa atrasa el proceso y puede ayudar al Gobierno. Es momento de empezar a poner propuestas concretas en la mesa y obligarlos a que se pronuncien acerca de ellas. Ha llegado el momento de aterrizar el diálogo o abandonarlo. La Coalición debe entregar una propuesta formal de democratización con puntos concretos específicos y darle al Estado corto tiempo para contestar. Las fechas topes generan acción. Si no hay acción sabemos que la tuerca todavía está suelta y hay que apretar más. 

El autor es abogado nicaraguense.