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Conmemoramos el Día de las Madres en un contexto de martirio que causa el asesinato de 83 jóvenes, según organismos de DD. HH., que lucharon cívicamente por la justicia, la paz, y la democratización de la nueva Nicaragua.

Ellos nos legan una mística y un compromiso para luchar pacíficamente por un mundo cualitativamente mejor. Sus madres, abuelitas, tías-abuelas, han sido estremecidas por el dolor y la ausencia de sus hijos.

Ellas afirman  “que no hay nada que celebrar en este día”,  sino la demanda de justicia y democratización, así como la retribución de los graves daños infligidos. Ciertamente, a lo largo de la historia de Nicaragua y de la humanidad, se constata el martirio y sufrimiento de madres, así como su magisterio en el cultivo del amor transformador y protector, con que ellas  nos acogen, sembrando en nosotros esperanzas de un nuevo día.

Nuestras madres constituyen paradigmas de lucha en todos los campos, quienes al lado de sus hijos plantan la semilla de la justicia, del amor, de la solidaridad, 
de la fe, de las ciencias, del futuro.

Las madres son portadoras de cultura de paz           

En las culturas de nuestros países encontramos significativas contribuciones de mujeres-madres comprometidas en la formación de sus hijos en culturas de paz, en la forja de sus profesiones, como es el caso de Nicaragua, en que los estudiantes, mujeres, campesinos, indígenas, afrodescendientes, pobladores, son sujetos de sí mismos, y de una revolución pacífica, que se fundamenta en la ética y en los valores de una sociedad pluralista e inclusiva.

Y ahí está el toque especial de las madres. No es endiosamiento, la arrogancia, la violencia, las desigualdades la referencia de esta nueva humanidad nicaragüense, sino el amor fraternal, la solidaridad recíproca, el trabajo honrado, la protección a la niñez y juventud, la igualdad socioeconómica, el hacer ciencia, y la transformación continua de nuestra sociedad.

Valores bíblicos en nuestra cultura

La Biblia es un libro de mujeres-madres que contribuyen con valores a nuestra cultura, y que en forma directa ellas hicieron contribuciones sustantivas a sus culturas con incidencia positivas aun en el siglo XXI. Sus testimonios, luchas y magisterio ha llegado hasta nosotros a través de la evangelización y la educación cristiana (catequesis). El testimonio de Sara (2155-2028; Ur-Hebrón) a quien Dios se le manifestó en su gracia para ser portadora de la promesa (Isaac), de quien desciende Jesús de Nazareth (Gn 19). Fue juntamente con Abraham migrante en búsqueda de la tierra prometida. Según el Talmud era profeta, Abraham seguía sus enseñanzas porque reconocía su  superioridad espiritual.  Fue una misionera de la fe activa de Yavé entre las mujeres.

Luchó con coherencia en los orígenes de su pueblo. Es una figura central en la fe judía y en el cristianismo. Agar, egipcia, hija del rey de Menfis, según la Midrash, compañera de Abraham, madre de Ismael, migrante con su hijo en el desierto, luchó por sobrevivir (Gn XVI; XXI). Recibió la revelación de Dios, de que su descendencia sería incontable. Se trata de los ismaelitas y pueblos árabes. Figura trascendente en la cultura islámica. María la madre de Jesús de Nazaret, madre de la Iglesia, evangelista, predicadora, líder en el movimiento de Jesús en el primer siglo.

Estando en Galilea, el ángel Gabriel le anuncia que será madre de Jesús el Salvador del mundo, porque ha encontrado gracia delante de Dios (s. Lc 1,26-31). La Virgen-madre dio a luz al niño conforme a la promesa, y acompañada de José emprenden desde Belén un itinerario lleno de pruebas y sacrificios que los llevó a exiliarse en Egipto a fin de liberarse de amenazas de muerte del representante de Roma.

La Virgen-madre alabó siempre al Señor, porque halló en ella humildad, gracia, ternura y espíritu de misión en el proyecto de Dios. Juntamente con José formó  al niño en las enseñanzas de la Sagrada Escritura,  lo formaron en una ética basada en el amor a Dios y al prójimo, en un oficio, así como en los valores de justicia y amor a la vida.

Su madre lo acompañó durante todo su ministerio, experimentando persecuciones, dificultades, hambre y amenazas de muerte de parte del Gobierno y su partido fanático -los fariseos-. Fue Jesús finalmente asesinado en Jerusalén, después de un juicio injusto conducido por la Cámara Legislativa de Israel, respaldada por Roma.

Su madre estuvo al pie de la cruz acompañada de muchas mujeres y el apóstol Juan. Jesús luchó por una sociedad alternativa configurada por la justicia y la igualdad. Los valores de estas madres de la cual nos hablan las Escrituras y muchas otras, enriquecen nuestra cultura y nuestras espiritualidades. Así podríamos hablar del magisterio de las madres de Luther King, de Gandhi; las madres de nuestros mártires, próceres, maestros-as, sacerdotes, pastores-as, literatos, trabajdores-as, estudiantes.

Fidelidad de las Madres

La fidelidad de nuestras madres constituye un paradigma y un principio ético que nos permite siempre confiar en ellas. Madres,  abuelas y tías nos protegen, nos exhortan y  comparten sabios consejos. Las madres son una bendición en la familia y en la sociedad,  porque engendran esperanzas, fomentan el amor y la unidad. Pero también están las trincheras, en las cárdeles, en hospitales, velando por sus hijos.

Por lo tanto, el apóstol Pablo aconseja a las hijas e hijos a ser piadosos con su madre, máxime si esta es viuda, así como recompensar  con amor sus sacrificios (1 Ti 5,4ss). Anima a Timoteo afirmarse en la fe, en la ética, que brotó de las enseñanzas de su madre Eunice y de su abuela Loyda (2 Ti 1,5).

De modo que estas enseñanzas están presentes en nuestra fe, en nuestra cultura, expresando gratitud a las madres por sus luchas, sus ministerios, esfuerzos, lágrimas y desvelos para que hoy seamos lo que somos, comprometiéndonos en las transformaciones de la nueva Nicaragua.


* Rector de la Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King.