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La cortina de la pandemia global está siendo agigantada artificialmente en los titulares internacionales para esconder los verdaderos pesares del mundo. Pareciera que en estos días la humanidad no padece de otra cosa que no sea la fiebre porcina. Qué efectivos y preocupados lucen los tecnócratas mundiales, los burócratas gubernamentales buenos para nada y los medios de información frente a la exagerada emergencia. Me parece escuchar tras bambalinas la risita burlona de algún “creativo” del gobierno mexicano susurrando con sarcasmo otra famosa frase del Chapulín Colorado: “No contaban con mi astucia”.

Qué coincidencia que fue en México donde comenzó la nueva “amenaza” global, un país donde la corrupción estatal es el principal impedimento para frenar la matanza generada por los cárteles de la droga, y donde este fracaso en materia de seguridad ciudadana deja al país prácticamente sin gobierno. El coro mundial de la paranoia no se ha hecho esperar, el planeta entero inició esta semana detrás de una ridícula mascarilla que supuestamente evita la propagación del virus. Y por si acaso el pánico que ya ha sido diseminado como cenizas al viento fuese poco, la OMS se apresuró a decir que la situación puede volverse mucho más peligrosa todavía.

“Está claro que cuando los virus evolucionan, pueden volverse mucho más peligrosos para la población”, afirmó en Ginebra el subdirector de la OMS, Keiji Fukuda. A sólo tres días de iniciada la histeria colectiva y sin un análisis de laboratorio para identificar el virus, ¿cómo diablos se sabe que ya evolucionó, no podría ser también alguno de esos virus ya viejos y achacosos que de repente desde el tedio de su retiro le dio por recuperar su fama perdida? Sin embargo, los “bondadosos” ejecutivos de la farmacéutica Roche, en Suiza, que hablan como la reencarnación de la Madre Teresa en persona, ya identificaron al culpable y ofrecen su antídoto: el antiviral Tamiflu para el nuevo virus A/H1N1.

Con la misma velocidad los “solidarios” chicos del Banco Mundial ya le otorgaron a México un préstamo relámpago por $205 millones de dólares para enfrentar el problema, mientras miles de pequeños negocios fenecen precisamente por falta de financiamiento. De nuevo la opinión mundial se arrebata en una demencia mediática innecesaria por la supuesta gripe porcina, que más que salvar vidas multiplicará las ganancias de las grandes corporaciones farmacéuticas y hará lucir como eficientes a los gobiernos corruptos e ineptos del globo por el simple hecho de promover el aseo básico personal y prohibir la repartición de los besos y la comida. El escándalo que ya le puso cuernos y cola a la tierna figura de Babe, el cerdito valiente, saca a relucir el talento circense de la hipocresía del poder que siempre manipula la verdad. Bajo la gran carpa mundial, para asombro de todos, la mentira vuelve a cabalgar sobre el lomo de la verdad.

He aquí una pequeña muestra, la gripe ha matado efectivamente hasta hoy sólo a 22 personas en México, pero ya se le atribuyen más de cien muertes “sospechosas” que además podrían incrementarse. Así todo el que estornude en el mundo aun si no puede deletrear la palabra México es un posible sospechoso. Las enredadas letanías de números que hasta hace poco se repetían con fervor malthusiano para justificar el hambre y la pobreza, ahora son sustituidas con los ridículos niveles de alertas que van desde el nivel uno al seis. Nadie sabe exactamente qué convierte el nivel uno en un nivel cinco, por ejemplo. Recontrachanfle lo mismo que Estados Unidos con sus alertas terroristas de colores, hay amarillas, verdes, azules, rojas y anaranjadas, nadie sabe con certeza qué diablos significan, sólo sirven para incrementar el miedo.

Todo este pánico global por la gripe porcina pudiera ser solamente un mal chiste si no supiéramos que detrás de toda la fachada de eficiencia que hoy nos venden con frenesí los dueños del circo y sus payasos, están los verdaderos dramas que solamente afloran cada vez que se conmemora el día del aire, del ambiente, del lorito, del perro, del gato y de los ratones. Una pequeña cifra para ejemplificar mi punto, de los 33.2 millones de infectados de SIDA, solo una tercera parte tiene acceso a los cócteles antivirales que administrados de forma oportuna y constante convierten la enfermedad de fatal a crónica, el resto, es decir la mayoría, morirá irremediablemente, sin gobierno, farmacéutica u organismo mundial que los salve.

Sobran los clichés acerca de la paradójica correlación en cifras entre el hambre, la pobreza y el gasto militar mundial. Para enfrentar ésta y cualquier otra eventualidad médica basta con recuperar el sentido común y hacer cumplir las normas sanitarias vigentes. Suficiente angustia e incertidumbre tenemos ya con la crisis económica global, suficiente afrenta ha sido también presenciar cómo nuestro dinero salva principalmente a los autores de la misma. El mundo con todos sus pesares no está al revés, es exactamente tal cual es, cruel y desalmado, lo demás es poesía. La utopía, que ya se dijo es como el horizonte, seguirá siendo tal vez eso, un porfiado incentivo que mientras más caminemos y se aleje, más debe hacernos caminar.

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